Definición
La anorexia nerviosa se puede definir como una alteración por defecto de los hábitos o de los comportamientos relacionados con la alimentación. Las personas que sufren anorexia dedican una gran parte de su tiempo a todo lo relacionado con la alimentación (control de comidas, de calorías, tipos de alimentos, etc.).
La bulimia se puede definir como la alteración o trastorno de la alimentación cuya característica fundamental es la continuación de episodios incontrolables de comer en exceso, seguidos de acciones encaminadas a acabar con los sentimientos de culpa y remordimiento que le ocasiona esa ingesta de comida (autoinducción al vómito, consumo de laxantes, ejercicio excesivo, etc.).
Un poco de historia
La anorexia es un trastorno conocido desde épocas muy antiguas, estos casos documentados están fundamentalmente relacionados con la vida de algunas s
a
ntas (como santa Wilgefortis que ayunó y rezó a Dios para que le arrebatara la belleza y así ahuyentar el deseo de los hombres). En el año 1694 se catalogó a esta enfermedad como "consunción nerviosa" siendo ésta la primera descripción y definición médica de dicho trastorno. Pero fue sobre el investigador Gull quien utilizó por vez primera el término de "anorexia nerviosa" en una conferencia pronunciada en Oxford sobre este trastorno. A principios del siglo XX esta enfermedad empieza a tratarse desde un punto de vista endocrinológico, y en 1914 un patólogo alemán certifica la primera muerte de una paciente víctima de las consecuencias de esta enfermedad.
La bulimia aparece reflejada como "curiosidad médica" en algunos diccionarios médicos de los siglos XVIII y XIX. En esta época se describió la "kynos orexia" o hambre canica
como un sinónimo de lo que actualmente conocemos como bulimia, considerándola una enfermedad consecuencia de un estado de ánimo anormal. En la década de los 70 fue descrita como un síndrome de purga y atracones que fue definido como bulimarexia. La denominación de bulimia fue aplicada a partir de 1980 y finalmente se adoptó el término de bulimia nerviosa a partir de 1987.
Si bien tanto la anorexia como la bulimia son enfermedades que eran conocidas desde hace décadas, es en los últimos años en los que han experimentado una gran expansión entre la población en general. En las últimas décadas, en los países más desarrollados estas enfermedades se han convertido en un gran problema que afecta a miles de personas, sobre todo a jóvenes sin que las autoridades e instituciones pongan en marcha un paquete de medidas (médicas, educativas, de control de publicidad, etc.) que comb
atan unas enfermedades con consecuencias tan graves como la anorexia y la bulimia.
Síntomas
Los síntomas más comunes y característicos de la anorexia nerviosa son:
- La negativa a mantener un peso corporal por encima del peso normal mínimo para la edad y altura del paciente.
- Una percepción totalmente distorsionada del peso, tamaño y/o figura de su cuerpo.
- Un temor o pavor fuerte a aumentar de peso o a engordar, aunque dicho aumento sea insuficiente para su constitución corporal.
- Un excesivo control o preocupación por todos los temas relacionados con la alimentación: calorías, tipos de alimentos, etc.
- En las mujeres la ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos.
- La negativa a comer en pública (utilizando cualquier tipo de excusas).
- Existencia de periodos de ayuna o de inanición extendida.
Algunos de los síntomas más frecuentes en la bulimia son:
- La aparición de episodios recurrentes de atracones de comida.
- La utilización regularmente del vomito autoinducido, de los laxantes o diuréticos, de cualquier tipo de dieta estricta o ayuna o el ejercicio muy fuerte para evitar cualquier aumento de peso.
- La pérdida de control y dominio durante los atracones.
- Una gran preocupación por mantener la figura y el peso corporal.
- Una gran preocupación por su aspecto físico que tiene como meta resultar lo más atractivas posibles.
- Aparición de síntomas de depresión.
- Comer en secreto o lo más inadvertidamente posible.
- Mantenimiento de un peso mínimo normal estándar para su cuerpo. A diferencia de los enfermos anoréxicos la persona con bulimia no posee un cuerpo excesivamente delgado que le delate o dé una señal de alarma entre sus familiares.
En definitiva los trastornos alimenticios y el miedo a la obesidad son los principales síntomas de estas enfermedades. Los bulímicos son capaces de ingerir grandes cantidades de comida en muy poco tiempo y luego generar conductas purgativas o consumir laxantes y diuréticos de forma indiscriminada. Los anoréxicos tienen una gran tendencia a la inanición, acompañada de un gran miedo irracional hacia cualquier tema relacionado con la alimentación.
