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Las ONG: cambiar la realidad, ¿hasta que punto?





Pero, ¿quienes son las ONG?

Antes que nada conviene aclarar a que nos referimos cuando hablamos de ONG (organización no gubernamental) fue acuñado por Naciones Unidas para designar uno de los autores que aparecen en la escena de cooperación para el desarrollo, y diferenciarlos de los organismos de carácter gubernamental, ya sea bilateral –las agencias oficiales de Ayuda al Desarrollo- o multilateral -los organismos de Naciones Unidas-. Lo de "no gubernamental" hace referencia al hecho de que los fondos que sustentan estás organizaciones no son de carácter público sino privado, y esto se da así en las organizaciones laicas de los países más ricos –que fueron las primeras y que recaudan sus fondos entre la sociedad civil-, así como en las confesionales en general, cuyos ingresos provienen de las diferente iglesias.

Desde su aparición, éste término no ha cambiado pero sigue sin decir gran cosa. ¿Cómo puede definirse algo simplemente por oposición a otra cosa; es decir, simplemente como lo que no es? ¿El hecho de llamarse "no gubernamental" define ya la esencia de éstas organizaciones? Sinceramente, creo que no; es más, una definición tan pobre crea dificultades a la hora de generalizar sobre un colectivo de organizaciones tan complejo y tan diversas.

En España, además, es una paradoja llamarlas ONG cuando no hay ninguna que se nutra exclusivamente de fondos privados. La mayoría sobreviven de las subvenciones públicas -o de algunos fondos de fundaciones-, y sólo las más grandes consiguen donaciones particulares con sus campañas de publicidad, aunque siguen obteniendo grandes ingresos de las convocatorias públicas. Se añade, además, el hecho de que con la moda de la solidaridad muchas organizaciones que antes eran simplemente asociaciones no lucrativas ahora también se denominan ONG, aunque no se dediquen a la cooperación internacional para el de desarrollo.

En cualquier caso, esto que parece sólo una cuestión de lenguaje, puede traer confusiones y problemas en un futuro, sobre todo para la gran competencia que se está generando en su entorno, y por la aparición constante de organizaciones con la misma denominación cuyos fines realmente no están muy claros.

Históricamente, se han clasificado las ONG según su origen: Las que provienen de la tradición misionera católica -que mantienen o no su imagen confesional-, las que provienen de comités políticos de solidaridad con movimientos revolucionarios y populares, las creadas por partidos políticos y sindicatos, y las que han aparecido por último en la escena de la cooperación, que son las profesionales, las famosas... sin fronteras.

Creo que haría falta una clasificación diferente de las ONG, según una lectura de su actuación y su forma de organización. Coincidiendo por un lado con el boom de la solidaridad, con la crisis económica y de empleo y especialmente con la aparición de las ONG profesionales, se está perfilando un modelo de organización que sigue un estilo puramente mercantil, aunque sus fines no sean lucrativos.

En la forma de actuar, estás organizaciones ponen su punto de mira en la tecnificación de la intervención y en la eficacia, en deterioro de la participación; priorizan la exportación de técnicos y expertos, en deterioro de la contratación de los propios países receptores, y su relación con las contrapartes -las ONG receptoras- se basa en el control total de administración de los recursos. En el ámbito organizativo, son entidades que tienden a profesionalizarse, reduciendo el voluntariado a algunos niveles de poca responsabilidad, y la toma de decisiones es totalmente vertical, con muy poca participación de los asociados. Respecto a los contenidos, son los enamorados de los proyectos de cooperación en los países del Sur, y poco amantes de la sensibilización y de la educción para el desarrollo de la sociedad en los países del Norte.

Sus objetivos parecen ser transformar ellos mismos la realidad en el Tercer Mundo; ya sea porque al fin y al cabo ellos son los que saben, o bien porque creen que aún pueden salvar algo allí ya que aquí, por lo visto, queda poco por salvar. En cualquier caso, su objetivo final es el crecimiento de la propia organización, como lo es el de la empresa en todo sistema capitalista.

Hay otro tipo de ONG, más cutres de imagen, que pretende no sólo la utopía del cambio global -por esto entendemos el cambio tanto el Norte como en el Sur-, sino que además pretenden hacerlo de una forma alternativa. Son ONG a las que les cuesta subirse al carro de la competitividad en el mercado de la cooperación, de la eficacia y de la gestión por encima de todo. Están, en ese sentido, desfasadas; no creen -o lo hacen lentamente-; no gestionan muchos millones y son de carácter asambleario y participativo, aunque eso les suponga perder capacidad de gestión. Este modelo reúne a los ex progres, progres reciclados e idealistas de la izquierda extraparlamentaria que creen -ya no sé ingenuamente- que la cooperación hay que entenderla como intercambio real, como diálogo entre iguales, como transferencia justa de recursos, y no como ayuda del Norte al Sur.

Entre estás dos formas de funcionar y de organizarse hay muchas otras ONG a caballo entre ambas; pero además, y como un mundo aparte, está las ONG de partidos y sindicatos mayoritarios, que, moviéndose entre uno y otro extremo, dependiendo de la corriente política, lo que tiene en común es que, por encima de sus objetivos como organización, están los objetivos de los partidos que están al fondo.

