Nuestro convulsionado México, tiene entre sus multifacéticos problemas, uno, que nos lleva a vernos las mascaras con las que transitamos a cada instante del quehacer diario de esta trastocada nación, empecinadamente dividida, no por la rosa de los vientos, sino por nuestras maneras diversas de pensar; ahí donde los tonos y colores de nuestro mapa político, nos invitan a las divergencias, que hacen que seamos el mas surrealista de los países de occidente (ojala viviera Sartre).
Hoy nos reconocemos como un Estado Laico, y transitamos de manera inestable el pulso del 130 constitucional, en los reflejos que nos da el espejo de nuestro trasnochado civismo, y nos indican los rostro de una simulación que raya en la hipertrofia de nuestra sociedad. Recordamos que la educación esta consagrada en nuestra Carta Magna, como Laica, sin embargo, a lo largo del país, se imparte abiertamente educación religiosa en instituciones, básicas hasta superior. Hoy, en los albores del siglo XXI, aun nos ocupa la aprobación de la despenalización del aborto, y se ha dicho tanta barbaridad, y quienes más han contribuido al freno de la mayoría de edad, es sin duda, la jerarquía religiosa, que se rasga las vestiduras con golpes de pecho y una taza de chocolate caliente, y bajo el brazo el expediente de sacerdotes pederastas, corruptos oligárquicos, con una alacena repleta de fotografías de eventos sociales donde comparten con los poderosos el éxito de no pagar impuestos y brindan por que llego otro año sin reparto de utilidades, y rezan compungidos por el padre Amaro.
El Estado Moderno, una metáfora que se cuelga en un tendedero, que más parece escapulario, tal vez si Juárez no hubiera muerto, seguiría dando la batalla a tanto conservador convulsionado, que en su doble moral rechaza que las mujeres tengan la libertad de decidir que es lo que les conviene, a que tomen su vida con sus múltiples caminos y responsabilidades. Es necesario que nos dejemos crecer y a ser mayores de edad, no siempre debe estar el espectro de las buenas conciencias diciéndonos que sendero es el que tiene menos espinas. Invito a esas buenas conciencias, a que compartan su pan con las amistades de santuario, a los señores que tienen éticas acorde a diversos estadios de la libertad, a los que se asustan con la igualdad de géneros, a los que desayunan en el prójimo y se dedican a morder, en vez de revisar su paja ocular, a que dejen que evolucione una sociedad que se hace cada vez más compleja y diversa y que en la coloración de pensamientos esta la riqueza de nuestras conciencias, ya que gobernación y religiosidad empiezan por nosotros mismos y que nuestro cuerpo es solo responsabilidad del hipotálamo que lo carga.
Juan Jesús Vázquez Vilchis.
(Juan Vilchis)