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Hipótesis sobre la existencia de la materia en las altas diluciones homeopáticas





Como dice el filosofo W. James, toda doctrina atraviesa por tres fases sucesivas: Primero se le combate "por absurda"; después se le admite "por su evidencia", pero se le califica como insignificante; y por último se reconoce su verdadera importancia.

Aunque la Homeopatía ha entrado ya en el principio de su tercera fase, todavía existen muchos ignorantes que la niegan y muchos que por mala fe la vituperan.

Haré pues un sumario estudio de conjunto de estas tres fases sucesivas, de que habla el sabio filosofo, sin hacer una separación especial de cada una de ellas; primero en lo general y después en lo que atañe a la Homeopatía.

Desde luego, las opiniones del vulgo carecen de todo valor, puesto que no nacen del estudio; son apenas concepciones suyas carentes de toda base; interpretaciones erradas de lo que han oído, o quizá memorizaciones provenientes de profesionales a quienes han escuchado, y a quienes han creído fielmente, así pues, por su falta de preparación. ¡Son por ello acreedores a nuestro perdón!.

¿Pero donde está el por que de esta constante reacción, contraria a toda nueva Ciencia o Doctrina?, Es en el momento de proceder de algunos profesionales, especialmente de aquellos que tienen intereses creados contrarios a la nueva idea, ya sean éstos intereses de índole filosófica o pecuniaria; en el primer caso, porque se resisten a admitir cualquier descubrimiento que no provenga de ellos, enaltecidos como están por anteriores méritos y máxime si esas nuevas ideas contradicen o estorban las suyas; en el segundo caso, no hay ni para qué decirlo. A nadie escapa la ruindad a que los Humanos somos capaces de llegar por el dinero.

Pero el Médico de firme moral, por ejemplo, nada significaría de malo un nuevo sistema curativo que beneficiara a la Humanidad, y por lo tanto a su clientela, puesto que él también podría seguir ese sistema nuevo y cosechar, por lo tanto, sus frutos; pero, porque ello significaría un pequeño esfuerzo a su persona, ¿va por eso a vituperarle y a buscar la manera de sofocar esa verdad, valiéndose de chistes, burlas, falacias o de cuanto le es dable en su vano empeño?.

Todos nuestros detractores, que generalmente son Médicos Alópatas, no se basan para sus argumentaciones en nuestra contra, sino en aquello que la Homeopatía no puede, o mejor dicho, no podía explicar científicamente; sin pensar que si quisiéramos servirnos únicamente de ciencias carentes de incógnitas finales, no aprovecharíamos ninguna, puesto que todas tienen no solo una, sino muchas de esas incógnitas que resolver.

Tampoco quieren admitir en la bondad de nuestra Ciencia por las curaciones que con ella se realizan, alegando en cada caso que "una golondrina no hace verano", acostumbrados como están a sus estadísticas, que para nosotros resultan tan inútiles si se llevan en la forma que ellos lo hacen, ya que nuestra Terapéutica no basa su prescripción en el nombre de la enfermedad; y no tratamos por lo tanto a todos los enfermos del mismo modo como por ejemplo lo harían ellos en una tifoidea, neumonía, etc., sino guiados siempre por nuestra Ley de Semejantes. En esta forma, por más curaciones que la Homeopatía efectúe, ellas serán siempre para nuestros enemigos "una golondrina", puesto que para que ellos no la consideraran como tal, nuestros éxitos tendrían que ser en serie y curados con un mismo tratamiento, cosa que no podremos nunca hacer; Puesto que para la Homeopatía no hay enfermedades sino enfermos, y por tal motivo no siempre que una afección se parezca (y para la cual tienen ellos un nom
bre especial) vamos nosotros a prescribir el mismo medicamento, sino que daremos a cada enfermo lo que sus síntomas particulares reclamen.

El principal argumento de sus aseveraciones en nuestra contra, es aquél de que según la Química, y teóricamente (pues al átomo solo se le percibe por sus efectos) en una dilución 12c ya no podría encontrarse materia alguna, y dicen por lo tanto que el Médico Homeópata (que generalmente usa altas diluciones de la 30c hacia arriba) es un explotador de los enfermos.

Mucho tiempo pasó sin que se pudiera rebatir científicamente ese su acerto, pero sin que por ello dejara la Homeopatía de hacer millones de curaciones en todo el Mundo.

Tocó al Dr. Gustavo Le Bon (Médico Alópata) por medio de su obra "La Evolución De La Materia", darnos la luz necesaria (sin ser esa su intención) para poder probar nosotros que nuestras altas diluciones Homeopáticas son portadoras de una inmensa energía (la energía intra-atómica), proveniente de la desmaterialización de la materia.

Esta mi tesis va encaminada a ese fin, y muy dichoso me sentiré si lo logro.