¿Y qué pinta la Administración en todo esto?

A la Administración, entre otras cosas, le va muy bien la aparición de todas éstas ONG, especialmente de las tecnócratas. ¿por qué? Además de ganar una imagen de mejor distribución de los recursos, de democratización, etcétera, es muy conveniente para la Administración que sean las ONG las que gestionen los proyectos: por un lado, porque necesitan menos burocracia para las actuaciones –lo cual ya es un ahorro importante de dinero-, son más pequeñas y por tanto más ágiles en la gestión; y, finalmente, al no ser gubernamentales, pueden actuar directamente con los beneficiarios de los proyectos a través de las organizaciones contratantes, sin pasar necesariamente por instancias oficiales de los países receptores, lo cual muchas veces, supone un problema para la gestión y el aprovechamiento de los recursos económicos.

Pero, eso sí, las actuaciones y los proyectos de las ONG subvencionadas con fondos públicos siempre tienen que estar de acuerdo con las líneas generales de la política exterior del gobierno –principio fundamental de la Agencia Española de Cooperación Internacional- ¿Qué implica eso? Una afirmación tan sencilla y aparentemente tan lógica, desde el punto de vista de los intereses del país donante, supone que la mayor parte de las veces las tendencias a subvencionar proyectos en uno o en otro país no dependen tanto de que el proyecto sea bueno, esté bien trabajado, tenga una buena relación con la contraparte, beneficie a mucha gente o plantee necesidades muy básicas, por poner algunos ejemplos, sino de las prioridades en materia de política exterior de un gobierno determinado.

Así se dan casos totalmente sorprendentes, como la de una organización que presenta un proyecto en Marruecos el año en que se establecieron los acuerdos del gobierno español con el gobierno marroquí para el control de la emigración de marroquíes hacia España después de los escándalos de las pateras, y no sólo consigue la subvención total del proyecto, que ya es raro, sino que le subvencionan una cantidad mucho mayor de la que se había solicitado.

Con este criterio de asignación de subvenciones a proyectos se crea un mercado en el que cada año cambian las prioridades de los países a los que asignan los recursos, de forma que se pone de moda unos para caer en desgracia otros. Así, otro año se subvencionan los proyectos en Palestina y, a partir de ahora, seguramente se subvencionarán los proyectos en la ex Yugoslavia y en los países del ex Este. La capacidad, por tanto, de las ONG para elegir con quien y donde cooperar se reduce fuertemente mientras dependan -como es el caso de la mayoría de ONG de España- de fondos públicos, y mientras se confunda lo público con lo gubernamental.

¿Tienen capacidad reivindicativa y de cambio las ONG?

Para poder hacer presión y conseguir influir para lograr algunos cambios, antes que nada, hay que querer; es decir, las ONG tiene que tener entre sus objetivos reales ese actuar para cambiar la realidad. Como hemos visto, no está claro que para todas la ONG eso sea importante. Otro factor decisivo es la independencia: mientras las ONG coman de lo que les da el Estado -o mejor dicho, el gobierno-, será difícil mantenerse con posturas críticas ante las políticas gubernamentales –eso se ésta poniendo especialmente de manifiesto en el ámbito de la inmigración, con la Ley de Extranjería.

En cualquier caso, sí ha habido ocasiones, recientemente, en las que, a pesar de todo lo dicho, las ONG han dado pruebas de su capacidad de influencia y de reivindicación. Me refiero, en concreto, al tema del 0,7%. Aunque fue una reivindicación bastante puntual y, por la difusión que se dio en los medios de comunicación, llegó a la población con poca profundidad – es decir, se hablo más de cifras que de contenidos-, hay que destacar el hecho de que, gracias especialmente a la unión y la coordinación de muchas ONG en muchos sitios al mismo tiempo, y a acciones muy críticas de las ONG implicadas –como la huelga de hambre o las acampadas-, fue una acción que tuvo un gran impacto a escala nacional y que consiguió algunos cambios en la policía de cooperación del gobierno.

Esto nos enseña, en resumen, que la vía para conseguir una mayor capacidad reivindicativa y de presión por parte de las ONG es la colaboración, la coordinación y el trabajo en red, que, por un lado, permite mantener la independencia de criterios e idiosincrasia de cada organización –esto implica que no hace falta ser una organización grande para tener voz-, y al mismo tiempo facilita la acción conjunta y aumenta las posibilidades de influir y de presionar para lograr cambios.

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Bàrbara Roig
Psicológa y miembro de Solidaridad para el Desarrollo y la Paz
"Rambla 12"
Revista de l'Associació promotora del Treball social
www.arrakis.es/~rambla12
rambla12@arrakis.es


Autor:    Bàrbara Roig | Area:    Solidaridad
Título:    Las ONG: cambiar la realidad, ¿hasta que punto? | Fecha de publicación:    12/09/2001 12:56:28
Etiquetas:    Organizaciones No Gubernamentales

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