1º de noviembre de 2001.
Día de Muertos
Luz del castillo
Bajo las nubes desahuciadas se anuncia el ascenso hacia el castillo. Monte encima de la realidad. Asciendo y dejo atrás el suelo de la lógica. He llegado a una zona de palabras que liberan las manos desprotegidas. ¡Avanza! El risco está a la vuelta de la tina y el abismo es la siguiente calle. Muros. Columnas. Aves. Desperdicios del mundo consciente se retiran, minuto tras minuto, y me abandonan en la pureza del encuentro irracional. En el castillo se hospedan los sueños, las exquisitas reliquias del destino, la vida inadmisible, la extravagancia sin remordimientos... ¡Asciende hasta el castillo y deja atrás los tahúres de las explicaciones!¡Asciende hasta el castillo!
El ascenso
Cada curva de la serpiente es un colmillo de la tuza. Cada curva de la serpiente es un gemido del zopilote. Cada curva de la serpiente es un salto del asfalto. Modula las voces de la noche. Mañana será el río. Mañana será el río. Mañana será hoy, para alcanzar el ayer. Mañana las columnas cortarán el tiempo. Las marionetas tienen sed y beben la miel de las fuentes del muro. Mañana el río masacrará los días. Mañana. Sed. Marionetas. Soy la marioneta que monta una víbora. Me lleva al monte encima de la realidad. Mañana resucito sin sed.
El arribo
La entrada a la boca de las rocas. Boca de cráneos. Bocas que tragan escaleras y escupen pasos. Cráneos de concreto. Hojas emergen y lamen las cavidades oculares. La escalera me eleva hasta el abismo. Columna insegura. Precipicio verde. Las gotas nos dan la vista y nos arrebatan el aliento. Explorar los sueños. Submarinos.
Los jardines
Flor encarcelada entre los rugidos del río. Las aletas de la verticalidad. Arcos sin sustento. Aletas del viento: días sin cola, sin branquias, sin quijadas. Los gusanos también vuelan. Los gusanos tienen esqueletos helicoidales de un acero indestructible y tragan imprudentes que saltan a las hoces de la selva. Precipicio de piedra. Voces innecesarias. Gritos de las tripas. Traga la luz. Capullos miran hacia las nubes y las comen, untadas sobre el tiempo.
Amar
Las palabras rebotan y sacan sangre de la piel. El amor es, a veces, el mejor asesino. No se debe amar si no se está dispuesto a morir mientras se camina por el sueño más inspirador. Las lechuzas pueden amar a su presa mientras la devoran. Al borde de la muerte, las aves cantan y susurran el destino de los suicidas. Te acecho como el ocelote acecha a la libélula. Ad infinitum.
Epílogo
¡Muerte a los turistas! Larga vida a quien sueña el concreto. Esto no es una construcción, es una desconstrucción. Ellos miran, nosotros vivimos, soñamos. Ellos tratan de entenderlo, nosotros lo tragamos y lo escribimos o lo pintamos. Quien me lee, si no es ahora un cráneo que vuela, está con ellos.
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Carlos Sánchez-Anaya
Catapulta
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