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Mitos sobre la enfermedad mental.

Es un artículo sencillo en el que pretendo dar una diferenciación entre la psicología y psiquiatría de forma intuítiva. Es intentar responder a varias personas que me han preguntado sobre este tema y la posibilidad de de que un psicólogo medique.



La enfermedad mental. Miedos y realidades

Este artículo pretende deshacer algunas creencias erróneas relacionadas con la enfermedad mental. Es un artículo breve y planteo algunos puntos interesantes para el profesional y el paciente de cuándo acudir a un psicólogo y cuándo a un psiquiatra. Nunca me lo han explicado, aunque a un nivel intuitivo se vende que en casos graves psiquiatra y leves psicólogo. Muchas veces trabajan en equipo o mientras uno realiza estudios, gestiones o prueba un nuevo tratamiento, el otro proporciona técnicas para mantener al paciente en un estado adecuado. Estamos en tiempo de listas de espera y a veces el problema puede tener un apoyo que lo acorte y evite el agravamiento.

Todos sabemos que la ciencia avanza, se acumulan teorías, se mejoran tratamientos médicos, psiquiátricos y psicológicos, pero existe un miedo a que un enfermo se cuele en nuestras vidas en un porcentaje de la sociedad. No me refiero a que uno tenga que dejar el trabajo por unos días o ir con pastillas, si no al miedo o morbo que provoca en la gente el comentar que uno tiene un trastorno y que es mejor no acercarse. Muchos las necesitan para trabajar y no es necesario que se entere toda la empresa. Todos hemos padecido una enfermedad física y es posible que la vida no siempre se nos muestre de color de rosa. Si uno se rompe un pie, los demás no tienen tanto reparo en ayudarle o salirle al encuentro, aunque esté de un humor terrible.

Me asombra ver cómo los propios medios de comunicación aprovechan la sonoridad de una etiqueta para dar dramatismo a un caso y captar la atención de telespectador o del lector que observa atónito las atrocidades que le cuentan sobre este individuo. Se llega a tal nivel de exageración o de magnificar el hecho que las conclusiones a las que se llega es que un depresivo o psicótico, uno entonces tiene más papeletas de ser un asesino en potencia. Muchas depresiones y brotes psicóticos se pasan en la cama y la gente las supera con pastillas o llorando al amigo de turno, por miedo a ser catalogado como un insecto de una rara colección. Mal hecho, las etiquetas pasan como los dolores de cabeza o a veces un poco más lentamente. Es como concluir que ser rubio o moreno te lleva al éxito social. Un esquizofrénico en 1971 que se curó en 1972 ya ha dejado de serlo. Imagine el caso de una persona que ha tenido una gripe o enfermedad física en las mismas fechas.

Algunos profesionales nos podemos encontrar en la situación de que nos piden amigos apoyo en cualquier lugar, pero quieren solapar la crisis que debería tratarse en un entorno preparado, con el apoyo y el precio de amigo, como nos pasa a médicos y demás personas. El que tiene un coche averiado pide que le ayuden pero no en cualquier sitio, los médicos a veces y psicólogos con el tema de que es importante, perdemos amistades y credibilidad. La gente le cuesta pedir una hora para temas personales o una baja temporal hasta por desconocimiento. Una enfermedad mental puede pasar simplemente por haber perdido algo y recuperarlo o incluso mejorar una posición. Pongamos el caso del viudo que se casa con una segunda mujer también adorable, o un deportista que supera una mala racha y abandona el hábito de beber a escondidas.

La diferencia es que el amigo ofrece un apoyo de escucha y consejo y el profesional tiene técnicas que no se pueden explicarse en cualquier sitio. En esos casos se trabaja como en urgencias, dependiendo de medios y apoyo. No es lo mismo en un bar lleno de amistades que se conocen todos, que un despacho donde hay pocas personas, se pueden tomar apuntes o presentar test. A veces hay que salir a otros ámbitos, visitar empresas y cenar hasta con el cliente porque el hombre tiene fobia a comer en público porque una persona le puso en ridículo.