Ojalá que todos los enemigos de la Homeopatía que lleguen a leer hasta este párrafo se dignen seguir su lectura hasta el fin, meditando detenidamente cada uno de sus conceptos.

¡Hipótesis – se podrá decir – siempre Hipótesis!

Pero ¿acaso no son ellas tan necesarias, tanto para esclarecer algunos hechos inexplicables de frecuente observación, como para buscar nuevos descubrimientos que sin su ayuda esperarían la casualidad para llegar a nuestro conocimiento?.

"El papel de la hipótesis – dice un sabio filosofo – es de tal naturaleza que el matemático no puede prescindir de el, ni el experimentador tampoco".

Mi creencia es la de que estaremos siempre sujetos a formularlas, a no ser que nos decidamos a detener el adelanto de las Ciencias.

Y todos nos hemos de servir de ellas, aunque sepamos que en materia científica, solo el prestigio constituye la esencia de las convicciones.

Galileo tuvo la amargura de esa experiencia cuando habiendo convocado a todo el profesorado de la Universidad de Pisa, creyó demostrar por experiencia, y contrariando las ideas entonces dominantes, que los cuerpos de distinto peso caían con igual velocidad en el vacío. Su demostración fue concluyente y consistió en dejar caer desde lo alto de una torre y en el vacío, una pequeña bala de pistola y otra de cañón del mismo metal, demostrando que los dos cuerpos llegaban al suelo al mismo tiempo. Los profesores se limitaron a invocar la autoridad de Aristóteles, sin modificar su opinión.

Y desde entonces muchos años han pasado y muchos aún pasarán, según parece, sin que el grado receptivo para las cosas nuevas aumente sensiblemente. ¿POR QUÉ?.

Tal vez el secreto de los que hacen descubrimientos esté en que no miran nada como imposible; pero harto difícil escabullir la herencia de ideas ancestrales que gobiernan inconscientemente nuestras percepciones, y por eso es que no admitimos nada de aquello que se oponga a nuestros conocimientos anteriores. Por eso la Humanidad rechaza inconscientemente las teorías que a ella misma beneficiarían, sin procurar siquiera su certeza o falsedad. Eso ha sucedido desde el principio del Mundo hasta nuestros días, sin que este mal se corrija por sus experiencias.

¡Allí están las teorías de la ley de Ohm sobre la cual descansa la electricidad y la ley de la conservación de la energía que domina toda la Física, acogidas en sus comienzos con desprecio e indiferencia!.

La Hipótesis presente trataré de cimentarla en las experiencias del Dr. Gustavo Le Bon, Médico Alópata Francés, autor de numerosas obras famosas tales como: "La Fosforecencia Invisible", "Ondas Hertzianas", "La Evolución De Las Fuerzas" Y "La Evolución De La Materia" y el libro de Juan Thibaud "Vida Y Transmutaciones De Los Átomos".

Antes de sus experiencias, que asombraron al Mundo por las nuevas teorías que de ellas salieron, la materia era considerada como inerte; aunque dentro de ella se advertían ya fuerzas inexplicables muy importantes, de las cuales no se conocía el origen.

La cohesión, o sea la fuerza que mantiene unidas las moléculas de un cuerpo; la afinidad, que separa o precipita ciertos elementos formando combinaciones químicas; las atracciones y repulsiones osmóticas, que se encargan de homogeneizar los líquidos cargados de suspensiones cristaloides a través de las membranas permeables, y que constituyen los fenómenos más importantes de la vida, sólo eran considerados independientemente de los agentes exteriores; Pero de todas estas fuerzas, incontrastablemente inherentes a la materia, era imposible encontrar su origen en las antiguas ideas. El sabio Francés nos explica desde principios del siglo XX, que todas estas fuerzas se deben a equilibrios y desequilibrios de la energía contenida en la materia, en el átomo (la energía intra-atómica).

Que se borre, pues, la idea de que la materia es inerte, como se suponía; porque es, por el contrario, un depósito enorme de energía; la energía intra-atómica, que puede ser liberada cuando la materia se desmaterializa, ya sea esa desmaterialización espontánea o provocada, y de la cual procede la mayor parte de las fuerzas del Universo.

De la electricidad, que constituye uno de los medios por los cuales puede efectuarse la desmaterialización de la materia, nada se supo durante siglos, excepto aquello de que "ciertas substancias resinosas atraían los cuerpos después de haber sido frotados".

Muchos siglos después apenas se pudo saber también que un cuerpo frotado en una gran superficie ejercía acciones poderosas, del cuál concepto, salió la máquina eléctrica por frotamiento; pero la electricidad quedó entonces considerada como un fenómeno excepcional. Hoy sabemos que está formada por un cúmulo de electrones, que es uno de los elementos en que el átomo se puede disociar.

