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Diferencias entre el hombre y la mujer





RESUMEN: el hombre y la mujer son dos partes de un todo, del hombre completo. Los dos son diferentes en todo, en su morfología, en el mundo de los sentidos como lo es la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad, en el entendimiento y en la afectividad. Es importante que tanto hombre como mujeres conozcan cómo son y cómo es el sexo opuesto, ya que de ello depende que se complementen y sean felices.

De una conferencia sobre ?El matrimonio? del Dr. Lucas Gutiérrez Vega, catedrático de la Universidad de Salamanca, España, de la Universidad de Lovaina, Bélgica y de la Universidad Pontificia de Roma, Italia, sustentada en Salamanca, España, se extrajeron las siguientes notas, que por su novedad e importancia, se han dado a conocer en diversos foros educativos y en grupos de parejas que estaban en preparación para formalizar su compromiso matrimonial.

Partamos de dos realidades: primero, no nos conocemos cómo somos, ni mucho menos conocemos cómo es el sexo opuesto. Más bien, tenemos un concepto erróneo de la persona humana, como en el caso del machismo, falso concepto de lo que es el varón. La falta de conocimiento mutuo da como resultado que, en las relaciones hombre-mujer en la amistad, en el noviazgo y principalmente en el matrimonio, no se van a llevar bien y por lo tanto no van a ser felices; segundo, como en la ley de la física que señala que dos polos opuestos se atraen y dos polos iguales se rechazan; así, la gran atracción que existe entre un hombre y una mujer se debe a que son completamente distintos en todo: en su cuerpo, en su sensibilidad, sensualidad y sexualidad, en su entendimiento y en su afectividad.

Vamos a señalar que el hombre y la mujer no sólo son distintos en todo, sino también que se complementan mutuamente, que son dos partes que forman un todo. Al niño no lo vamos a tomar en cuenta porque prácticamente es un ser indiferenciado. El niño y la niña casi no se diferencian. Con excepción de los órganos sexuales, ambos son iguales en sus rasgos anatómicos y sobre todo ellos mismos no se sienten diferentes. La diferencia inicia en la adolescencia, en cuya etapa se producen los cambios físicos, fisiológicos y psicológicos.

1. Morfología. La diferencia entre un hombre y una mujer inicia desde el cromosoma X para el hombre y el cromosoma Y para la mujer. En relación con el esqueleto, el del hombre es más recto y vertical y el de la mujer un poco más inclinado, menos recto. Existe mayor diferencia en el tórax: el hombre es de hombros amplios y tórax muy voluminoso, mientras que la mujer es de hombros estrechos y tórax poco voluminoso. Pero en la pelvis se invierten los polos y el hombre es estrecho de caderas y la mujer, amplia, debido a la función que desempeñará cuando sea madre, portadora de un hijo.

Otra diferencia está en los músculos del cuerpo, que en el hombre se pueden ver y delinear perfectamente, mientras que en la mujer no, pues sus formas son más bien redondeadas. Una diferencia notable está en la voz: el hombre es de voz grave, profunda y la mujer tiene un tiple de voz agudo. Otra diferencia más está en el vello, ya que el hombre es velludo en todo su cuerpo, mientras que la mujer es lampiña.

La diferencia más grande y notable está, por supuesto, en los órganos sexuales, cuyo estudio se realiza completamente en Anatomía. Sin embargo, ni el hombre ni la mujer por separado, son portadores de todo lo humano. No se puede concebir un hombre solo ni una mujer sola, los concebimos el uno para el otro. Los dos son parte de un todo y se complementan mutuamente. En este sentido morfológico, el hombre es viril y la mujer es femenina. A los hombres nos encanta que las mujeres sean femeninas y a las mujeres en fascina que los hombres sean viriles, varoniles.

2. Sentidos. Pasemos ahora al mundo de los sentidos. Cómo siente un hombre y una mujer es muy importante que lo sepamos todos, tanto el hombre y la mujer, como los educadores, los padres y todos aquéllos que intervienen en su educación y formación. Vamos a dividir este estudio de los sentidos en tres partes: sensibilidad, sensualidad y sexualidad.

a) Sensibilidad. Entendemos por sensibilidad la capacidad que poseemos hombres y mujeres de captar, recibir o percibir sensaciones por medio de los sentidos superiores del ser humano que son la vista y el oído. Estos sentidos, en la persona humana, no son como en los animales que sólo captan lo que está a su alrededor. En el hombre, la vista y el oído son los sentidos más espiritualizados; son aquéllos por donde se asoma principalmente al mundo exterior nuestra alma, nuestro espíritu. Son los sentidos por medio de los cuales el hombre capta la belleza visual y auditiva: un paisaje, un horizonte lleno de matices, una gama de colores, una sinfonía, una armonía, un conjunto de sonidos en un concierto? Por medio de ellos no sólo podemos captar la belleza visual y auditiva, sino también podemos crearla a través de la música y de la pintura. Es más bien la capacidad artística.

