Asistimos a fines del milenio al desvanecimiento de un fenómeno que caracterizó al Uruguay hasta los años 50 el cual fue el de ser éste, un país con una sociedad "hiperintegrada". Es esta una sociedad en la que no existe una polarización de clases, ni una estratificación ampliada. En el ámbito socioeconómico, esta integración se manifiesta en tanto no existe una polaridad de situaciones, en donde se establece una "generosa" redistribución del producto social, para que el pobre no sea tan pobre, ni el rico sea tan rico. En el nivel político se hace visible en la primacía de partidos "catch all", y en la inexistencia de extremismos: nadie es tan a la izquierda, nadie es tan a la derecha. En un nivel cultural se observa el integrismo en la creación de una Educación pública ampliada, así como en la construcción de espacios públicos "habitables" por todos: la Rambla, el Parque Rodó, el Estadio Centenario, etc.
El imaginario colectivo que se constituye a partir de las realidades anteriormente marcadas retroalimenta a nivel "subjetivo", es decir "psicológico" los valores de integración social que le dieron posibilidad de crecimiento. En tanto las realidades comienzan a percibirse permanentes, seguras, poco a poco se sacralizan y comienza a construirse a nivel inconsciente, un cuerpo coherente de relatos, de imágenes, de símbolos, de mitos comunes, que sirven para lograr una identidad nacional. Es la generación de un "imaginario colectivo" que permea a todos los sectores sociales consiguiendo así una integración a nivel inconsciente que si bien no se ve, está presente en cada acción realizada por los integrantes de esta sociedad. También en la de elegir una "carrera".
El modelo "hiperintegrativo" en marcha.
El Estado que abriga
Históricamente el ascenso de José Batlle y Ordoñez al poder y especialmente su segundo mandato, va a marcar un punto de inflexión en lo que significa la constitución de la "hiperintegración social". Se puede decir que es a partir de Batlle que ésta hiperintegración comienza a moldearse. No es Batlle el creador absoluto de esta idea de sociedad, él es sintetizador de los deseos, de las pulsiones dispersas en el colectivo de su tiempo, en tanto su obra se produce en dialéctica con sus adversarios. El "reformismo" Batllista es básicamente la profundización de un Estado "asistencial", que intenta proteger a los sectores subalternos de la sociedad operativizándose esto a nivel real desde distintas medidas económicas y sociales.
En relación a la temática vocacional señalaré un hecho significativo: la existencia de un sistema impositivo que prefirió el cargo sobre la herencia y no sobre la renta, persigue que todos partan de puntos similares, y que a través del esfuerzo propio todos tengan la oportunidad de llegar a una segura medianía. Esta suerte de "meritocracia" que permitió por ejemplo que el hijo de un humilde zapatero de los años 30, llegara a ser abogado y vicepresidente de la república en los años 90 estaba presente no hasta hace mucho en el imaginario social de cualquier padre de familia de clase media, y media-baja uruguayo. En casos como el citado, así como en muchos otros ejemplos ilustres de nuestra historia nacional, podemos hablar entonces de lo que yo llamaré "deseos –vocacionales -transegeneracionales de carácter homólogo". Me refiero a la concordancia entre los deseos familiares y un medio ambiente facilitador que a través de una Educación Publica ampliada y una Universidad democrática promovían el acceso d
e distintas clases sociales al pupitre terciario permitiendo que hijos de trabajadores inmigrantes cerraran el círculo del deseado y sudado progreso con el título de Dr. Lo que podríamos llamar parafraseando el título de la paradigmática pieza teatral de Florencio Sánchez "el
complejo de Mi´jo el Dotor"* hace eclosión en las primeras décadas del siglo y es perpetuado hasta aproximadamente los '80.
"Uruguayos campeones de América y del mundo"
Hacia los años 30 la ilusión del consenso, de la ley impersonal, de la seguridad, etc., ya es fuerte. El desafío a la sociedad y a su imaginario, que plantea el quiebre institucional del golpe de Estado de Gabriel Terra en esa misma década, es superado con éxito. El Estado no pasaría a ser instrumento de las clases económicamente dominantes y el sistema político y la sociedad recuperarían la democracia. Dos reformas constitucionales mediante, señal de la ya constituida pasión por la legalidad y el cambio institucionalizado, aparece el "nuevo" Batlle, sobrino del primero, que pretende dar renovadas fuerzas al modelo de su tío y colaboradores. Con este modelo reproductor en ascenso comienza un "decenio glorioso" que parte de lo económico y se desborda a todas las instancias sociales.
