Ética y política en Maquiavelo

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Materia:    Ética

Título:    Ética y política en Maquiavelo

Autor:    Eutimio Meja

Email:    eutimiomejia@hotmail.com

Fecha publicación:    14/12/2003


Si de algo se puede acusar a Maquiavelo es de su exagerada sinceridad

En la obra más conocida de Nicolás de Maquiavelo ?El Príncipe? se encuentra el político con una obra de reflexión meta-política, abordada desde la complejidad del ser, desprovista del romanticismo en ocasiones múltiples posición estratégica de los normtativistas (orientación del deber ser). Está meta-reflexión de carácter positivista en el más epistemológico de los sentidos, enmarcado en el abandono a los juicios de valor prescriptivos, para asumir objetivamente un proceso descriptivo del quehacer de la política, como ?arte de conquistar, conservar y acrecentar el poder del Estado?, deja de lado la mirada subjetivista de quienes desde posturas dogmático religiosas o ideológicas pretenden desde la discusión teórica, hacer caso omiso de la realidad política; el análisis de Maquiavelo de la política es un legado de objetividad, fiel a los hechos se limita a pintarlos con palabras tal como se presentan, como son, como se dan en la realidad.

La virtud de Maquiavelo consiste en llevar a la Política al rango de ciencia, susceptible de una análisis empírico, su tratado es ello, una colección de observaciones de hechos políticos, cual científico de ciencia natural, aborda para la ciencia política un método que sólo después habría de desarrollarlo la ciencia, es un positivista antes del surgimiento del positivismo, es un moderno antes del surgimiento del modernismo. Al convertir la Política en ciencia la separa de su manto divino y le entrega a los hombres la responsabilidad a ellos mismos; encontrando que la sociedad política no es una creación divina, a priori y anterior al hombre mismo, sino que por el contrario es una de las creaciones donde el hombre tiene mayor protagonismo, es el hombre el actor y juez de la política.

Maquiavelo por su neutral y nítida descripción de la política ha pasado a la historia, entregando su apellido como término de obligado uso para referirse a lo inmoral, lo indeseable, lo malsano y digno del olvido. Si la obra de Maquiavelo produce tal reacción no es contra él, que debe de orientarse la furia de la moralidad, sino contra el hombre mismo, una vez que en el Príncipe el autor, no desarrolla un catalogo de normas de deber ser ético de la política, sino que se limita a exponer como ha sido la Política, de la cual él ha sido uno de los derrotados y marginados. Si algún desprecio produce la obra de Maquiavelo no puede ser contra él autor, sino contra la condición del hombre, que éste autor expone de manera real, en un realismo desencantado, no adornado por la ilusión de lo que pudo ser, sino expuesto magistralmente como fiel retrato de la realidad, quizá porque compartiera que el mejor deber ser, es el es.

En Maquiavelo se separa la política de la ética tradicional, permitiendo así el surgimiento en la política de una nueva moral, la del éxito, la de la eficacia en el mantenimiento del poder, desarrollando así todo una racionalidad de carácter estratégico, encaminada al logro de los fines de la conservación del poder del Estado, o como ?arte de conquistar, conservar, acrecentar el poder en el Estado, aparece así (la política) como antítesis de la ética? donde se justifica el dominio y sometimiento del más débil por el más fuerte.

No sólo en el Príncipe se desarrolla una tesis positiva de la política, sino que además se formula la relación entre gobernados y gobernantes, ya no está determinada por la autoridad divina, como habrían formulados los teóricos hasta la época, a partir del Príncipe el poder es un problema de astucia y fuerza del hombre (Zorro y León), le compete a él alcanzarlo, conquistarlo y mantenerlo; de está forma borra el carácter pasivo que se había entregado en la relación de gobernantes y gobernados para asumir una relación activa de comunicación constante, ante todo la necesidad de conquistar el poder en cada momento, aun después de haberlo conquistado, para lograr el fin de conservarlo es válido la utilización de cualquier medio, es decir el medio es aceptado si efectivamente permite alcanzar el fin propuesto.

Hay un distanciamiento en la obra de Maquiavelo con respecto a la de Tomas de Aquino y de Aristóteles, para éste (Maquiavelo) la sociedad ya no es natural, es un resultado de la condición dinámica y no predeterminada del hombre que se construye como un resultado cultural. Mientras para Aquino la paz es algo fundamental conservar, para Maquiavelo la guerra constituye una fuente de éxito, de poder, de expansión, hasta convertirse en algo necesario y obligatoria para cualquier gobernante; se desconfía del gobernante que mantiene su Estado en paz, porque es sinónimo de debilidad, de atraso, de estancamiento. Comparten la necesidad de la conservación del poder, aunque de formas diferentes y con propósitos diferentes, para Maquiavelo se debe conservar el poder, por el poder mismo, para Aquino se debe conservar el poder para conservar la paz y evitar los males que pueden surgir de no conservarlo.