La profesionalidad no siempre va en dar la razón a la persona o que logre su meta como le pasa al suicida. Me ha sucedido como a muchos colegas que las noches de discoteca eran historias para no dormir una detrás de la otra y de hecho solía decir que en horas de fiesta cerraba el chiringuito de forma eufemística. Recuerdo el libro ?La herida del terapeuta?, que acerca fenómenos de este estilo que complican el concepto de profesionalidad del especialista.

Imaginemos como un cirujano, el psiquiatra o psicólogo necesita un tiempo y un marco, excepto en el caso de que dé consejos casi de amigo o tenga autoridad y no le importe correr riesgos a costa de escrúpulos o necesidad. No interviene en cualquier parte como una pista de baile o servicios, aunque un cirujano puede recomendar pasarse por el despacho porque la boca parece demasiado pequeña.

Hay muchas personas importantes que lejos de tener miedo a recibir una etiqueta prefieren hacer uso de una oportunidad que les brinda la ayuda, ir a un despacho profesional o al del amigo que acaba de abrir, no necesariamente con la meta de ser mejores personas, pero si a vivir con más calidad el resto de su vida. Los que hemos llevado gafas nos habrá pasado que por ansiedad o prisas hemos estado buscando algo que llevábamos puesto encima y la solución empieza por pedir ayuda.

La enfermedad física es relativamente fácil de comprender. Hay un deterioro de algún tipo que hace que la persona no funcione o responda de forma adecuada en una situación. El deterioro puede ser un problema físico a diferentes niveles que hacen que un grupo de células, órgano, varios o un sistema se deteriore y las causas pueden ser muy variadas y no sólo una. A veces un traumatismo físico es el detonante y otras veces la propia degeneración por el paso del tiempo, una pobre alimentación o la demanda del exterior son posibles causas.

Por ejemplo, un atleta saturado tiene gran probabilidad de sufrir determinadas lesiones y una persona que está encamada y vive en un habitáculo apenas ventilado, comiendo pobremente y sufriendo algún tipo de enfermedad, tiene más papeletas para coger otros trastornos o enfermedades de las que ya tiene. El deterioro puede ser visible a gran nivel, me refiero al de la enfermedad física o pasar casi inadvertido y presentar problemas como mal humor como es en el caso de úlceras de estómago. No sólo el alcóhol las provoca y es interesante comentar su correlato psicológico. Un psicólogo puede ayudar a eliminar las causas y un psiquiatra también.

La enfermedad mental tiene el mismo handicap, puede correlacionarse con un deterioro general del organismo, un deterioro menor o simplemente pasar inadvertida, pero se nota que la persona no está bien como en el caso de la úlcera, aunque en las pruebas médicas no haya rastro de anemias, ni de úlceras o cualquier vestigio de patología física. No quiere decir que necesariamente esté enfermo a nivel físico. Lo indico con un ejemplo. Mi novio me ha abandonado y no trabajo desde hace diez años, porque vivíamos como pareja de hecho, es un ejemplo. El disgusto puede ser tal si me dice que me abandona porque ha conocido a una mujer explosiva y que a lo mejor me de por llorar y querer emular a la Barby de moda para reconquistarlo, en vez de pensar en el hijo y en la necesidad de trabajo. Mucha gente me dirá que el primer sistema es fantástico, incluso para darle una lección, ganar dinero fácilmente porque la imagen vende, es una opción menos más que madura. La persona no acepta un no, y vive de ello y en constante contacto para sacar partido y puede haber una evolución.

En ambos casos, en enfermedades físicas y psicológicas hay causas simples, o complejas y puede pasar inadvertidas. No quiere decir que no haya nada, las pruebas médicas no lo muestran por lo menos tal y como están los tiempos, porque hay cuestiones que necesitan investigarse. En otros casos hasta la prueba puede tener fallos y dar positivos casos, en los que los resultados son negativos. Hasta que no se descubrieron los virus la gente moría enferma, moría de algo que era desconocido. Algo que existía. Algunos pensaron que era un invento cuando surgieron las primeras noticias y no que el cuerpo reacciona a agentes externos o/e internos. Imaginemos una ineficiente canalización del regadío. Algunos pudieron hablar de castigo divino, otros de algún alimento en mal estado o la simple edad y la falta de higiene.