Para estudiar bien esa desmaterialización, y extractando de "La Evolución De La Materia" de Gustavo Le Bon, es decir, desechando las teorías antiguas que veían en el átomo la división última de la materia, tratemos de contestar esta pregunta:


¿Qué es un átomo?

Etimológicamente, átomo significa indivisible. Su nombre lo debe a que antes se creía que era la mínima porción en que la materia se podría disgregar, empleáranse los métodos que se quisiera; pero en realidad, el átomo no es simple; está constituido por una asociación de divisiones increíblemente pequeñas, cada una de las cuales no se pueden considerar ya como elementos simples, tales como el mercurio, hierro, etc., sino como partículas imponderables, consideradas como el eslabón que soporta la cadena entre la materia y el éter; equiparables a las partículas que emiten los rayos catódicos, los rayos X y los cuerpos radioactivos como el radio, uranio, torio, etc.

Estas partículas imponderables son comunes a todos los elementos, es decir, que todo cuerpo, no importa que él pertenezca al reino vegetal, mineral o animal, estará compuesto de estas mismas divisiones, diferenciándose unos átomos de otros únicamente en la diversidad del numero con que esas partículas se asocien en él, y en la velocidad con que giren a su alderredor.

La estructura del átomo es concebida como un sistema solar minúsculo, sostenido en equilibrio por rotaciones, atracciones y repulsiones de las partes que lo componen. Está formado. Se dice, por un núcleo central en que se juntan los protones (con carga eléctrica positiva) y neutrones (carga eléctrica neutra). A su alderredor giran con velocidades increíbles los electrones (carga eléctrica negativa) sujetos a la atracción del núcleo sobre el que gravitan, como los planetas alderredor del sol. Su velocidad es enorme, pues en el átomo más simple, el de hidrógeno, el electrón alcanza la velocidad media de 3.000 kilómetros por segundo; en el de uranio, sus noventa electrones llegan a la de 200.000 kilómetros por segundo, o sean las dos terceras partes de la velocidad de la luz.

Actualmente el núcleo del átomo absorbe una buena parte del interés científico tendiente a averiguar si, en esta especie de carrera hacia lo infinitamente pequeño, este núcleo no posee una estructura aún más delicada que la del átomo en su conjunto y cuales son los corpúsculos elementales que entran en su estructura.

Lo mismo que los seres vivientes, el átomo nace, se desarrolla y muere. La especie química, pues, evoluciona como la orgánica.

El mecanismo de su formación es ignorado; pero se le considera originario del Hidrógeno ligero o protón positivo, es decir: que el H sería la materia prima para la formación del Átomo Universal. Así renacen ahora las teorías antiguas de Proust que consideraban al H como el elemento fundamental de todos los átomos, los cuales resultarían ser polímeros suyos.

Estas ideas eran negadas, afirmándose que si tal cosa fuera, los pesos atómicos necesariamente tendrían que ser múltiplos de H para formar los diferentes átomos, hay una disminución de su masa, la cual se transforma en energía radiante.

Así pues, el átomo está expuesto también a su destrucción (muerte) por medio de algunos excitantes como la electricidad, luz, roce, etc., y los elementos de su disociación deben ser considerados como cuerpos intermedios entre la materia y el éter (energía).

Estos cuerpos de su disociación se consideran como energía liberada, y a esta energía, cuando está dentro del átomo en equilibrio se le llama energía intra-atómica.

Así es como la materia se desmaterializa, es decir, pasa, de materia que es el átomo, a sus productos de disociación, que como se decía anteriormente, deben ser considerados como substancias intermedias entre la materia y el éter, debido a que acusan caracteres intermedios y distintos de los que presentan cada una de estas entidades físicas por separado.

El Dr. Gustavo Le Bon nos explica que para que los átomos estén en equilibrio, es necesario que esos elementos de que se componen permanezcan estables.

Nos explica también que algunos cuerpos se disocian espontáneamente (radio, uranio, torio, etc.), y todos los demás pueden hacer otro tanto por medio de algunos excitantes, a veces muy pequeños. Esta desmaterialización se efectúa por medio de una emanación de electrones que desde sus átomos se establece, sin que por ello las reacciones químicas actuales más finas lo lleguen a notar, así se unen las balanzas más sensibles; pues esa liberación electrónica, aunque verdaderamente inmensa, no sería advertida por ellas dado lo inconmensurable de su relación.

Nos dice el Dr. Le Bon - "Aunque la cantidad de energía irradiada por los átomos sea muy grande, la perdida de sustancia material es extremadamente débil. M. Becquerel había evaluado la duración de un gramo de radio (que irradia constantemente) en mil milloanes de años".

