La vinculación entre realidad efectiva y realidad psíquica es clave en la obra de los grandes teóricos, que nos sugieren repensar lo intersubjetivo en términos de "las realidades". Así, la circulación del término corrupción como significante de hechos deshonestos en la actualidad cotidiana despierta un interés especial: el de investigar el efecto devastador de la corrupción para el psiquismo.
La importancia de la palabra en el desarrollo de los seres humanos, es siempre destacada por los psicoanalistas. El énfasis de la palabra en tanto instituyente del psiquismo no es escaso, como tampoco lo es la crítica. La ambigüedad que remite a la polisemia, es la condición que habilita la interpretación y la emergencia de otras escenas que son parte de fantasías inconscientes. El término corrupción tan utilizado en estos momentos en los medios de comunicación, en la política, en la vida cotidiana con ese matiz globalizador de aquello que en el mundo exterior posee el atributo de "lo negativo", de "lo malo", lleva a la búsqueda de la definición estricta .
Como casi siempre ocurre, consultando estas supuestas fuentes de precisión llamadas diccionarios, encontré definiciones muy parciales por lo que pude comprobar que, en lo que concierne al título de este escrito, es el uso común del término, también descrito como "sentido figurado", que aparece con reiteración en los materiales de consulta, y que se puede resumir como vicio o abuso, como mala costumbre que generalmente va contra la ley.
La mención del adverbio generalmente da a entender que muchos hechos de esta índole pueden quedar insertos en la legalidad, sea porque es difícil su tipificación aún en el más sano de los sistemas legales, sea porque un poder corrupto también puede dictar leyes que lo proteja. De ese común uso lingüístico, la población sabe aunque no lo piense, que los efectos de la corrupción no están siempre incluido en las leyes, ya que las mismas no constituyen un delito en particular sino cuando taxativamente el Código Penal así lo determina, por ejemplo en delitos contra la honestidad, corrupción de menores, prostitución, cohecho, y soborno. El hecho de que sólo algunas causas perturbadoras de lo social sean para el lenguaje cotidiano fenómenos de corrupción, en tanto que otras como las anteriormente mencionadas estén incluidas en las leyes, permite una variabilidad significante de importancia.
Como sabemos la plurisignificación puede constituir un obstáculo a salvar para otras ciencias; en cambio, para la ciencia psicoanalítica el obstáculo es en sí mismo fructífero, porque genera una dimensión nueva en la teoría y en la clínica. A partir de lo expuesto intentaré definir el concepto de corrupción con elementos que no son estrictamente jurídicos pero que permiten integrar el campo psicoanalítico con el legal.
Corrupción es el hecho por el cual dos o mas partes integrantes de un grupo social, poseedoras las mismas de poder, pactan entre sí para otorgarse el derecho de obtener beneficio propio, perjudicando en forma grave o leve a los que quedan fuera de dicho pacto.
Señalo tres partes en juego como mínimo, dos que pactan entre sí, a las que califico como victimarios, y una que queda fuera de lo acordado y que califico como víctima. Las verdaderas víctimas son siempre las que no pactaron, las que quedan fuera de lo acordado. También en esta definición recalco la intervención del poder, porque me refiero a aquellos que han sido investidos por otros con la función de guardadores del bienestar público. La atenuación del malestar en la sociedad es la razón por la cual este poder les fue otorgado, y peligrosa es la perversión de esta función.
Cuando hablo de poder incluyo formas institucionales diversas: sociales religiosas, políticas, familiares, ideológicas. El modo en que se delega dicho poder se puede describir como un abanico, que abarca aspectos concientes e inconcientes, con una apariencia de voluntad de los sujetos. A modo de ejemplo, cito dos que son diferentes: la delegación por mandato del poder social en representantes del estado, y el acceso casi "natural" al poder en la estructura familiar.
También en la definición cito el daño a terceros. Es importante aclarar que tanto el beneficio que se obtiene como el perjuicio que la corrupción produce, es siempre calificable de económico, ya sea monetario o libidinal. La primer teoría pulsional freudiana da lugar a dos paradigmas, el abuso sexual familiar y el abuso económico del poder social. Sexuales o de conservación, en estos casos "hay alguien mas" "que sabe o participa" frente a un tercero. Alguien que presencia y que favorece el abuso de un menor, alguien que pacta con otro en forma de negociados, comisiones, aprobación de leyes que favorecen el despojo realizado por la clase dominante. Dominio que revela la existencia de la pulsión de muerte y su deflexión sobre los dominados.
Como vemos en estos dos ejemplos la corrupción tiene un aspecto manifiesto y otro oculto para quienes la padecen. Por lo tanto, muchas veces nos encontramos ante situaciones que demuestran que, en el campo de la legalidad social no se sostiene siempre la legalidad psíquica, que es aquella que se instala por imperio de la cultura.
Ahora bien, cuando la corrupción se hace ostensible, cuando deviene manifiesta la situación corrupta, los afectados pueden producir reacciones variables que en cierta medida permiten conservar la integridad psíquica. Entre ellas describimos la participación activa en la lucha contra la corrupción como un adecuado efecto de la castración simbólica, porque permite la adaptación a la realidad sin sometimiento masoquista. Además observamos mecanismos de defensa en los que interviene la conciencia en forma más sana como sucede en juicios adecuados de valor, en la indignación, en la justipreciación de la realidad hostil aunque no haya acción directa; en fin, procesos de pensamiento que rompen con la identidad de percepción.