Una enfermedad física, casi todos hemos pasado por alguna, provoca desgaste y eso se traduce en una merma de las posibilidades físicas y de relación si no sabe aprovechar la oportunidad o debe cuidarse. Si uno coge un sarampión o varicela, es fácil que deba dejar de ir a clase unos días o al trabajo hasta que se reponga, para no molestar a los demás. Hay gente que aprovecha muy bien el tiempo (llama a los amigos, cuenta la historia y se beneficia del apoyo de grupo). La enfermedad es contagiosa y la gente de al lado puede caer enferma, es decir la amistad se mantiene a pesar de la distancia y es provechosa para el joven. En otro momento le puede pasar a otro.

Hay otras enfermedades cuyo contagio es relativo. Imaginemos que un niño tiene incontinencia urinaria y el aislarlo del colegio, porque alguna vez tiene problemas por la noche y sería una salvajada. Se le provoca la separación de modelos sanos, o incluso a aparte de la rutina de clase se pierde el recreo donde se pasa comentando con sus amigos la jugada de la noche de su futbolista favorito, y se daría demasiada importancia a un problema que no se relaciona con la asistencia. La pérdida de las clases es un mal que debería tener que asumirse, luego con doble esfuerzo y quizá el momento no sea tan propicio. El ejemplo es sencillo, no es lo mismo aprender a los cuatro años que a los seis, y a los seis hay que saber otras cosas. Tampoco es normal que un niño prefiera ir a clase para contagiar al resto con tal de que no se falte, o que el profesor le pueda obligar para evitarse el apoyo posterior de tener que darle horas extras, o leer un trabajo posterior.

Hay enfermedades contagiosas y otras que no lo son y si la persona pierde las relaciones acaba perjudicando a su familia y la comunidad también. Los compañeros se sienten molestos por tener que andar repitiendo cuestiones, que corresponden a cursos anteriores.

En el caso de la enfermedad mental es muy parecido al de la enfermedad física. Muchas veces van unidas y una puede ser antecedente o consecuente de la otra o simplemente parte de un cuadro patológico mixto. Si uno tiene las manos pequeñas o lleva gafas porque ha tenido un problema de desarrollo físico, es fácil cuando oiga que en el sexo el tener las manos grandes o no llevar gafas es importante para ligar, le moleste, salvo que tenga gran humor y optimismo en la relación. Muchas enfermedades psicológicas surgen de la comparación y descrédito de los demás. Se dice que uno es responsable de la interpretación, pero creo que es culpabilizar a la persona que sufre tal problema que puede ser real.

Supongamos una persona que se cree más nariz que persona. He salido con una persona que tenía casi la misma nariz que yo. Ella me decía que la miraban al pasar y sólo ven su apéndice y así es día tras día. El problema puede ser físico y puede ser mental. Si le duele, le molesta tener esa nariz en la que no caben las gafas o hay que hacerlas exproposito y además está todo el día agarrada al pañuelo porque no sabe como esconder lo que la ha dado Dios es físico. En el caso de la persona es un problema mental también. Si además el tabique está todo menos recto y la respiración es complicada la realidad, es que la intervención médica es posiblemente esencial. Le evitará problemas nasales, catarrales y además se puede mejorar una imagen que puede ser molesta para ella y para los demás. Es un problema médico, psiquiátrico y psicológico. Si la operan y le dejan una nariz que parece la del cerdito Porky puede encontrarse que su nariz es recta, pequeña y el aire que entra lo hace muy rápido y su pareja por las noches prefiera irse a la habitación de al lado.