Y, acerca del electrón, uno de los principales cuerpos de disociación del átomo, nuestro autor comenta: "de la estructura íntima del electrón no podemos decir nada. No es dar una explicación muy segura afirmar que está constituido por un torbellino de éter, comparable a un girostato. Sus dimensiones serían, de todos modos, extraordinariamente pequeñas; pero ¿se le puede considerar como indivisible, lo que implicaría que posee una rigidez indefinida?, ¿No tendrá una estructura tan complicada como la atribuida actualmente del átomo, y no formará con este último, un verdadero sistema planetario?. En el infinito de los Mundos, lo grande y lo pequeño no tiene más que un valor relativo; porque, si el volumen de los electrones fuera tan pequeño, precisaría entonces que su densidad fuera enorme, puesto que, ocupando un volumen insignificante en el átomo, le dan, sin embargo, su peso".

"No hay que imaginarse – nos dice – que estas divisiones representen todas las etapas de la desmaterialización de la materia; quizá no sean más que fragmentos de una serie probablemente muy extensa" que conoceremos tal vez cuando se descubran nuevos reactivos.

Que seguramente Le Bon tiene razón al considerar que estos productos de disociación del átomo no sean los últimos, se desprende tanto de las consideraciones que alude al caso, cuanto porque posteriormente a esas consideraciones suyas y según nos dice Juan Thibaud, profesor de la Facultad de Ciencias de Lyon y Director del Instituto de Física Atómica, en su libro famoso "Vida Y Transmutaciones De Los Átomos" se han descubierto nuevos constituyentes del átomo tales como los electrones positivos o positrones, descubiertos por C. D. Anderson y por lo cual recibió el premio Novel de Física en 1936. Se han descubierto también los protones pesados o deuterios (deutrones) provenientes del Hidrógeno pesado, y últimamente se habla de la teoría de otro nuevo elemento atómico; se trata de un corpúsculo neutro, el neutrino o pequeño neutrón. El neutrino poseería una masa infinitesimal, millares de veces inferior al neutrón. La idea del neutrino proviene de Pauli, recogido después por F
ermi.

Así es como podemos explicarnos los éxitos reacciónales que constantemente se logran por medio de nuestras diluciones Homeopáticas; porque siendo infinita o casi infinita la divisibilidad de la materia, esas diluciones llevarán siempre parte de esas divisiones, pese a las aseveraciones en contrario de los que todavía aferrándose a sus conocimientos retrógrados de Física y Química, consideran que una dilución homeopática elevada ya a la doceava centesimal (12c) no podrá contener nada de materia.

Sin querer expresar eso, quizá tengan razón al decir que ya no podría contener ella contener nada de materia; ya que según hemos visto, los elementos de disociación del átomo no deben ser considerados como materia, sino como substancias intermedias entre esta y el éter. Podemos en cambio decir que son portadores de cierta forma de materia: La energía intra-atómica, por medio de la cual se operan las distintas reacciones orgánicas necesarias para devolver al cuerpo su estado de salud (equilibrando con la energía intra-atómica a la energía vital).

Los que no conciben que en las altas diluciones Homeopáticas haya alguna forma de materia, es porque no se imaginan siquiera la cantidad tan extraordinaria de corpúsculos de que esta formada.

Nos dice J. Thibaud, que "en una pizca de polvo en el hueco de una mano hay más átomos que granos de arena en las playas de todos los océanos y ríos del Mundo", que "una simple gota de agua encierra miles de millones de billones de átomos" y que "la energía total que un hombre puede suministrar durante el curso de una larga existencia, valorada según la teoría de Einstein, no alcanza a un miligramo de materia".

Gustavo Le Bon nos dice: "un gramo de cobre podría producir 510,000,000,000 de kilográmetros fuerza, cifra que corresponde a cerca de 6,800,000,000 de caballos de vapor. Esta cantidad de energía sería bastante para arrastrar un tren de mercancías de 500 toneladas de peso sobre un camino horizontal de una longitud de cuatro veces y cuarto la circunferencia de la tierra".

M. Lodge, Físico Ingles – nos dice – "la sustancia de algunos milímetros cúbicos de éter poseerían una energía equivalente, si fuese materia, a la que producirían un millon de caballos de vapor, durante cuarenta millones de años.

"El interés practico – asienta Le Bon – del desvanecimiento de la materia para su transformación en energía, aparecerá cuando se haya encontrado el medio de provocar fácilmente una disociación rápida de los cuerpos. Al disociar así la materia, se pondría a nuestra disposición un manantial indefinido de energía y haría inútil la extracción de la hulla (carbón de piedra; que constituye el combustible industrial por excelencia).

Precisamente éste ha sido el resultado del descubrimiento de nuestro gran maestro SAMUEL CHRISTIAN FREDERIK HAHNEMANN, aplicable, es cierto, solo a la Terapéutica Homeopática, gracias a su método de la DINAMIZACION de las substancias que han de constituir nuestros medicamentos. Con ello se logra aprovechar la energía intra-atómica de esas substancias por medio del roce o frotamiento que sus átomos sufren, por medio de las sucuciones que según sus sabios consejos se han de imprimir a toda preparación Homeopática.