En estas circunstancias también encontramos mecanismos de defensa inconcientes como la identificación con los agresores, la negación, la huida de la realidad perjudicial, la represión, teniendo el sujeto además de sus síntomas individuales, síntomas sociales como la desesperanza, la desilusión, la caída de los ideales.
Cuando la corrupción no es ostensible, cuando permanecen ocultos a los afectados los autores y hechos que la producen, e insisto que oculta puede significar también legal, otros son los efectos. Para comprenderlo mejor quiero ilustrar este hecho con algún ejemplo: dos o más partes integrantes del poder pactan para que los salarios sean de hambre, o la salud esté sólo al alcance de unos pocos, dictando leyes que violan la ética que sostiene el derecho a vivir dignamente (hecho cotidiano en la sociedad actual), entramos en un terreno más cercano al del trauma psíquico, a un mundo en el que el sujeto no puede poner este daño en palabras ni en acción.
Es en este terreno del trauma oculto, habitado por el repudio y la desmentida, donde podemos observar secuelas, tanto del mismo sentido como de sentido opuesto al trauma ocurrido. Entre las primeras nos encontramos por ejemplo con la idealización de los agresores, idealización basada en la indefensión extrema, que genera el pensamiento de un triunfo maníaco del Otro dominante y sin escrúpulos, e intentos de identificación con el amo. Entre las segundas, nos encontramos con que los afectados padecen de culpa por no saber ganarse la vida (no sólo el pan sino la vida), que debería no ser ganada sino otorgada como un bien social. Luchan en lo intrapsíquico con una culpa que proviene de un superyó transmisor de una realidad perversa.
Este superyó promueve una inadecuada interpretación de la realidad, ocasionando la disminución de la autoestima. El sujeto no puede, por lo tanto, percibir que algo del orden del abuso está sucediendo, transformándolo así en víctima. Debo decir que esto merece el nombre de peligroso abuso social, que como hemos visto, corroe el yo y el ideal del yo de los que lo padecen, ya que éstos no pueden imaginar que los elegidos para protegerlo sean los autores de actos tan atroces, y al igual que lo que sucede en el abuso sexual, pueden sentirse cómplices de los actos de corrupción. Hemos entrado al campo de lo siniestro.
Estas ejemplificaciones, que provienen de la vida cotidiana, intentan ser metáforas que sirvan como decía Freud, de puentes interdisciplinarios utilizando un método que, partiendo del fenómeno social, logre investigar las causas que anidan en cada uno de nosotros.
Como vemos el abordar el tema de la corrupción nos introduce en la relación mundo exterior, mundo interno. Creo que la realidad psíquica se puede definir como un efecto del procesamiento de la "realidad del mundo exterior" y lo "real del mundo pulsional". Entonces es de destacar que la realidad material o efectiva es una instancia más del psiquismo, que instituye al yo como lo hace el ello o el ideal del yo, siendo esto característico de la condición humana.
La ruptura con el mundo externo tiene dos formas: una psicótica en la que se reconstruye la realidad externa en forma alucinatoria o delirante, otra neurótica, en la que el mundo de la fantasía inconsciente y la creación se avienen a la realidad existente, permitiendo la modificación de la misma en forma no alucinatoria ni delirante. Es esta modificación creativa la que preserva la continuidad histórica y cultural de la humanidad. Frecuentemente ocurre un deslizamiento cuando hablamos de realidad externa, que consiste en desplazar lo espacial a lo temporal. Tendemos a otorgarle a la palabra realidad una significación relacionada con el momento actual, asociamos realidad externa con realidad actual negando el planteo freudiano histórico de la estructuración psíquica.
Teniendo en cuenta los dos tiempos de la producción de síntomas, pensamos que las alteraciones de la ética del mundo contemporáneo deben ser entendidas como un primer momento traumático histórico vivencial que si no se tiene en cuenta tendrá efectos nefastos.
Quisiera hacer un comentario final acerca de las manifestaciones de la pulsión de muerte en el campo de lo social. En un trabajo escrito hace muchos años he planteado que la masacre nazi permitía visualizar, y no sólo metafóricamente, la concreción de la pulsión de muerte en la fabricación material de objetos. Puse como ejemplo jabones hechos con grasa humana, lámparas hechas con piel humana, botas forradas con pelos humanos. Este siniestro hecho de la sociedad comenzó con pequeños pactos por pequeños beneficios, y también con pequeños daños a las víctimas. Aunque doloroso es tener que volver a repetirlo, reiterarlo tantas veces, es mucho más grave someterse a la repetición por ignorancia. Más grave es vivir en la naturalización de lo siniestro, tener vivencias cotidianas de esta índole que nos fuercen a la imposibilidad de reacción.
Anhelamos que incorruptible de la ciencia psicoanalítica nos permita enfrentar la corrupción y neutralizar así el predominio de la pulsión de muerte.
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Dra. Libertad Berkowiez
Directora de Apice. Asociación para la Investigación Científica y Epistemológica.
Buenos Aires, Argentina
apice@datamarkets.com.ar
www.apice.org.ar
Artículo escrito para la Asociación Psicanalítica Argentina, actualmente publicado en el portal de dicha Institución y reproducido con permiso de su autora.