Ahora bien, ante este mundo recién descubierto de la belleza visual y auditiva, el hombre es más sensible que la mujer. El hombre capta más la belleza visual y auditiva que la mujer, tanto en cantidad como en calidad. Esto lo podemos comprobar con la historia. Ha habido más y mejores pintores y músicos hombres que mujeres. No es que la mujer no capte la belleza visual y auditiva, tampoco que no pueda crearla, sino que no lo puede hacer en la misma intensidad y calidad que lo hace el hombre. Podría decirse que a la mujer no se le ha dado la oportunidad de poder realizarse en este campo debido al encerramiento a que se le ha tenido recluida casi siempre. La razón es otra: que ella no va hacia el mundo exterior por este camino; ella va por el camino de la sensualidad como veremos a continuación.

b) Sensualidad. Entendemos por sensualidad la capacidad que tenemos hombres y mujeres de poder captar, recibir y percibir sensaciones por medio del sentido universal del tacto, que sabemos está distribuido en cada parte de nuestro cuerpo. Pero el sentido del tacto en el hombre no es como en los animales que sólo captan lo que está a su alrededor. El hombre capta, a través de este sentido, más allá de lo que siente y de lo que le rodea. Es como una antena viviente que capta más allá del tiempo y del espacio. Una descripción del sentido del tacto en general sería muy extensa, pues abarca una gama inmensa de sensaciones. Entre otras podemos citar las siguientes: el sentirnos personas únicas; el sentir nuestro propio yo, diferente a los demás; el sentir nuestro mundo de pensamientos, anhelos e ilusiones; el sentir el mundo que nos rodea, no solamente nuestra casa, sino también la manzana en donde está ubicada nuestra casa, la colonia, la ciudad, el estado, la nación, el continente, el mundo y hasta todo el unive

rso. En gran parte se podría explicar aquí la ciencia de la Astrología, un poco o un mucho desprestigiada debido a sus imprecisiones o aciertos.

A través de este sentido del tacto sentimos cuando hace frío o calor, agradable o desagradable, cuando estamos quietos o cuando vamos a mucha velocidad hasta el vértigo, cuando nos dejamos llevar por la pereza, la languidez; el sentirnos protegidos por nuestra familia, por la sociedad. En fin, que sería interminable la lista de sensaciones que podríamos captar a través de este sentido universal del tacto.

Ahora bien, ¿cómo es el hombre y la mujer en la sensualidad? Sin lugar a dudas, la mujer es más sensual que el hombre. La mujer es una sensual tremenda, pues no puede ocultar lo que siente, ya sea agradable o desagradable. Grita, llora, se emociona hasta la exageración algunas veces; hasta se llega a enfermar. Vibra ante cualquier acontecimiento. Como si la mujer ve y oye por cada uno de los poros de su cuerpo. Y es que el alma y el cuerpo en la mujer están tan unidos que parece que es un alma en los pasos de un cuerpo; por eso resulta el cuerpo de la mujer más tierno, más delicado, más espiritual, más hermoso. Hasta su modo de caminar es más armonioso. Su amor al baile, a la danza, es una de sus características. Las grandes bailarinas de la historia has sido mujeres y no hombres. Los grandes hombres bailarines no son precisamente prototipos de la virilidad. La gama de sensaciones que tiene una mujer es infinita.

A la mujer le encanta el cariño a través del tacto, del mimo. Le encanta ser acariciado, llevada, traída, lanzada, besada, abrazada, etc. En cambio el hombre no tiene esta gama de sensaciones; su mundo sensual es muy reducido. No es que no sienta; lo que pasa es que no siente en la misma intensidad y calidad que la mujer. ¡Qué pena que los hombres no sepamos este modo de ser de la mujer! La importancia de esto lo explicaremos en le siguiente apartado. De su desconocimiento depende la infelicidad de la pareja y otra serie de problemas. Para terminar este punto veamos un ejemplo.