De esta manera se logran aprovechar energías colosales, sacadas a pociones mínimas de materia, con lo cual queda por demás las cantidades masivas que se usan en Alopatía.

Las fuerzas medicamentosas que de las dosis Alopáticas se obtienen, se deben, en algunos casos a reacciones químicas despertadas en el organismo al mezclarse el medicamento con sus distintas secreciones, a semejanza de cómo lo harían en el laboratorio. Son pues, los átomos enteros, y no disgregados, los que trabajan en este caso. Es por eso que la Alopatía necesita cantidades relativamente inmensas para provocar una reacción dada y por eso, por estar tan acostumbrados a tan grandes dosis, es que los que no conocen las nuevas teorías Físico-Químicas (y en la actualidad la Física Cuántica) se admiran y niegan que nuestras dosis infinitesimales puedan despertar las reacciones que de hecho despiertan.

También se podría conjeturar que los efectos reacciónales logrados por esas dosis Alopáticas se deban a las irradiaciones parciales espontáneas de los cuerpos empleados para ese fin, o a las irradiaciones, también parciales, provocadas en ellos por el organismo a que se propinan; Pero nunca a la energía intra-atómica total del medicamento.

Lo anteriormente expuesto referente a la Alopatía, se desprende de la imposibilidad evidente de que el organismo humano pueda soportar energías tan colosales como serían las que semejantes dosis Alopáticas podrían liberar.

Si nosotros, en cambio, logramos reacciones poderosas con cantidades mínimas, es porque damos los medicamentos potentizados, dinamizados, o, de acuerdo con las teorías de Le Bon, DISOCIADOS. Nuestra mente no está acostumbrada y por lo tanto no alcanza tampoco, a considerar la extraordinaria pequeñez de los elementos de que está formada la materia.

Para ayudar siquiera un poco a nuestro intelecto a penetrar en esos laberintos y despojarnos así de la desconfianza que inspiran siempre tales cifras, recordemos que algunas substancias conocidísimas son susceptibles de emitir durante largos años, abundantes partículas fáciles de reconocer por medio del olfato, sin que por esta emisión haya una pérdida de peso considerable, como se podría comprobar por medio de las balanzas más sensibles de que se pudiera disponer.

Según Le Bon, "un gramo de yodoformo pierde un miligramo de su peso en cien años, emitiendo sin cesar un flujo de partículas olorosas en todas direcciones. La perdida de ese peso, en almizcle, exigiría cien mil años para efectuarse".

"Un miligramo de sal de radio suspendida en la punta de una aguja desprende constantemente, durante muchos años, millones de partículas por segundo sin que nos lo indiquen tampoco nuestras balanzas más sensibles".

Aunque estas ideas se resisten a encuadrar en el marco de la razón, ello se debe a que el intelecto humano se forma por la educación de conceptos anteriores, y porque equipara siempre, inconscientemente, los viejos dogmas y esos anteriores conceptos con los descubrimientos nuevos, admitiendo solo aquello en que encuentra relaciones y consecuencias.

Ahora, sin atender por un momento a todos los atributos del átomo, y atendiendo solamente a la cantidad de partículas que lo constituyen, veamos si es posible que en las altas diluciones Homeopáticas haya alguna forma de materia.

Como todo Homeópata sabe, nuestros medicamentos son preparados de la siguiente manera: una parte de sustancia de mezcla con 99 del solvente: esta es la primera dilución centesimal, a la cual se deben dar cierto número de sucusiones (cien según Hahnemann); luego, una parte de esta primera dilución centesimal se mezcla de nuevo con otras 99 partes de solvente y después de darle el número de sucusiones de la vez anterior, obtenemos la segunda dilución centesimal. Se continúa en la misma forma para preparar las siguientes diluciones, con cuyo proceder se van formando sucesivamente la 3ª, 4ª, 5ª, dilución centesimal, etc., etc., sin que haya un límite preciso para poder considerar que ya entonces no podrían seguirse haciendo diluciones mayores; solo la práctica podría decirnos hasta donde llega el límite si acaso existe.

Generalmente la Homeopatía solo hace uso de las diluciones 6c, 30c, 200, 1000c y aún se obtienen magníficos éxitos con diluciones mayores como a la 50,000c.

¿Cómo probar que en semejantes diluciones existe todavía alguna forma de materia?.

Con hipótesis o con la experiencia de curaciones realizadas con esas diluciones.