Factores desencadenantes No se puede hablar de una sola causa o factor que actúe como desencadenante de la anorexia o de la bulimia. Sin embargo a continuación relacionaré algunos de los factores más influyentes para el desarrollo de esta enfermedad:
a. Factores culturales Las sociedades imponen modas, estilos de vestir, formas de ser y actuar que implican un tipo de formas y la realización para conseguirlas a través de dietas.
En nuestra sociedad actual el éxito y la felicidad van asociadas a la
delgadez y a la
juventud, estos cánones de belleza y felicidad están además aliados y asociados a los medios de comunicación y a un implacable bombardeo continuo de anuncios, fotos, reportajes, etc., donde únicamente se ensalzan a las personas por su aspecto físico (siempre delgados, sin arrugas, vestidos con ropa cara y de marca, etc.).
Según algunas estadísticas, el noventa por ciento de las personas que padecen anorexia y bulimia son chicas de corta edad (entre los 12 y 24 años). Al mismo tiempo estas estadísticas reflejan que entre el 15 y el 20 por ciento de las jóvenes que se encuentra dentro del sistema educativo presentan algún tipo de desordenes relacionados con la alimentación. Estos datos encuentran explican a través de la gran presión, que desde jóvenes, reciben las mujeres por los ideales
de belleza impuestos por toda la sociedad y por las modas que las sociedades implantan y los medios de comunicación se encargan de divulgar (el problema de encontrar ropa para gente joven a partir de ciertas tallas). Este problema afecta en mayor medida a las mujeres, aunque en los últimos años ha aumentando el número de jóvenes masculinos obsesionados con la delgadez.
Sin embargo la vida normal, en las sociedades desarrolladas, está en contraposición de las modas que quieren implantar. Es decir, si las modelos y el ideal de belleza está unido a tallas cada vez más pequeñas, la media de las jóvenes en las tres últimas décadas se ha incrementando (mejora de alimentación, avances sanitarios, etc.). Al mismo tiempo nuestra sociedad fomenta unos hábitos de alimentación para niños y jóvenes basados en la comida rápida y el sedentarismo, lo que no facilita alcanzar los ideales
de belleza impuestos actualmente.
El entorno familiar, la presión del grupo de iguales, el papel de la mujer en la sociedad unido a determinados rasgos de la personalidad contribuyen a que algunas personas estén en riesgo de contraer estas enfermedades. Todos somos culpables de está actitud negativa ante los "kilos de más", ¿quién no se ha encontrado con una persona que hace tiempo no veía y antes de preguntar nada le dices: ¿has engordado un poco no? Sería positivo informar a través de campañas publicitarias para contrarrestar los efectos dañinos del culto a la delgadez.
b. Factores educativos Los factores educativos están asociados al punto anterior, la sociedad actúa de elemento educador que influye en la vida y el desarrollo de las personas que viven inmersos en dicha sociedad. Al mismo tiempo desde la familia y el sistema educativo se deben fomentar las habil
idades que apoyen luna maduración de a personalidad ajena a influencias negativas. Es importante fomentar en los jóvenes una personalidad fuerte que se deje influir lo menos posible por los demás, una autoestima adecuada y una toma de decisiones libre de interferencias ajenas. La constitución física de cada persona está establecida genéticamente y hay que aprender a vivir con nuestro cuerpo, y si bien un exceso de peso es un riesgo para la salud, hay que enseñar unos hábitos alimenticios adecuados y saludables para que la correcta alimentación lleve a un peso adecuado para nuestra estructura corporal.
c. Factores socio-familiaresEn un estudio realizado en EE.UU. se encontró que el 40% de las niñas comprendidas en edades de 9 a 11 años estaban tratando de perder peso por recomendación de sus madres. Algunos estudios reflejan que las madres de los anoréxicos tienen a estar sobre
involucradas en la vida de sus hijos, mientras que las madres de los bulímicos son excesivamente críticas y distantes con ellos. No quieren estos datos decir que las madres lancen a sus hijos hacia la enfermedad, pero sí que en un principio, cuando se está gestando la enfermedad, actúan con una influencia negativa al recriminar a sus hijos un exceso de peso o una sobrealimentación excesiva. La labor de los padres es establecer una alimentación correcta y fomentar en sus hijos el ejercicio físico.