Es decir que la labor de un buen cirujano evitará que haya efectos o que sean peores y le buscará el equilibrio entre rasgos, el psiquiatra o psicólogo le ayudará a aceptar que puede haber riesgos y que debe tener que estar preparada para que la calidad de vida no disminuya y para sentirse bien a pesar del paso del tiempo. Hay verdaderos obsesivos en torno a este tema. Un psicólogo o psiquiatra profesional, ayudará a que no pase demasiado en colaboración con cirujanos profesionales. Recuerdo como en Barcelona, en un gimnasio había psicólogos que pasaban consulta evitando el tema de horarios que tienen amas de casa y profesionales hace más de veinte años.

Personalmente me gustan los rasgos grandes porque como muchos dicen en casa del herrero cuchillo de palo, pero eso es otra cuestión. No se habla nunca de la gente que tiene rasgos pequeños y que precisamente le gustaría tenerlos grandes.

Imaginemos que aludiendo a los defectos personales producidos por temas físicos al grupo de amistades les gusta comentar tonterías y se corre el rumor que así fastidian a alguien como al amigo y a las personas que le rodean. Disfrutar haciendo el mal. La enfermedad es de la personas que sufren la descalificación y de sus familias, y pero también es de las personas que prefieren pasar el rato fastidiando. Existen trastornos que se caracterizan porque la persona prefiere pasar el rato alborotando y haciendo daño, engañando y haciendo que otros sufran, a mostrarse responsable y maduro para la edad. No son héroes si no más bien personas que se muestran asociales con determinadas personas o grupos. Imaginemos un grupo de chicos que son malos con las chicas y cuando ven a una, no paran de insultarla o de meterse con ella y si pueden llegan a las manos o el caso contrario de chicas que cuando ven a uno suelto o en grupo no lo dejan en paz, y desde insultar hasta lo que se pueda.

En muchos sitios la gente se ayuda, aludiendo al tema de cirujanos, no hay problema para darse el teléfono o recomendar a especialistas.

Me refiero a que hay enfermedades mentales que son producidas por otras personas, eventos y circunstancias y hay personas que provocan siendo pues, enfermos mentales. Voy a usar el ejemplo del vudú. Se dice que si una persona está poseída porque así lo dice una autoridad del pueblo, sacerdote o amigo, esta persona invadida por los espíritus, sufre el desprecio y el abandono porque está posesa- La gente que hace que muera aislado es culpable de no ayudar y de provocar su estigmatización. Hay casos en los que hay que poner límites o buscar un apoyo de algún tipo externo, porque hay enfermos que son muy complicados. El aislamiento o el castigo son recursos que se deben aplicar si la vida de alguien corre peligro y no queda más remedio. Son complicados de aplicar y tienen muchas contraindicaciones como el que se apliquen injustamente. La premisa de la superioridad o que no me conviene es la que hace que esta conducta patológica perdure, El aprendizaje es erróneo. Hago esto no porque sea bueno, justo o te favorezca si no por mi interés en la mayoría de los casos. Se aprende a mentir y a ser hipócrita además de buscar la revancha a la menor oportunidad posible.

Es interesante recordar en la historia, como muchas acusaciones de brujería o pruebas que hacía la Inquisición no las hubiera pasado la mayoría por no decir nadie. Que te aten los brazos a la espalda, junto a los pies y te tiren dentro de un gran barril y si flotas eres amigo de Satán es complicado de explicar y de entender, para muchos con la doctrina actual de la Iglesia. La envidia y el deseo de medrar o los celos hacían que la gente fuera acusada y muchas veces eran niños o niñas los que corrían a denunciar historias por temas de herencias y de cuestiones económicas. Han pasado siglos y supongo que la literatura y la tradición han desvirtuado muchas cosas, pero hoy en día la gente no suele ir con cuchillo o espada en ristre.