La moral, Aristóteles la subordina a la política, que es la ciencia suprema que busca el máximo fin, en Aquino subyace una política conforme a la moral y en Maquiavelo son términos que se excluyen si entendemos como moral únicamente la tradicional, pues él propone otra moral, la del éxito, del triunfo, la conquista y la conservación del poder.

Frente a la preocupación del autor por la unidad de Italia, la grandeza de su país, se puede notar un espíritu de nacionalismo, de unidad nacional, de fuerza que permita conservar el poderío de su Italia amada.

Maquiavelo crea una ética que difiere con la ética tradicional, la suya favorece el Estado, su poderío y la conservación del poder, para lo que se debe garantizar el cumplimiento de las leyes por parte de los súbditos, pero no por parte de los príncipes, que están autorizados para el incumplir los preceptos éticos si es necesario para el cumplimiento del fin máximo, que consiste en alcanzar el poder y conservarlo. La ética del Estado es su conservación como fuerte, para lo cual desarrolla una libre competencia y la guerra si las circunstancias son favorables; posible advertir entonces que ética y política sean opuestas en Maquiavelo, sino que la ética alcanza una nueva dimensión, una nueva mirada desde el positivismo.

Alcanza en la praxis actual la obra del príncipe todo su esplendor, la actual política nacional e internacional se enmarca en una ética del poder por el poder, del éxito, de la justificación de todos las acciones necesarias para el dominio y el coloniaje; pero su real interés sigue siendo oculto, velado, no manifiesto, insincero; en términos Habermasianos se diría que no hay interlocutores válidos, ni comunidad ideal de comunicación, porque los individuos guardan altos niveles de incoherencia, piensan de una forma, hablan de otra y actúan diferente al hablar y el pensar.

El calificativo de luciferino mendaz que ha sido adscrito al nombre de Maquiavelo es la reacción del hombre frente a su revelador, frente al científico que lo describe tal cual es, el hombre así siente herido su narcisismo y reacciona contra el delator de lo ya delatado, pero no públicamente expresado, la importancia del autor del Príncipe es decir lo que todos sabían pero que el orgullo humano no quería escuchar o leer, o lo que los hombres aun sinceramente se negaban a aceptar.

La propuesta de Maquiavelo se levanta como se levantaron años más tarde las ciencias, contra lo establecido, su fuerza no está en la argumentación ilusoria de quien pretende convencer con el discurso; sus proposiciones están presentadas bajo criterios empíricos para ser refutadas o validadas por la realidad y no por el juego arbitrario del romanticismo que pretende ocultar en la ética una realidad que supera cualquier consideración moral para presentarse como marco referencial absoluto del ser.

La obra de Maquiavelo no es un tratado preso de las redes de conceptos de las teorías establecidas, su obra escapa a ese dogmatismo que puede encerrar las palabras para exponer desde la realidad observable su construcción como llamado a la realidad concreta como último juez, su presentación de la realidad no tiene el decorativo uso de eufemismos que pueden convertir en pieza maestra de la estética la más abominable acción; renunciando a la utopía proyecta el futuro como una secuencia de las costumbres del pasado, es un teórico pero de la realidad no de la ficción y del deber ser, que lo convertimos en derrotero y juez universal, bajo la ya denunciada falacia naturalista.

Para Maquiavelo la política y la sociedad no es una creación natural, sino humana, con ello invita a su cambio y modificación, entrega la condición de vida no a la suerte de la bendición divina, sino a la sagacidad y fuerza del hombre para diseñar su vida, es un llamado a la acción para quien tiene espíritu de libertad o sed de poder; emplazando a los hombres al terreno de la práctica con la tutela de la teoría de la práctica, de lo real, de lo empírico, de lo que es, independiente del deber ser, pues el que se impone es el grito de la realidad sobre la el silencio cósmico del deber.

Sólo será el paso de los años que le dé la altura que merece un pensador como Maquiavelo, que si bien su tiempo no lo condeno por su grandeza como lo hiciera años más tarde con Galileo y Bruno, el tiempo tampoco ha defendido su nombre para ubicarlo en el staff de los grandes y ha permitido que marche en el limbo del purgatorio.

Eutimio Meja
eutimiomejia@hotmail.com eutimiomejia@universia.net.co eutimio@universia.net.co




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