Sería absurdo proponernos estudiar la psicología en el capítulo de un libro, cuando en verdad hay escuelas, corrientes y universidades aplicadas al tema. Sólo nos propondremos darle un sentido más a esta disciplina, es decir, un sentido trascendental.
Como aquí se entiende por trascendental al sentir en sí, a ese sentir interno que todos poseemos, ya sea dado por las sensaciones de las percepciones sensoriales (P.S.) o bien por los sentimientos de las percepciones extrasensoriales (P.E.S.), entonces por psicología queremos decir el estudio de esa especie de sustancia a la cual nos hemos referido.
A su vez, y desde la mira de los esquemas de conducta, aplicaremos estos conceptos trascendentales al modelo que hemos llamado conductista-vitalista. Es decir, a las interpretaciones EOR psicológicas que ya se han desarrollado en los Capítulos de Física y Biología.
También, lejos de los dominios ortodoxos occidentales de las escuelas sistémica, conductista, psicoanalista, gestáltica, etcétera, cobrará importancia en nosotros la mira oriental de las transpersonales.
Tampoco pretendemos hacer ciencia, puesto que esta universalidad objetiva del estar despierto heraclíteo no es homogénea con la subjetividad de la psique. En suma, sabemos muy a nuestro pesar que la psicología no es ni será nunca una ciencia.
Lo no visceral:
Como el nombre lo dice, la psicología es el estudio de la psique. Aquí interpretamos por ello sus propiedades trascendentales, es decir, las del sentir interno o sentir en sí. Así la mirada, ella es una especie de sustancia o nóumeno; un substrato que no se configura en el tiempo y en el espacio, y por ende, es ajena a la causalidad.
Sabemos por consiguiente que todo lo que sentimos no es mensurable, es decir, que no podemos agraciarlo con la mensura y, por lo tanto, tampoco tenemos facultad para incorporarlo en el lenguaje puesto que éste es cuantificable como información.
De esta manera, la psicología es un dominio con características de eternidad; o sea, que se encuentra dada en la fenomenología inmanente y virtual pero sin pertenecer a ella ya que posee la categoría de infinitud.
Todo esto equivale a decir que para ella, es decir para la psicología, todo ocurre en un solo instante. Existe como estar por un lado, y es a su vez en un solo momento de la flecha del tiempo por otro. La holística que encierra estas propiedades determina que sus cualidades propias se suman en un totalismo que no se cuantifica. Es decir, que los sentires internos de una persona se suman pero no cuantificadamente, sino que se unen unos a otros sin ocupar espacio ni tiempo; o sea, no se superponen sino se unen.
Detengámonos un momento en esta propiedad, porque como se verá, es de difícil explicación y, por ende, también de compresión.
Se está diciendo que un sentir psicológico, como puede ser un temor, un humor, etcétera, dados seguidamente o distanciados en el tiempo, todos ellos en cada categoría ?es decir el temor con otros temores, el humor con otros humores, etcétera? se adhieren y no suman en sus respuestas viscerales. Esto parecerá, a primera vista, un error, por cuanto se dirá que el aumento de temor presenta diferente esquema de conducta. Pues bien, es que ocurre que esto no se niega, sino que se está hablando de otra cosa, a saber, que se está hablando del temor en sí.
Cada factor trascendental es para sí y para lo demás algo único y no cuantitativo, sino sólo cualitativo. Es algo que no transcurre, es algo que tampoco ocupa lugar; es, en síntesis, algo no acumulable. Es sólo unible como la conjunción de la lógica.
Un dolor cualquiera desapetece, y más dolor más todavía; pero, no se negará, que esta experiencia de dolor siempre será única en cuanto a su mira de dolor en sí. Por más que visceralmente se la propugne y produzca reacciones diferentes debido a irritabilidades, su substratum es trascendental y es siempre el mismo.
Todo nuestro organismo se encuentra sometido a sentires, pero todos ellos, en sí, son siempre únicos en tiempo y espacio. Son holísticamente dados como un punto e instante en algún cuadrivector del sistema irritable fisiológico.