Como esas experiencias se observan a diario nos queda solo por hacer la hipótesis, y para ello empezaré, puntualizando, por decir todas las cualidades que se encuentran en una dilución Homeopática por las cuales es debido considerar que ella contiene alguna forma de materia, de acuerdo con las teorías de la energía intra-atómica y de la desmaterialización de la materia.

Esa disociación se obtiene:

  1. Porque haya el concurso de una sustancia que esté en mínima relación con otra.


  2. Por la hidratación de esa sustancia


  3. Por operar en ella el roce o frotamiento.

De estas cualidades son las únicas de que nos habla Gustavo Le Bon en su libro "La Evolución de la Materia", y no una sola, sino todas estas cualidades están presentes en la elaboración de nuestras preparaciones medicinales.

Para probar que la primera cualidad existe en nuestros preparados o sea la de que haya una cantidad infinitesimal en relación a otra, pondré un ejemplo con una dilución media, o sea con una doceava centesimal (12c), en la cual esa primera cualidad queda satisfecha con una relación de:

1/1000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 UN SEXTILLONESIMO DE GRAMO por cien gramos de disolvente.

¿Se puede exigir menor proporcionalidad?.

Así queda satisfecha la primera de las formas en que según Le Bon es posible hacer la liberación de la energía intra-atómica, en aquel párrafo suyo en que nos dice: "Este principio de la transformación de las propiedades de una substancia, por la adición de una pequeña cantidad de la de otros cuerpos, aunque tenga una importancia general, es apenas un enunciado de observaciones empíricas, cuyas causas permanecen en secreto, escapando a las leyes fundamentales de la Química y de la Física.

Nos dice también que estas reacciones son fenómenos que ninguna de las doctrinas Químicas podrían prever y luego textualmente asienta: "Nos encontramos en el umbral de una Ciencia nueva en que los reactivos usuales y la balanza no pueden servir de nada, puesto que se trata de reacciones cuyos efectos resultan enormes, aún cuando hayan entrado en acción cantidades infinitamente pequeñas de materia".

Indudablemente que este autor no conoció nada de Homeopatía; ya que si hubiera sabido siquiera la forma en que se prepara un medicamento Homeopática, ello le hubiera llevado a pensar (porque al hacer tal cosa se asiste a una verdadera disociación de la materia, comprobable por sus efectos), que esa nueva Ciencia de que él hablaba era la Homeopatía, que logra aprovechar la energía intra-atómica con aplicación a la Terapéutica Hahnemanniana, y de seguro nos habría tratado de ella en sus nuevas teorías.

¿O es posible pensar que sí se dio cuenta de ello, y que lo calló con el deliberado fin de no dar armas a una Ciencia opuesta a la suya que era la Alopatía?.

¡No me atrevo a aceptar tal consecuencia de tan ilustre personaje!.

Y Le Bon sigue diciendo: "Este papel de las cantidades infinitamente pequeñas en Química y Física, completamente ignorado hasta hace poco, aumenta constantemente y los fenómenos en que se le observa son ya innumerables".

Sigo en mi anterior creencia, casi asegurando la ignorancia de este Hombre de Ciencia en la Homeopatía, o su deliberado fin de callar; ya que estos descubrimientos suyos datan desde principios del siglo XX y "el papel de las cantidades infinitamente pequeñas en Fisiología Homeopática, fue descubierto por nuestro insigne, ilustre y nunca bien ponderado Maestro SAMUEL CHRISTIAN FREDERIK HAHNEMANN desde el año de 1796, fecha desde la cual se ha venido comprobando la exactitud de sus principios para el beneficio del Mundo.

En relación con las cantidades infinitesimales, el sabio Médico Le Bon nos dice que: "Poniendo aluminio y magnesio, en presencia de cantidades inapreciables de diversas substancias, como, por ejemplo, el agua destilada que haya servido para lavar un frasco vacío que contuviera anteriormente mercurio, ha sido posible modificar sus caracteres hasta el punto que ocuparía distintos lugares en la clasificación de los cuerpos si ésta se hiciera con arreglo a las nuevas propiedades".

Vemos con lo anterior que si nuestro medicamento el mercurio es capaz de modificar, como en el caso anterior, los caracteres de sustancias Químicas tales como el aluminio y el magnesio, ¿no será capaz entonces también de provocar reacciones celulares, como de hecho las provoca cuando lo ingerimos con fines Terapéuticos?.

Porque de hecho, el caso anteriormente expuesto por Le Bon, es el de una preparación Homeopática de Mercurio en reacción con el Aluminio y con el Magnesio: Ya que según asienta se opera con agua destilada que haya servido para lavar un frasco vacío que contuviera anteriormente mercurio.

¿No se trata, pues, de una perfecta dilución Homeopática de Mercurio?.

Le Bon sigue diciendo:

"Los cambios que entonces se originan en el átomo difieren de los que la Química conoce en este punto fundamental en que son intra-atómicos, mientras que las reacciones habituales, no tocando más que a la arquitectura de los agrupamientos de átomos, son extra-atómicas".

