Se necesita de la unidad nacional ante la amenaza de hambruna en la zona oriental
Tenemos que aceptar y asimilar que somos un país en permanente emergencia, por lo que también debemos estar en alerta y atención constante de nuestros hermanos y hermanas más afectados(as) y necesitados(as).
La sequía que azotó la zona oriental, ahora muestra sus terribles consecuencias: decenas de miles de familias, más de cien mil almas, quedarán sin el sustento diario. Este es un diagnóstico del Programa Mundial de Alimentos, PMA, de las Naciones Unidas, pero sobre todo es una triste realidad que sufre particularmente la población del oriente de nuestro país.
La pobreza que vive El Salvador, aumentará con esta otra crisis, que se suma a las pestes que ya sufre el pueblo salvadoreño. Ante esta situación real, el Gobierno, las Organizaciones No Gubernamentales, los Organismos de Socorro y las Iglesias, debemos disponernos a servir con mucha fuerza a estos hermanos y hermanas.
Tanta calamidad, nos ha enseñado que hacer esfuerzos aislados no produce buenos resultados, por lo que instamos a unirnos para enfrentar esta nueva amenaza. Debemos ser nosotros mismos(as), los primeros (as) en acudir solidariamente al auxilio de la población más afectada, pero también se debe hacer el llamado a la comunidad internacional, y una buena oportunidad se presenta con la próxima visita a nuestro país, del Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan. Una sincera demostración de unidad nacional, por el hambre que amenaza a nuestros hermanos y hermanas, sería un buen testimonio ante Dios y ante el mundo.
El cierre de casinos y la moralidad
Como Iglesia, estamos contra toda situación que permita la práctica de vicios que degraden a la persona humana. Ideal sería evitar someterse a la esclavitud de los juegos de azar, que en muchos casos se convierten en la puerta hacia el consumo de drogas o alcohol, delincuencia, prostitución, tráfico y otras acciones ilícitas o que dañan la salud física y mental.
Dejando para los expertos, el marco jurídico o constitucional sobre el funcionamiento o cierre de los casinos, hacemos nuestra propia reflexión cristiana: no cabe duda que Don dinero ha sido el predominante en el debate y decisiones legislativas, dedicando al tema una dimensión y prioridad nacional, que ya quisieran otros rubros.
En este debate, mucho se ha dicho sobre la inmoralidad que estimula el funcionamiento de los casinos, y hemos escuchado argumentos pudorosos sobre el tema. Cómo Iglesia nos preguntamos; ¿Acaso no es más inmoral, que mientras se maneja un discurso dudoso sobre el crecimiento económico, el rotavirus y el dengue maten a niños y niñas?, ¿acaso no es más inmoral que existiendo un alto índice de desempleo, se despida a trabajadores y trabajadoras o que se vea a los migrantes como cifras de remesas?,¿acaso no es más inmoral robar el dinero público para el enriquecimiento de unos pocos, o que niños y niñas sean vendidos(as) como mercancía?. Porqué no se retoman éstos y otros temas, que verdaderamente afligen a la gente y que merecen toda la atención de las autoridades correspondientes.
Creemos que la mejor visión, sería procurar un pueblo educado con capacidad para elegir en libertad sus propias opciones. Por ahora, al pueblo pobre, el tema de los casinos no le representa mucha relevancia, pues sufre tanta adversidad, que dudamos le sobre dinero para dilapidarlo en estos juegos de azar. Y para quienes tienen la posibilidad de especular con el dinero en los casinos, sólo les recordamos que ello representa una ofensa para los más pobres.
La transparencia es necesaria, para resolver la problemática del transporte público
No cabe duda que existe una satisfacción generalizada en la ciudadanía, porque al fin se atienda el tema del transporte público, y porque se trate de buscar soluciones en beneficio de la población usuaria.
Estamos de acuerdo en que las unidades del transporte que ya cumplieron su vida útil, y que representan una amenaza para la seguridad ciudadana, sean retirados del servicio, no sólo por los últimos y terribles accidentes, sino porque la mayoría de unidades que una vez se presentaron como preferenciales pintadas de rojo, se encuentran en franco y peligroso deterioro.
Pensamos que en el centro del debate y la aplicación de medidas, debería prevalecer un interés auténtico para beneficiar al usuario(a), por encima de los intereses particulares y el afán de sólo obtener lucro económico. Para resolver esta problemática, se necesita de transparencia.
Transparencia en la asignación de rutas, en el otorgamiento de créditos para compra de nuevas unidades, como también en las licitaciones, revisión y certificación técnica de los buses, que aunque en manos de empresarios privados, constituyen un servicio público que debe ser garantizado por el Estado.
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Atilio Silva
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