Para ser un gran campeón no basta con poseer una cualidades físicas excepcionales. El deportista de elite, cuando sale a competir, no sólo mide su potencial físico con el de sus rivales, también mide su potencial mental, es decir, su capacidad para controlar la tensión, concentrarse, y, sobre todo, afrontar el estrés que se genera durante la competición. El atleta que reúna la mejor combinación de habilidades físicas y psíquicas, será el vencedor.
No daremos nombres, pero seguro que todos nosotros podríamos recordar un gran número de ejemplos de deportistas -de cualquier deporte, individual o de grupo- que, tras la derrota, reconocen públicamente no haber logrado el nivel mental óptimo que les hubiera conducido al triunfo: "Hemos perdido la concentración", "No hemos podido reaccionar a tiempo", "Estos últimos días hemos estado sometidos a una gran presión y ahora pagamos las consecuencias".
Si lo pensamos bien, veremos que los deportistas casi nunca se lamentan de que su estado de físico no sea el más adecuado para conseguir el triunfo, y que, en cambio, suelen quejarse con mucha más frecuencia de factores psicológicos como el estrés, la falta de motivación, etc. Igualmente, podríamos encontrar ejemplos de lo contrario: deportistas que, tras conseguir el triunfo, declaran: "Me he encontrado muy bien a lo largo de todo el partido, carrera, ..."
Y todos sabemos que cuando un profesional del deporte manifiesta haberse encontrado bien, no sólo se refiere a que sus brazos a sus piernas han funcionado perfectamente. De alguna manera, viene a decir que su mente también ha estado perfecta, óptima, al máximo rendimiento.
La importancia de la psique sobre el rendimiento deportivo es tan grande que podríamos afirmar que el verdadero reto para el buen deportista es aprender a focalizar adecuadamente todo su potencial mental para que su cuerpo funcione al nivel máximo del que es capaz de funcionar.
En este punto es donde toma el relevo la psicología deportiva.
---
Raimon Gaja
Vida deportiva, nº 6