Precisamente por eso es que la Homeopatía logra hacer reaccionar a la materia orgánica con cantidades infinitamente pequeñas de materia, porque los cambios que entonces se originan en el átomo (de la substancia empleada como Medicamento Homeopático) difieren de los que la Química conoce en este punto fundamental en que son intra-atómicos; mientras que las reacciones habituales (logradas por la Alopatía con sus dosis pondérales) no tocando más que a la arquitectura de los agrupamientos de átomos, son extra-atómicas y por ello con su sistema se necesitan grandes cantidades de un medicamento para lograr una reacción dada.

Este sabio Medico nos explica que este vestigio de Mercurio forma con el Aluminio una amalgama que descompone el agua poniendo en libertad el oxigeno, y que este oxigeno se combina de nuevo con el Aluminio para formar nueva amalgama, que volvería a obrar como anteriormente y que la misma cantidad de Mercurio serviría así indefinidamente, como en ciertas acciones llamadas de presencia.

Como nos lo dice el diccionario, la palabra indefinido, se aplica en Química a las combinaciones que tienen lugar en proporciones no limitadas. Por lo tanto vemos, pues, que el caso observado anteriormente no es sino una repetición exacta de lo que sucedería con cualesquiera de nuestras diluciones; en este caso, una dilución de Mercurio.

Con esta sola cualidad para la disociación del átomo, tan ampliamente satisfecha, habría ya para considerarla perfectamente cierta; sin embargo pasemos a la segunda que es la hidratación.

En efecto, y como puede leerse en su mismo libro, nos dice Le Bon: "las sales de Quinina no son radioactivas; pero dejándolas hidratarse adquieren esta propiedad. (La radioactividad es una forma de disociación del átomo).

El que ésta cualidad de la hidratación exista en nuestros preparados se puede probar fácilmente, pues seguramente a nadie escapará, que tanto si el medicamento es preparado en agua, como si lo es en alcohol, dicha cualidad queda plenamente satisfecha.

Por esa hidratación que sufren nuestros medicamentos Homeopáticos podemos suponer que no siempre obran por sí solos, o por su energía intra-atómica, sino también por las combinaciones que pueden formarse con el oxigeno y con el hidrógeno del agua o del alcohol usada para su disolución.

Efectivamente según Juan Thibaud, el hidrógeno pesado o deuterio, isótopo del protón, desempeña un gran papel como proyectil para las transmutaciones atómicas.

"La inestabilidad de un tipo atómico dado, - nos enseña el anteriormente citado autor – es decir, la predisposición de su desintegración, depende de la reacción entre el número de electrones y protones que constituyan su núcleo, manifestándose esta inestabilidad en cuanto entran en su constitución más de tres neutrones por cada dos protones".

Así, pues, la interacción protón-neutrón es una de la causa de la estabilidad de los átomos. Por lo tanto, es de prever, que introduciendo protones en un núcleo dado se obtenga un átomo nuevo.

"Podemos por ejemplo, - nos dice Thibaud – tratar de introducir hidrógeno en el núcleo primitivo, bombardeándolo con un chorro de protones rápidos.

Y a continuación nos explica en un largo artículo como por medio de aparatos especiales se han logrado separar los protones para tal objeto, y nos explica también que por medio de corrientes de alta tensión es posible introducir estos protones a los núcleos atómicos, llegándose así a una verdadera transmutación de los átomos, lo cual trae la producción de cuerpos nuevos desconocidos al presente, y hasta la producción de cuerpos conocidísimos, tales como el oro sintético (el alto costo de estas operaciones haría incosteable su producción).

Existen dos clases de proyectiles de hidrógeno que podemos aprovechar para estas transmutaciones; los proyectiles ligeros o protones y los pesados o deuterones. El gas necesario para la producción de deutrones se extrae del agua pesada, esta a su vez se obtiene por una electrólisis del agua ordinaria. Por ejemplo, como nosotros preparamos nuestros medicamentos con agua y como puede suponerse que debido a las sucusiones que les imprimimos adquieren un gran potencial eléctrico, no choca pensar que estos protones o deutrones necesarios para las transmutaciones, yendo desde el hidrógeno del disolvente del medicamento, logren penetrar hasta los núcleos atómicos y provocando las transmutaciones y generando energía.

Esta energía, aprisionada en la dilución, sería la que provoca las reacciones celulares cuando con ella se pone en contacto.

No es una idea utopista suponer que en esa forma haya liberación de energía, puesto que en la mayoría de las transmutaciones atómicas que han podido lograrse ha sido posible captar la existencia de la liberación. Por lo tanto, puede preverse una verdadera producción de la energía por la desaparición de la materia. Esta – nos dice Thibaud – "no se conserva", solo subsiste la energía. Lo que desaparece como materia tiene que reaparecer necesariamente como energía.

