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Aquél médico de familia...





Quienes tienen algunos años suelen evocar con nostalgia aquél médico de familia, ese personaje singular, al cual acudíamos ante cualquier malestar que nos afectara. El venía, entraba en la casa sin llamar y se instalaba. Al verlo ya uno se sentía mejor, casi bien. Sabíamos que él estaba de nuestro lado para protegernos.

Bastaba que nos dijera con tono paternalista "no es nada, te vas a curar rápido" para que una rara tranquilidad invadiera todo el ámbito familiar.

Nos atendía de todo, desde que nacíamos, y conocía toda nuestra historia, participando con consejos y alientos en las situaciones difíciles.

Conocíamos su manos tiernas con las cuales nos acariciaba en su meticulosa semiología clínica para llegar al diagnóstico ansiado. Nunca tenía apuro, nos escuchaba paciente y comprensivamente.

Cuando se iba, independientemente de su prescripción, un extraño bienestar quedaba flotando en el hogar. La mayoría de las veces ni siquiera quería cobrarnos y solía despedirse diciendo: "mañana vuelvo a echarte un vistazo". Era común que en algunos hogares pobres les dejara dinero para que pudieran comprar los medicamentos.

Si necesitábamos un estudio o una consulta con algún especialista, nos decía: "veníte mañana al Hospital", dónde trabajaba ad honorem para devolverle a la sociedad todo lo que ésta le había brindado, al haberle permitido llegar a ser médico para servir al prójimo.

Esta raza de médicos se fue extinguiendo.

La medicina se fue "socializando" con la aparición de las mutuales, las obras sociales y la empresas de medicina prepaga. El médico pasó a ser un empleado al servicio de aquéllas.

Las necesidades pasaron a ser la reducción de costos y la de ver muchos pacientes en poco tiempo como manera de compensar las bajas retribuciones.

Como un aluvión la tecnología fue reemplazando las manos del médico. Los exámenes abusivos y frecuentemente innecesarios y riesgosos, se fueron imponiendo en la fugaz consulta médica.

La medicina se fue fragmentando en especialidades que atienden cada vez un pedazo más pequeño del organismo. Y esto fue también penetrando en la mente de la población como una realidad inobjetable.

Si me presentan una persona y le digo que soy médico la pregunta obligada es: ¿y cuál es su especialidad?. Si les respondo: médico, queda desorientada. Cualquier sujeto con un dolor abdominal pide hoy por hoy, directamente por el gastroenterólogo. Para qué perder tiempo con el clínico.

Como corolario la medicina se deshumanizó.

Actualmente observamos la despersonalización de la relación médico-paciente, con su consecuente falta de contención emocional, de lazos afectivos, de su no involucrarse en el drama existencial del paciente.

Este ya no habla de "su médico" sino del "médico de la prepaga" , el cual incluso es cambiante, hoy le toca uno, mañana otro, y al que además por supuesto, no se lo puede llamar fuera del horario de atención porque la urgencia le corresponde a cualquier otro de guardia.

Antes, cuando el paciente iba a su médico salía reconfortado, casi curado, tranquilizado. Hoy cuando sale de la consulta se siente más angustiado, más inseguro, con una pila de estudios por hacer debajo del brazo y con la incertidumbre de un diagnóstico comprometido "que se debe descartar". Por que ahora también el paciente se debe hacer cargo de las dudas y las limitaciones del médico.

Tengo pacientes a los que frente a síntomas banales se les mencionó la posibilidad de cáncer, que luego fue absolutamente descartado. Sin embargo por su especial sensibilidad quedaron afectados y expectantes de la aparición de la tan temida enfermedad como si tuvieran una espada de Damócles sobre su cabeza, para siempre ...

Hoy se habla de recrear nuevamente al médico de familia o al médico generalista, pero más para un control de costos que para implicarse humanamente en la persona sufriente y sus circunstancias.

Afortunadamente, en nuestro medio, el médico homeópata guarda mucho de aquel extinguido médico de familia. Porque conserva el humanismo en el trato, porque se ocupa de su drama vivencial, porque es "su paciente", porque se interesa, se ocupa e influye en su historia. Porque ante todo su enfermo es una persona y debe ser comprendida y atendida en su totalidad, para ayudarlo a crecer y vivir mejor.

Lamentablemente aún poca gente puede acceder a una atención homeopática, por desconocimiento o por causas económicas, derivadas fundamentalmente de las condiciones en que se desenvuelve el sistema médico en nuestro país.

Es de esperar que en este siglo que comienza se pueda resolver este intrincado problema en que se encuentra atrapada la Medicina Oficial.

Mientras tanto, por lo menos, siguen vigentes los aportes de nuestra Medicina Homeopática.

---
Dr. Mario Draiman
Profesor Titular A.M.H.A.


Autor:    Mario Draiman | Area:    Medicinas alternativas
Título:    Aquél médico de familia... | Fecha de publicación:    30/07/2001 10:48:00
Etiquetas:    Reflexiones

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