Si ponemos al hombre ya la mujer ante un paisaje, los dos lo captarían de diferente manera. El hombre, como es un artista, sale hacia el mundo exterior a través de la vista y el oído; cuando ve el paisaje sale fuera de sí y se coloca en el paisaje. Se dice que está en-ajenado. Mientras que la mujer atrae todo el paisaje hacia sí y lo siente en su interior y en todo su cuerpo; por eso se dice que está en-sí-mismada.

c) Sexualidad. Entendemos por sexualidad la capacidad que poseemos hombre y mujeres de captar, recibir, percibir sensaciones por medio del sentido del tacto localizado en los órganos sexuales. Estos órganos son los que reciben más directamente la descarga hormonal que electriza el organismo del hombre y de la mujer. Es la sensación más fuerte y más agradable que podemos sentir.

En el mundo de sexualidad aparentemente el hombre es más sexual que la mujer. La sexualidad en el hombre es como la de un animal. Sabemos que es tan fuerte en el animal que, según su especie lo lanza a desahogarse fuertemente. Pues en el hombre la sexualidad es igual y la puede realizar y sentir no solamente todos los días sino varias veces al día. Es muy fuerte y muy rápida, pues con la vista o la imaginación se excita enormemente. De ahí que en la mercadotecnia se echa mano de figuras que atraigan la sexualidad del hombre principalmente. En cambio la mujer no se excita con la vista ni con la imaginación; ella va a la sexualidad por otro camino, por vía sensual, como lo veremos enseguida.

La importancia que tiene esto en la relación hombre y mujer es muy grande para la felicidad de los dos. Si el hombre es rápido en la sexualidad, si no la domina, corre el peligro de utilizar a la mujer como un objeto para su desahogo. Puede ocurrir que la mujer, al ser rebajada al rango de objeto, no va a ser feliz en la sexualidad, no va a llegar al orgasmo y va a rechazar este tipo de relaciones; y al hombre le puede suceder que la mujer, su mujer, le empiece a aburrir y trate de buscar en otras mujeres la felicidad que probablemente no encuentre nunca.

La mujer, que es una sensual tremenda, solamente puede llegar a la sexualidad por vía sensual, a través de caricias, palabras, un ambiente muy especial que hay que propiciar para que se vaya despertando la sexualidad en todo su cuerpo. Da la sensación de un camino lento y largo, pero lleno de sensaciones por el cual tiene que caminar el hombre. Y si es así, la mujer llegará al orgasmo tal vez con más intensidad que el hombre o podrá obtenerlo varias veces y por lo mismo redituará también al hombre mayor satisfacción. Los dos tienen que poner de su parte. El hombre deberá esforzarse por dominar la rapidez de su sexualidad y transitar a través del camino de la mujer, lleno de sensaciones. Ésta, a su vez, deberá esforzarse por comprender que el hombre es muy sexual y muy rápido y, por lo mismo, cooperar para que ambos caminen juntos en ese mundo de sensaciones, del cual pueden disfrutar plenamente, combinando las dos fuerzas del hombre con la cantidad enorme de sensaciones de la mujer, sin que jamás se aburran o

sientan la necesidad de andar buscando por otro lado, creando cada vez nuevas sensaciones y modos de llegar al éxtasis, como en una melodía cuando se combinan los doce sonidos hasta el infinito.

3. Entendimiento. Pasemos ahora a otro estrato del ser humano, un estrato superior, que es el entendimiento. Si ya vimos que el hombre y la mujer son distintos en su cuerpo y en sus sentidos, resulta, por consecuencia, que son distintos en su entendimiento, puesto que éste está encarnado en un cuerpo y en unos sentidos que son distintos.

Si ya vimos que el hombre es un artista consumado, resulta que su entendimiento es de este tipo: calculador, matemático, abstracto, frío. Al hombre le gusta pensar mucho, le gusta el mundo de la razón. Las ciencias exactas y de razón las han creado los hombres y no las mujeres. Los grandes matemáticos y filósofos de la historia han sido hombres. El hombre no se compromete. Le gusta ver para creer. Es desconfiado, frío y calculador. En cambio la mujer, como es una sensual tremenda, tiene un entendimiento como si fuese un sexto sentido, un presentimiento, una intuición. La mujer no necesita razonar para comprender muchas cosas. Antes de que sucedan los acontecimientos las presiente y las intuye. Es como un radar que puede captar objetos en la niebla o en la oscuridad.