Recuerdo hace años cuando estudiaba un doctorado que no llegué a terminar, se hablaba de la presión social y la necesidad de cuidar la intimidad del enfermo. Si una persona por ejemplo sufre una cura de desintoxicación y tiene fuerzas por si mismo, no es necesario que todo el mundo ande detrás para provocar un examen continuo o si se acerca a una botella hay que estar atento si se la va a beber entera o se la pasa al vecino. Mucha gente abandona un vicio y no lo recupera ya en la vida, porque le supone un castigo el volver a hacerlo en sí mismo. Imaginemos la situación de las primeras relaciones de un joven o una joven con una madre posesiva y celosa y en un entorno muy restrictivo.

Si uno tiene dolor de cabeza, sabe que tomando alguna pastilla y haciendo una vida adecuada es normal que se le pase la jaqueca al rato, salvo que esté su organismo muy deteriorado. Si hace a todo el mundo partícipe del dolor va a tener por lo menos como consecuencia horas de hablar de algo que no es agradable y que simplemente rememorar es negativo, salvo que de con la persona adecuada en un buen momento y con los medios oportunos o que puede hacer algo por lograrlos.

Es bueno hablarlo con especialistas y no dejarse llevar por la obsesión. Sin tener que hablar mal de nadie, es decir, la gente que se preocupa mucho por una persona puede acabar dando importancia a algo que también tiene ella o acabará teniendo y estar hablando de un tema hace que no se hagan otras cosas más interesantes, para ambos que las pueden alejar del dolor. Imaginemos que en el grupo de amigos hay una persona que tiene jaqueca, lo normal es acompañarla a casa si le duele mucho o dejar en el taxi y volver si no es tarde y hay ganas. Lógicamente una persona tiene derecho a su vida y no ha de sufrir por el dolor de cabeza, porque la otra persona lo tenga. Si yo tengo miedo a los perros de una raza, lo normal es tratarme o que un amigo que tiene perro me presente al suyo. Si el perro me resulta horrible, se que hay tratamientos y que del asco de los perros o miedo muere poca gente salvo me acerque a uno, que lo provoquen y que el perro esté adiestrado o haya perdido la razón por hambre u otras razones.

El problema se engrandece porque el entorno exagere algo o lo minimice haciendo la vida imposible al enfermo o al revés. Me refiero a un entorno negativo en donde la búsqueda de prestigio no se mide por los méritos personales, si no por en relación a otro. Si yo corro en tres minutos un kilómetro, puedo sentirme feliz si mi amistad corre más o menos, si sé diferenciarme de él.

El mide tanto, hace tanto y es él. Si tengo que correr más que él y por casualidades peso más, soy más alto o más bajo, y mi éxito sólo lo miro a través de él, me olvido del resto de competidores y de la propia carrera. Hay mucha gente que se olvida de sí misma, porque vive para su pareja, para su familia o de otras personas. Otros viven de lo contrario, de hacer que todos los demás estén detrás suyo. La patología es no saber ser uno y vivir en sociedad.

Volviendo al chiste de los gemelos y las depresiones. Imaginemos que tengo trillizos en la familia, por decir algo. El primero se casa a los veinte, el segundo prefiere ser un solterón y vividor y el tercero le van los hombres más que a mí. Estoy segura que al tercero le puede pasar que si su pareja le abandona lo supere porque él mismo no lo tiene claro, en cambio el primero que es conservador y pierde a su esposa en un accidente la depresión no se le va por mucho que se le presente toda la colección de chicas disponibles. Cada caso es único y el ser homosexual no quiere decir nada, me refiero a que hay diferentes puntos de vista. Muchos heterosexuales lo parecen porque pasan más horas con personas de su mismo sexo y tienen más confianza que con sus parejas y si eres del contrario no hay posibilidad de meter baza.

El tema orgánico tiene poco que decir aparentemente, porque todo puede explicarse porque han ido a diferentes colegios y han tenido unos amigos distintos. Mamá y papá hicieron lo mismo. Un poco como el árbol que da frutos parecidos pero no siempre son idénticos aunque sea en la misma cosecha.

La enfermedad mental tiene cura. La duración es variable y los efectos del fármaco son individuales. Muchas de las personas que acuden a consulta preguntan la duración. Nadie plantea cuanto tarda una pastilla clásica para el dolor de cabeza o el tiempo que duele una fractura, aunque si lo conozca lo que suele durar el tratamiento general. En realidad es lo mismo, depende de la disposición del paciente y del propio médico, además de que el tratamiento sea el idóneo.