No hay dolor en lo trascendental excepto como su propio en sí, sino sólo en lo visceral se manifiesta el fenómeno del displacer. Y esto es dado porque no se encuentra en su realidad el espacio y tiempo de la inmanencia. Por ejemplo, jamás duele ni place el pensar, porque su dominio no es inmanente.
La inmovilidad:
La materia es una sustancia que la sabemos en movimiento. Ella, al encontrarse bajo las "formas" kantianas de espacio y tiempo, es decir, en función del cuadrivector espacio-tiempo relativista, siempre se halla en constante posición impropia con respecto a las coordenadas de algún otro referente observable.
Otra propiedad de la materia es su degradabilidad, es decir su corrupción o entropía. Esto determina en ella un mantenimiento para sustentarla inmóvil. En la neurofisiología inmanente debemos alimentarla bioquímicamente, y en lo virtual del pensamiento con el descanso o sueño de onda lenta.
En cambio, la psicología, como entidad fuera de lo percibible sensorialmente, no puede estar en movimiento nunca. Ella no se desplaza. No podemos afirmar que un sentimiento o sensación puede navegar de un lado a otro en el cuadrivector fenoménico.
Ella, la psique, es instantánea y puntual en todo el dominio del fenómeno inmanente. Puede "volar" por todo el fenómeno, incursionarlo, penetrarlo, y más. Ello porque sus propiedades infinitesimales no son homogéneas con las finitudes del fenómeno. Su inmovilidad es, por consiguiente, algo metafísico.
Tampoco requiere mantenimiento, es decir, que todo sentir interno es ajeno a las propiedades entrópicas de la inmanencia y virtualidad. Por ejemplo, no necesitamos recrear el amor hacia un ser querido para quererlo más, aun a pesar de equivocadas interpretaciones que existen al respecto, porque, como bien acotara Krishnamurti, esto no puede ser practicado:
[...] El amor no pertenece al tiempo. No podéis practicar el amor. [...]
Nadie puede detener o mantener un sentimiento o sensación ya percibida. Ella queda en lo profundo de nuestra psique. Y decimos "profundo" porque no tenemos otro vocablo mejor que "signifique" esta inefabilidad de lo trascendental.
Muchos se han preguntado si existe interés en los sentimientos, y aquí se responde que no, pues lo trascendental, como ajeno a lo fenoménico no puede determinar en su dominio ninguna transacción, es decir, no posee realimentación ni dialéctica en sí mismo. Nunca puede haber economía en lo trascendental y metafísico.
La fusión de los sentires:
El sentir que tenemos por alguien querido, junto a lo que siente éste por nosotros, es un objetivo de experiencia trascendental que fundirnos en un sentimiento mutuo sin ninguna representación. Es decir, sin llegar a imaginárnoslo siquiera.
Esta propiedad holística de lo múltiple en la unidad ya ha sido observada por Fichte:
El sonido simultáneo y la armonía no son nada en los instrumentos. Son sólo en el espíritu del oyente, que dentro de si se hace de lo múltiple una unidad.
y también por D´Alembert.
Ahora bien, y es el siguiente un punto importante. La homogeneidad de lo trascendental sólo puede darse con lo trascendental, empero nunca con lo inmanente o virtual. Es decir, que podemos poseer un sentir aplicado a otro sentir propio o ajeno a uno mismo, pero todo aquello que pretenda fundirse, o bien identificarse con los objetos de la experiencia fenoménica, nunca lo son en sí.
Como ejemplo de esto último, podemos tomar el caso de la música, o bien el de los objetos "sentimentales" que se suelen guardar como recuerdos. Ellos, nunca expresan sentimientos propios de la inmanencia; y esto ha sido, es y esperamos que no sea nunca más, una cuestión de engaño en nuestra conducta y apreciaciones de la vida.
También, y a modo ilustrativo, tenemos los casos de similares y simultáneas sensaciones de hambre, dolor, premoniciones, etcétera, que se dan en muchísimos hermanos gemelos.
La sensibilidad y el sentir:
Diferenciamos la sensibilidad del sentir en sí.
El primero es un quantum mensurable, inmanente, es la visceralidad que pondera al sentir. El segundo es trascendental y por ende trascendente (metafísico). La sensibilidad posee, a su vez, dos concepciones: por un lado y como se dijo, es percepción; y por otra, es ampliación de una percepción. Suelen confundirse.