Queda pues, para nuestras diluciones, satisfecha la segunda cualidad necesaria para lograr la desmaterialización de la materia, o sea la de la hidratación, y queda también esbozado el posible mecanismo de esta cualidad.

Pasemos entonces a la tercera cualidad o sea la del roce o frotamiento, por medio de lo cual puede ser también liberada la energía intra-atómica. Esta cualidad queda también mejor cubierta que como sucede al ser separados los electrones por las maquinas eléctricas de frotamiento (otra forma de disociación del átomo), pues mientras en estas el frote se hace entre pedazos de cobre, zinc, etc., en nuestras diluciones ese frote se opera entre unos átomos y otros y entre estos y sus productos de disociación.

Así, pues, en nuestras diluciones van cada una de las tres cualidades con que es dable producir la liberación de la energía intra-atómica.

Cualesquiera de ellas de por sí serían suficiente para hacer la disgregación atómica liberando su energía, y en cambio vemos que en nuestras preparaciones Homeopáticas se cumplen las tres cualidades a la vez, y cada una de ellas con mayor amplitud de cómo explica Le Bon como antes queda demostrado.

Y como si esto no fuera todavía suficiente, las reacciones que de ellas vamos a esperar no se han de operar entre substancias aparentemente inertes, como es la materia no orgánica, sino para con la materia orgánica, que es extremadamente sensible ¿Se puede, en efecto, esperar mayor sensibilidad que la del olfato, que nos informa de la presencia en la atmósfera de las pequeñisimas partículas olorosas que despiden algunos cuerpos?. Las reacciones Químicas más sensibles no podrían hacer tal cosa.

Y ¿acaso las más fuertes reacciones que la alopatía consigue no lo hace por medio de los coloides, que son las substancias mas divididas de que ella dispone?.

Veamos así, como, por ejemplo: Con una dosis de... 1/300 de miligramos de oro coloidal se verifican reacciones que nunca se habían sospechado con el oro no coloidal, puesto que un individuo podría ingerir impunemente cantidades relativamente enormes de ese mismo metal en polvo.

Y ¿no se pueden asimilar también nuestros medicamentos por su acción de los cuerpos llamados "catalizadores" que según las teorías antiguas "obran por su sola presencia" y que moderadamente se les considera como a cuerpos de real actividad, cuyo trabajo consiste en hacer un transporte de energía desde el cuerpo "catalizador" al "catalizado", para lo cual se admite que el primero sufre una disociación atómica?.

¿Más claro todavía?.

Nuestros medicamentos, pues, podrían ser considerados también como "catalizadores" que al penetrar al organismo, obrarían en presencia de los jugos, sueros, sales, bases, ácidos, etc., y su acción consistiría en ceder a esas substancias la energía necesaria para sus reacciones. Esta energía provendría de las partículas imponderables aprisionadas en nuestras diluciones durante su preparación, según se puede deducir de las teorías de la energía intra-atómica antes tratada.

Resumiendo, diré:

  1. Que la materia no es inerte, sino un inmenso depósito de energía: "la energía intra-atómica".


  2. Que esa energía intra-atómica puede ser liberada poniendo en ciertas condiciones a la materia, tales como:


    • Haciendo que una sustancia esté en mínima relación con otra.


    • Hidratándola.


    • Por hacer que opere con ella el roce y frotamiento.


  3. Que en nuestras preparaciones Homeopáticas se encuentran no sólo una, sino las tres cualidades reunidas.

Entonces, ¿cuál es la deducción lógica de ello?.

Que "la forma de la existencia de la materia en las altas diluciones homeopáticas se encuentra a manera de energía que, liberada desde lo intimo de los átomos del medicamento, ha quedado contenida en su disolvente.

Y si alguna duda subsistiera sobre lo anterior, ahí está la experiencia diaria que la Homeopatía nos brinda con sus constantes triunfos. Siempre que una experiencia ha hablado, las leyes Científicas contrarias, así se trate de las que hayan parecido más estables, han caído en el olvido como caen los dogmas y falsas doctrinas. Diríamos entonces:

FACTA, NON VERBA.......... HECHOS, NO PALABRAS


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Dr. Javier Conde Rodríguez
Médico Cirujano y Homeópata
Colegio de Médicos Cirujanos y Homeópatas del Estado de Sinaloa, A.C. México
homeosin@hotmail.com
http://geocities.com/homeosin

Autor:    Javier Conde Rodríguez | Area:    Medicinas alternativas
Título:    Hipótesis sobre la existencia de la materia en las altas diluciones homeopáticas | Fecha de publicación:    18/07/2001 14:20:49
Etiquetas:    Reflexiones

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