En el deporte, en algunos equipos y deportistas, se hablan de argucias relacionadas con temas de drogas y trasfusiones. Es un mundo que no me interesa desde el punto de vista participante. Hace años me ofrecieron en un gimnasio ponerme como se dice cachas con pastillas y me desapunté de dicho gimnasio por dos razones: La falta de seriedad (me llamaron gorda y demás a través de una niña) y segundo la falta de interés en ser mister músculos. El hombre cobraba por añadir servicios de apoyo. No me gusta el tipo andrógino y como para ser algo deportista no necesariamente hay que ser el mejor, preferí vivir mi vida. De ese período digamos autodidacta saqué varias conclusiones, el camino corto no siempre es el mejor y el esfuerzo puede merecer la pena. A veces me da pena no haber hecho ejercicios de calentamiento como paso por dicho centro, cosa que le pasa a un autodidacta a veces y a veces hasta el que es miembro de un centro deportivo y tiene un orientador o entrenador personal.

La idea de sano para unos es una cosa y la idea de enfermo es otra. Recuerdo que los ejercicios de mujer eran parecidos y que la meta se centraba más en el peso o en hacer que la máquina tuviera un rendimiento. Los pechos de las mujeres deportistas muchas veces parecen todo menos unos senos femeninos, tienen la ventaja de que no pesan, están más duros, pero son bastante masculinos. La máquina como he comprobado hace mucho y además supongo que las relaciones pueden hacer algo. Hay diferencias entre la altura de un hombre y una mujer, además de que la forma anatómica es diferente, con el ejercicio acaban hombres y mujeres pareciéndose.

El equiparar enfermedad física y psicológica es un poco lo mismo. No hay una relación directa y acabamos buscando siempre el mismo tipo de remedio a algo, que puede ser conveniente buscar solución de otra forma. Si cada vez que me gritan me tomo una pastilla, al final acabo con el estómago hecho trizas, necesito otras cosas y puede pasar por un cambio de empresa y un buen informe. Hace años tuve una consulta que podría haberse mejorado en ese sentido bastante. La cuestión es dedicar algo de tiempo o saber redactar un buen informe que se base en las excelencias y no los puntos débiles o la demanda del cliente, que es lo que le deja en descubierto o le encorseta en un entorno cerrado.

Pongo un ejemplo. Acudo al médico porque no me encuentro bien, hace una semana terminé el contrato y me encuentro triste porque no tengo dinero y me lo ponen mal en las entrevistas o me dan largas con la esperanza de que me llamarán pronto. El médico me da una pastilla y sigo buscando. Independientemente si tengo éxito y logro trabajo, creo que la pastilla me ha liberado. El médico ha debido escucharme y tiene una red de apoyo detrás, está en un sistema social. Mi lección es que la pastilla me ayuda a buscar un trabajo y a la menor contrariedad la pastilla me supone la muleta para cambiar de cara. Esta idea está muy vigente.

Si acudo al psicólogo me pasa un poco lo mismo, puedo tener éxito pero no me lo da la pastilla. La red del psicólogo también puede ser muy importante y las técnicas para mejorar el estado de ánimo, y la orientación para encontrar un trabajo. A veces el que acude es uno del gremio o incluso personas con mayor conocimiento porque en su plantilla o en su biografía ha tenido contacto con técnicas simplemente por un buen pasado deportivo.

Cada caso es diferente y la diferencia se hace a la hora de hablar. Algunos piensan que tomando una medicina el trastorno se pasa como el dolor de cabeza y otros sabemos que el dolor puede desaparecer, pero no la enfermedad. Si una persona está mal porque ha perdido el trabajo pero las causas no son debidas a cuestiones orgánicas puede ser mejor no acudir a un especialista médico, aunque el propio psicólogo le comentará la necesidad de hacerse pruebas en caso de notar trastornos severos. No obstante si no tengo trastornos físicos es bueno descartar patologías, a veces hay amagos de infarto por el disgusto que pasan desapercibidos.