El desarrollo de la seguridad social, altas tazas de movilidad ascendente hacen que " el país se contemple a sí mismo con una autoadmiración desmedida". No obstante ello, se llegaba a un país rico en valores democráticos, en desmesurado aprecio a las instituciones a la integración social, a la sociedad sin "sobresaltos" y se afianzaba un imaginario social común y sus mitos correspondientes.
El gol del barro.
Muchas voces " aseguran" que el gol errado por Schiaffino a causa del barro, en el juego frente a Hungría en el mundial del ´54 marca el comienzo de la hecatombe. Los eufóricos ´50 van quedando atrás La crisis de la posguerra comienza a hundir al excepcional y "narcisista" "paisito". Ante el fracaso para revertir la crisis económica los partidos políticos poco a poco comienzan a perder eficacia. Los problemas sin embargo se niegan Veremos como opera la "verleugnung" en relación a la articulación imaginario vocacional-recursos humanos reales necesarios para llevar adelante un nuevo modelo societario. Dice el historiador Gerardo Caetano: " Un país pequeño para insertarse en el exterior debe tener un mercado competitivo. Debe buscar una competitividad selectiva. Conquistar nichos de mercado por calidad y no por cantidad. Esto requiere de una apuesta fuerte a sus recursos humanos". ¿Pero qué ocurre en relación al tema que nos ocupa durante la crisis de los ´50?. Las representaciones culturales
y simbólicas de la clase media, clase predominante en el Uruguay de esos años, no concuerdan con el proyecto de país que necesitaba impulsar el Estado en esa coyuntura.
Los deseos vocacionales –transgeneracionales devienen discordantes y como plantea el aludido historiador asistimos a la paradoja de un Uruguay que debía "despertar" a la industria pero que todavía "soñaba" con el país " Dotor ".
Del dulce sueño a la pesadilla
"Los sueños diurnos se centran en el cumplimiento del deseo, a través de un plan de acción que constituye el 'proyecto personal'. La pesadilla diurna es una tardía señal de peligro. Es el shock de realidad que tiene lugar cuando el sujeto toma dolorosa conciencia de su incompetencia, no solo para cumplir su deseo, sino, inclusive para satisfacer su necesi
dad". Forzando las analogías podemos decir que las naciones, los colectivos sociales también sueñan. En el Uruguay de fines del '50 "esta rémora entre la realidad que induce a cambios y la dificultad para admitir esos cambios expresada en el mantenimiento a ultranza del ideario del país Dr. ,se traducirá trece años más tarde en quiebres institucionales violentos que equivaldrían en el plano personal al accidente". Si nos remitimos al estudio que realiza Julio Granel sobre los accidentes del Challenger y de Chernobil podemos decir que las sociedades además de "soñar" también se accidentan. El accidente es considerado por este autor como un acto fallido, una inadecuación de las posibilidades simbólicas frente a un monto excesivo de estímulos que no pueden ser racionalmente metabolizados ni culturalmente expresados sin quiebres
A fines de los '60 "Medidas prontas de seguridad" "Militarización de trabajadores" "Estado de guerra interno", " Tupamaros", "Fuerzas conjuntas" son algunas de las
expresiones que nutren el guión de la pesadilla de comenzar a perder aquel Uruguay "sin excesos". Podríamos decir que la elección nacional de 1971 es el último rescoldo tibio del potencial de amortiguación que había construido el psiquismo socio-institucional en décadas anteriores. Cuando dos años más tarde la crisis alcanza el cenit, un sector apartidario y asistémico: las fuerzas armadas, alcanzan el poder. El despertar es entonces traumático. El accidente, el duro golpe a su psiquis social "mesócrata" torna al Uruguay esquizofrénico. Adiós a la concordancia entre los mitos familiares y los sociales, adiós al apacible e hiperintegrado campeón de la democracia... hola a las desgracias de sus congéneres latinoamericanos ante los que se vivía a sí mismo socialmente superior en los tiempos del seguro ambiente facilitador de los años'50.