Al mismo tiempo los hermanos y otros familiares cuando se muestran excesivamente críticos con el aspecto de los enfermos, no hace sino fomentar una recrudecimiento de la enfermedad.
Algunos estudios han reflejado que entre las personas que padecían trastornos de alimentación existían un índice alto de padres con problemas de alcoholismo o con abuso de sustancias adictivas. También parece ser que entre las
mujeres con trastornos de alimentación existe un índice mayor de abuso sexual, reportando algunos estudios que un 35% de mujeres con bulimia habían sido víctimas de abuso sexual.
d. Factores personalesDentro de los factores personales son muchos los que pueden influir en la incidencia de la enfermedad, a continuación relaciono algunos de los más importantes:
- La falta de aceptación como persona, muy relacionado con una falta de aceptación del propio cuerpo y de las formas del mismo. En algunas jóvenes se detecta un rechazo hacia los cambios que su cuerpo experimenta en esta época de su vida.
- La falta de autoestima y de seguridad en sí mismo, este factor provoca que la persona sea altamente influencia por las personas que le rodean y por la sociedad en general.
- Se ha encontrado en la mayoría de los pacientes con trastornos de la alimentación un excesivo perfeccionismo y un gran nivel de autoexigencia, este factor les lleva a un control excesivo sobre todo lo que hacen y sobre todo lo que ingieren.
- Algunos factores de contenido temporal como pueden ser experiencias de fracaso, conflictos con otras personas, divorcios, cambios de domicilio, etc.
- Los trastornos emocionales como la depresión o la ansiedad provocan en algunos individuos la aparición de estas
enfermedades.
- Algunos estudios han dado como resultado la incidencia de los factores genéticos en la aparición de estas enfermedades. Estos estudios han establecido que la anorexia es ocho veces más común en las personas que han tenido parientes con este trastorno, pero los expertos no saben precisar cuál podría ser el factor hereditario. Otros autores indican que no tendría nada que ver con la herencia sino con factores relacionados con la imitación o asimilación de los problemas de las personas mayores que han influido en el desarrollo de los enfermos.
Consecuencias Las consecuencias que la anorexia y la bulimia provocan en los pacientes que la sufren son de diverso tipo, entre las que destacan las siguientes:
Corazones pequeños. La pérdida de peso provoca alteraciones en el funcionamiento y en el tamaño del corazón. En un estudio realizado entre 130 niñas anoréxicas dio como resultado que la mayoría poseía un corazón más pequeño del correspondiente por su edad y que además dicho órgano sufría diversas alteraciones en su funcionamiento (prolapsos en la válvula mitral, derrames pericárdicos, etc.).
Procesos menopáusicos. La amenorrea (pérdida de la menstruación) es uno de los tres síntomas que sirven para el diagnóstico de la anorexia nerviosa y dicha pérdida ha sido asociada a un aumento de los niveles de ciertas hormonas, como el cortisol, y a la aparició
;n de la osteoporosis.
Relaciones afectivas conflictivas. Ambas enfermedades provocan una conflictividad grande en las relaciones de los enfermos que provocan problemas añadidos de soledad, aislamiento, ansiedad, depresión, etc.
Úlcera de estómago y esófago. La mala alimentación y la provocación, en algunos casos, del vómito conllevan la aparición de úlceras de estómago y esófago.
Riesgo de paro cardíaco. Cuando el problema de trastorno de la alimentación se vuelva crónico el riesgo de paro cardíaco es muy grande, en parte debido a una falta de potasio en el organismo unido a los problemas que el corazón experimenta en el proceso de la enfermedad.
roblemas psicológicos. Los enfermos están propensos a la depresión y se encuentran también en peligro de comportamientos impulsivos y peligrosos, como la promisc
uidad sexual y la cleptomanía. El abuso de alcohol y de otras drogas es también común entre estos pacientes, es decir cualquier comportamiento autodestructivo que atenta contra ese cuerpo que les esclaviza.
Anormalidades reproductoras y hormonales. La menstruación irregular o ausente a largo plazo es común entre las enfermas con lo que a largo plazo puede causar esterilidad. Al mismo tiempo estas anormalidades hormonales provocan crecimientos irregulares del vello y pérdida o caída del pelo del cuero cabelludo.
Estas son sólo algunas de las consecuencias que la anorexia y la bulimia pueden provocar en las personas que la padecen.