Si me ha dejado el novio y no tengo ideas obsesivas ni ningún trastorno físico, si no lo que deseo es volver a tener compañía y distinta porque la relación ha sido negativa, el psicólogo es el adecuado o hasta una buena agencia matrimonial que tiene en plantilla o en dirección algunos que han estudiado una etapa específica de la relación humana.

En casos de trastornos físicos es mejor el médico o el psiquiatra. Si me siento mal sin tener problemas físicos porque me parece más sexy, puedo llegar a desarrollar un caso médico siendo en principio mi deseo de jugar con los demás al mover las piernas cruzando y descruzando, algo meramente psicológico en principio.

He recibido a lo largo de mi carrera profesional varias llamadas para preguntar cuando es mejor acudir a un psicólogo o psiquiatra. Creo que la respuesta es sencilla, el médico especializado en lo mental (trastornos de tipo físico: orgánico y apoyo en deterioro funcional) es el psiquiatra, el psicólogo trabaja en lo mental (deterioro funcional y apoyo en lo orgánico). Muchas veces es mejor trabajar en equipo, el tema no es tan simple como el que uno tenga un mal hábito de vida que pueda provocar deterioro que tenga una enfermedad que le deteriore su forma de relacionarse y de vivir.

El psicólogo no suele recetar medicación, pero posee técnicas muy interesantes como la mejora de respiración, relajación, la escucha, reestructuración de pensamientos y técnicas muy interesantes para mejorar la calidad de vida. No siempre hay recursos para trabajar un problema de forma global y aunque hay personas que compaginen ambas titulaciones, a veces la solución sencilla permite que la persona pueda alzar el vuelo por sí misma en breve y en otras son muchos los problemas que se acumulan y el hablarlo o organizar un plan de acción hará que la persona haga por sí y por contar al especialista lo que si se callara no haría.

Nunca he oído una buena diferenciación pero creo que aporto la luz de forma sencilla. No es lo mismo tener dolor en el pecho que sentir dolor en el alma, o un vacío muy grande, aunque los dos podamos entender me refiero al psiquiatra y al psicólogo a una persona que se queja de dolor de corazón. El dolor de corazón físico es una cuestión médica, el dolor a nivel de pérdida de ilusiones, amigos o de pareja es a priori del profesional de la psicología. Trabajamos las emociones más con el contacto humano, el médico trabaja más con el cuerpo y la química aunque en su trato, quiera ser más humano para apoyar y dar fuerzas al cliente como todo sanitario, e incluso conozca técnicas psicológicas. El psicólogo puede conocer los fármacos pero no puede prescribirlos por norma, salvo formación específica.

Siendo más explícita si cabe, si mi pareja o amigo me abandona, no quiere decir que tenga una anemia y que el llorar, necesidad que es física deba ser abortada, con un fármaco que me produzca el efecto contrario. Puede que necesite hablarlo y que si no recupere la amistad deba no encerrarme mi mundo, si no abrirlo a nuevas personas.

Quizá necesite la muleta de la medicación, pero sin agarrarme a algo por evitar algo que es natural en sí como es la sensación de pérdida y frustración. Como al ver una película triste, lo lógico es llorar y no ir corriendo a la farmacia.

La psiquiatría es tan importante como la psicología y es importante que se divulgue entre profesionales esta línea divisoria. No son lo mismo y no trabajan en lo mismo, pero tienen puntos comunes. Las herramientas muchas veces son diferentes, aunque trabajen en mejorar la calidad de vida de las personas que sienten tanto dolor físico como dolor vivencial.


Mª Vega Funes Martínez
mfunes@psicologoalicante.com

Autor:    Mª Vega Funes Martínez | Area:    Psicología
Título:    Mitos sobre la enfermedad mental. | Fecha de publicación:    13/05/2007 22:36:13
Etiquetas:    Psiquiatría y psicología

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