El sentir en sí se ofrece de dos maneras aunque son una sola, a saber: como sentimiento en sí y como sensación en sí formando parte de él.
El sentimiento en sí (o percepción extrasensorial P.E.S.) está en función del sujeto, del ser biológico consigo mismo. Ej.: el sentimiento la justicia, de amor, etc. Por lo tanto, es activo, toma partido en la volición.
La sensación en sí (o percepción sensorial P.S.) está en función del objeto, de lo no-biológico o externo. Ej.: la sensación del color verde, del tono de 1100 Hertz, del calor, etc. Por lo tanto, es pasiva, no toma partido en la volición.
Así, el sentir es un verbo, y los otros dos no. Se puede sentir la sensación o el sentimiento, pero no se puede tener sensación del sentir, ni sentimiento del sentir: Sí se podría tener la sensación de un sentimiento, o bien el sentimiento de una sensación, o la sensación de un sentimiento de una sensación, etc. ad infinitum, o sea que son autoaplicables, homogéneos, ya que ambos son, en realidad, una y la misma cosa: un sentir que se expresa de distinta manera.
En una palabra, el sentir es la unión del sentimiento con la sensación. Y en ello consiste todo el estudio de la psicología pura o trascendental.
Lo cualitativo:
Como lo trascendental, es decir, aquello psicológico dado como sentir en sí se halla fuera del tiempo, espacio y causalidad, y no es cuantitativo. A él se debe únicamente lo cualitativo, es decir la cualificación de lo predicativo del sujeto lingüístico.
Ya Berkeley observara que las cualidades son sensaciones:
[...] las cualidades no son otra cosa sino sensaciones o ideas, las cuales existen sólo en una mente que las perciba; [...]..
y Feuerbach como trascendentales a priori:
Antes de pensar la cualidad, se siente la cualidad.
[...] la realidad de la sensación es la cualidad, e inversamente, la sensación es la realidad de la cualidad, [...].
[...] El dolor del amor consiste en que no está en la realidad lo que está en la representación. [...]
El sin sentido:
Tanto lo psíquico, siendo metafísico, sabemos que no es causalístico y, por ende, aunque apetezca de motivos, no transcurre en el dominio de las explicaciones, sino sólo en el de las comprensiones. Por ello no se puede hacer ciencia de la psicología; es decir, no se puede universalizar lo subjetivo y menos aún aprehender sus metaobjetos o nóumenos.
La trascendentalidad de la psique, al no ser causalista, produce una conducta que no tiene explicación, o sea, que carece de motivos. Ello se ve más cuanto menos intelectual es la persona, en otras palabras, cuanto menos desarrollado tenga su sistema nervioso y más tienda a lo endocrino, es decir, a aquello animalesco y vegetal. En efecto, cuanto más se abogue por calificársela de incoherente o sin sentido su conducta, o enferma de imbecilidad.
De hecho, como toda trascendencia, la psique carece de flecha termodinámica y por ende de sentido. Es decir, no es percibible por las sensibilidades fisiológicas como coherencia temporal, sino solamente como sensación trascendente. Y por ello, jamás tiene explicación última que satisfaga, puesto que pertenece al extrasentido y extracoherencia de la vida.
Por ejemplo, ya se adelantó en esto el sabio Salomón al calificar a la "vanidad" como "vacuidad", osea como vacío sin sentido o coherencia inmanente.
Lo innato:
Lo innato es obviamente existente. Todo a priori lo manifiesta.
Son ejemplos el miedo a la caída que tienen los niños recién nacidos, o como observara la hija de quien les habla en una documental cuando viera que un cachorro felino tenía temor de una serpiente que jamás habría visto; también lo evidencia los esquemas de conducta instintual de los animales (migraciones, labores, etcétera); variados aspectos trascendentales en individuos (vanidades, humores, etc.); y mil más.
La psicología así vista, lógicamente es provista por una trascendencia inexplicable. Solamente aquellos factores genéticos que demarcan la continuidad geno y fenotípica pueden entenderse.
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Eugenio Tait
Licenciado en Filosofía
Ingeniero en Electrónica y en Electricidad
taiteuge@copetel.com.ar
www.geocities.com/EugenioMTait