Tratamientos Prevención. Dado el alcance que puede llegar a tomar estas enfermedades (si es que no lo ha tomado en la actualidad), el problema es grave y se debe dar una gran importancia a la prevención primaria sobre toda la población y especialmente sobr
e los grupos de mayor riesgo (sector joven de la sociedad).
Las medidas preventivas deben llevarse a cabo desde distintos sectores de la sociedad: desde las instituciones, desde el sector educativo y desde la familia. La principal medida va estrechamente ligada a la educación. Una educación enfocada a unos hábitos alimentarios adecuados y una aportación de valores que vayan más allá de lo meramente estético.
Desde las instituciones que nos gobiernan, desde los centros educativos, los centros de trabajo y también desde los hogares se deben de valorar a todas las personas (y sobre a la juventud) en toda su integridad y no por unos méritos físicos que con el tiempo perderán su valor. También es labor de los padres y de la familia enseñar a unos hábitos de alimentación adecuados y a aprender a valorar la comida más allá de una simple ingesta y como una parte importante de nuestra cultura y nuestra historia.
Tratamiento de los enfermos. El éxito de los tratamientos para los trastornos de la ingesta depende de muchos factores, entre ellos: la propia personalidad del paciente y el deseo de cambio, la duración del trastorno, la edad a que comenzó la enfermedad, su historial familiar, su nivel de habilidades sociales y vocacionales, la concurrencia de otros problemas añadidos (como puede ser la ansiedad), etc.
Siempre hay que recordar que el tratamiento es un proceso largo y complejo donde las recaídas son frecuentes y la enfermedad siempre estará al acecho. Un buen programa de tratamiento ayudará a reforzar la autoestima y enseñará a los enfermos como enfrentarse a sus problemas sin incurrir en conductas autodestructivas. En caso de padecer estas enfermedades o de tener un familiar, amigo, etc., que las padezca se debe acudir a su médico o a un grupo, asociación de apoyo donde le darán asesoramiento sobre los recur
sos disponibles en su localidad para
el tratamiento de estas enfermedades. En general los objetivos principales de un tratamiento deben ser:
- Mitigar los síntomas físicos peligrosos o que representan una amenaza para la vida del paciente.
- Enseñar al enfermo a comer con normalidad y a tener una dieta sana.
- Investigar, con la esperanza de modificarlos, los pensamientos destructivos en relación con la ingesta, el peso, su cuerpo y la comida.
En primer lugar el equipo multidisciplinal que atienda al paciente debe realizar una evaluación del paciente antes de iniciar el tratamiento, donde debe ser evaluado su estado físico y mental en general, la gravedad del trastorno, la existencia de otros problemas añadidos y la voluntad del paciente para cambiar de situación.
Posteriormente a la evaluación y al estudio de los datos que la misma aporte se procederá a la realización del tratamiento rehabilitador. En este caso la metodología más utilizada está fundamentada en la terapia o psicoterapia. En el proceso rehabilitador debe estar implicada la familia del enfermo que de ser posible debe acudir a las terapias familiares a las que se le citasen.
Un tipo de terapia utilizada es la conocida como
terapia conductivista cognitiva. Esta terapia combina los mejores aspectos de la psicoterapia tradicional y la modificación de la conducta. Este método requiere
conocimiento y desafío de las conductas y pensamientos autodestructivos, seguido de los cambios apropiados en la conducta. De esta manera el paciente trabaja simultáneamente en las motivaciones interiores y las manifestaciones exteriores. Esta terapia implica los siguientes pasos:
- Intensificar el conocimiento del paciente de sus propios patrones de pensamiento.
- Enseñar a reconocer la conexión entre ciertos sentimientos, los pensamientos que provocan autodestrucción y la conducta de la ingesta trastornada.
- Examinar la validez de ciertos pensamientos.
- Sustituir las creencias o pensamientos erróneos por ideas más adecuadas.
- Cambiar gradualmente las suposiciones fundamentales que subyacen en el desarrollo de los trastornos de la alimentación.
Resumiendo en el caso de padecer esta enfermedad o conocer de alguien que pueda padecerla lo mejor es buscar ayuda los antes posible, acudiendo a alguna asociación, organización, educador social o trabajador social así como al médico para que nos informen de los recursos más cercanos para atajar una enfermedad que puede provocar la muerte y graves consecuencias que se padecen durante toda la vida del paciente.
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Antonio Vaca Alonso
Educador social
aeneex@mixmail.com]
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