Del sobretodo a la ametralladora y la probeta
A la abrigada época de hiperintegración social, suceden tiempos de fragmentación lacerante. A la salida de la dictadura, luego de doce años de "reclusión" en lo "privado". Luego de un largo tiempo sin acceso al espacio de "lo público" a los espacios de construcción del "nosotros", estos son institucionalmente recuperados, pero ya el mundo era otro, y el imaginario social que sobrevivía aún en los comienzos de la crisis de la postguerra se encuentra ahora , post-dictadura, jaqueado. Las identidades ya no se construyen en tanto vivencias, relatos, símbolos y mitos "territorrrializados". Por el contrario nos encontramos en tiempos en donde aquellas se conforman más por símbolos atemporales, desterritorializados y descartables que producen y reproducen los mass media. Los estados nacionales van cediendo poco a poco su poderío al "mercado mundial". Un mercado que genera identidades ya no por sensibilidades, por vivencias ni por historias comunes. Cada individuo queda relegado al lugar que pueda alcanza
r en tanto consumidor , y si no puede acceder a ningún lugar ya no se sentirá parte de la sociedad convertida puramente en mercado. En cuanto al imaginario social-vocacional podemos decir que en los años ´80 el fantasma de M´hijo el Dotor comienza a ser destronado de los primeros puestos del imaginario vocacional por los "Ejecutivos" del marketing, la publicidad , la administración de empresas y otros modelos profesionales que se adecuan mejor a las globlizantes propuestas massmediáticas. La "contracultura" se organiza entonces en movimientos juveniles de corte "underground" que reclutan rockeros, graffiteros, y otros cultores de diversas formas de expresión artística entre jóvenes de bajos recursos económicos, y/o desertores del sistema educativo oficial, cuya enseñanza media ya comienza a masificarse. Así mismo los padres de muchos niños y jóvenes alientan a sus hijos a ser futuros "Pelés" y "Maradonas" prefiriendo en multiplicidad de casos inscribirlos en cuadros de Baby football a hacerl
o en la escuela o en el liceo, esperando de ellos el ascenso económico y social.
¿Cuál será la salida de la anomia social que aún persiste sin otros mitos unificadores que los que presentan el "consumo" y "el mercado? ¿Se constituirá el Mercosur en un dispositivo integrativo válido? ¿ Reconocerá como hijo propio al "bebé Mercosur" la psiquis social uruguaya, o solo una elite verá con buenos ojos lo que puede ser sentido por muchos como una especie de hiperintegración de probeta a semen de donante.
¿Cómo se adecuará el imaginario vocacional transgeneracional a las nuevas improntas globalizantes? Si la palabra vocación proviene de la palabra latina "vocatio" que indica la acción de llamar y derivadamente el hecho de ser llamado. ¿Podemos decir hoy día que el joven es llamado?, Si así fuera ¿Desde donde es llamado? ¿Cómo es llamado? Al decir de DeBrasi "la crisis de la sociedad de explotación se agudiza a tal punto que nos ubica en una sociedad de la exclusión".
El cambio de relación del hombre con el trabajo se expresa en los millones de personas que resultan marginadas de la producción de bienes y servicios. La condición de desocupado es una realidad común Castoriadis califica a la época actual de "retirada al conformismo, donde el fenómeno de la exclusión va de la mano de un retroceso del proyecto de autonomía "ante el peso creciente de la privatización y del individualismo en las sociedades contemporánea. Desde un nivel del discurso social se manifiesta preocupación por la falta de protagonismo de los jóvenes. Las instituciones reciben en espejo la exclusión y la violencia que imparten
Ensoñando futuros
El Orientador Vocacional debe enfrentarse a la exclusión subjetiva y a la confusión que la acompaña dando lugar a las conexiones internas y externas necesarias para sobreponerse a los niveles de despersonalización presentes en la anomia social y en la reconversión constante. Formar al Orientador Vocacional comporta incluir al estudiante de psicología en una realidad que por ajena a sus proyectos vive como pesadillesca. Nuestra experienci
a como docentes nos muestra que una forma de defensa frente al shock de realidad, consiste en prolongar una suerte de duermevela apática en una facultad - playa de estacionamiento.
Esto sirve como una formación de compromiso en tanto: forma de inserción social transitoria, prolongación del sueño de m'hijo el Dotor y dificultad para incluirse en lógicas psicosociales diferentes que requieren de una apuesta al diálogo y la integración entre "cultos" y "marginados". El proyecto Universidad sin muros, comunidad de aprendizaje" pretende generar flujos de participación entre distintos estadios y distintos actores del sistema educativo, con el fin de que la Escuela y el Liceo no se conviertan en lugares de ""expulsión ""de los sectores más carenciados. Promueve además un proceso de orientación vocacional continuo que mediante la confrontación la reflexión y la acción apunta a generar en orientadores y orientandos nuevas identidades vocacionales-ocupacionales concordantes con una realidad que d
ebe ser construida por y para todos. Nuestra propuesta metodológica pone en practica aquellas frases de Nelson que dicen: To see is to think. To think , is to put together random bits of private experience in an orderly fashion.
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Ana María Rodríguez González
anamarod@usa.net
Psicóloga. Psicoterapeuta. Especialista en Orientación Vocacional
Ocupacional.
Organización: - Universidad de la República (Uruguay)
Intendencia Municipal de Montevideo (Uruguay)