La importancia que tiene saber lo anterior es muy grande si se trata de tomar decisiones en la pareja. Tanto el hombre como la mujer son inteligentes pero por distinto camino, de distinta manera. Se necesitan mutuamente para no equivocarse. El hombre necesita que la mujer lo prevenga y lo ponga sobre aviso en caso de peligro o de algo desfavorable. La mujer también necesita del hombre para que se calme, para que no se comprometa fácilmente. Así es difícil que se equivoquen y si esto llegara a suceder no habría reproches pues la responsabilidad fue mutua.

4. Afectividad. Llegamos ahora al punto más importante de nuestro tema. En la vida de la persona lo más importante es lo que ama. La afectividad es el poderoso motor que lo impulsa a realizar grandes hazañas buenas o malas. Veamos cómo ama un hombre a una mujer y cómo ésta ama a un hombre.

En el hombre hay dos fuerzas muy grandes que son la de su espíritu y la de su cuerpo en la sexualidad. Se sitúa ante la mujer de dos maneras: por la parte superior de su ser, el espíritu, le atraen las cualidades espirituales de la mujer; pero por la parte inferior de su ser, la sexualidad de su cuerpo, le atraen las cualidades físicas de la mujer, su belleza, su cuerpo. Las dos fuerzas tienen la misma intensidad y tienden a separarse en un momento dado. La formación del carácter del hombre consiste en dominar y encauzar estas dos fuerzas durante toda su vida. Pero hay hombres que se dejan llevar por una de estas dos fuerzas. Por un lado tenemos a los que se dejan llevar por el espíritu y que no toman en cuenta al cuerpo. Son como ángeles o personas muy intelectuales y que a veces no se relacionan con alguna mujer o la desprecian. Pero también los hay, que no teniendo en cuenta el espíritu, se dejan llevar por el instinto sexual y lo satisfacen como los animales. Esta fuerza sexual tiende a separar al hombre

de su fuerza espiritual y se manifiesta siempre durante toda su vida, principalmente cuando está solo, cuando su mujer no se arregla o cuando hay problemas entre los dos y entonces busca desahogarse. Tal es el caso de una aventura de unas horas, de una mujer sexo servidora. Por eso a veces anda con dos o más mujeres, de novio o de casado. Es una explicación mas no una justificación. El hombre verdadero, completo será aquél que domine las dos fuerzas y las encauce a una sola mujer, la mujer que lo va a complementar. En este sentido el hombre es doble, es más infiel.

En cambio la mujer tiene el alma y el cuerpo completamente unidos, de tal modo que en ella no se da esa dualidad que hay en el hombre. Por lo mismo, se situará ante el hombre de una sola manera. Si la mujer ama a un hombre lo amará para siempre y se le entregará por completo. No hay división en la mujer. El amor en la mujer es el más grande que existe entre los humanos. Se podría decir que la mujer es el amor hecho persona. Jamás el hombre llegará a amar como ama una mujer. Aunque haya muchos hombres que amen a la mujer, si ella no se decide por uno, no habrá entrega. Hay una fortaleza en ella que le permite vivir atrincherada. Pero una vez que decida entregarse lo hará para siempre y completamente; no importa qué tipo de hombre sea. No habrá quién convenza a la mujer de que ese determinado hombre no le conviene. La mujer no puede andar coqueteando como lo hace el hombre. Sabemos que la sociedad es implacable con la mujer. No le perdona nada. O es lo máximo o es lo peor. Si anda jugando al amor, está en pelig

ro su integridad, su manera unitaria de ser. Es muy difícil, por no decir imposible, que tenga remedio, que tenga regreso. Ella misma no se sentirá completa y jamás llegará a amar como debería. En este sentido la mujer es más fiel. Y así como es la que más ama, es la única que pude perdonar, pero también es la única que pude odiar. En la mujer no se da un término medio.

Lo anterior tiene más importancia de lo que parece, sobre todo para la felicidad de la pareja.

Alfredo Lugo González
alfredolugo@yahoo.com
Candidato a optar por el Grado Académico de Doctor en Educación
Universidad Vasco de Quiroga, A.C.
www.alfredolugo.net


Autor:    Alfredo Lugo González | Area:    Sexualidad y Pareja
Título:    Diferencias entre el hombre y la mujer | Fecha de publicación:    01/04/2004 20:03:33
Etiquetas:    El hombre y la mujer

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