Los articulistas de opinión han de cubrir periódicamente determinados espacios medidos en palabras, líneas o páginas, que para eso les pagan. Les sucede, a veces, sobre todo cuando llevan años emborronando papeles, que el géiser creativo les deja de fluir porque las musas, bien toman sus merecidas vacaciones, bien ejercen el constitucional derecho de huelga. Entonces comienzan su columna exponiendo con graciosa intención su triste cuita, hilvanando después el pegote, como un caballo en el dominó, con la noticia que, traída por la cabellera, nos comentan.
Estos peregrinajes por los ubetenses cerros son, a mi entender, una tomadura de pelo al incauto lector que, llevado por el prestigio de la firma, los alaba como una muestra de ingenio o del savoir faire literaraire, y una estafa a la empresa que paga el excipiente superfluo al mismo precio que la medicina del medicamento, sin redundancias que valgan.
Y los que, desde luego, son el colmo de los colmos, son esos artículos en los que, a falta de otra cosa que contar, su autor nos cuenta que hay escritores que rellenan sus columnas contándonos que no saben qué contar.
Por eso, amable lector, si usted también necesita escribir y no sabe qué contar, y ha apreciado, como yo, esa falacia, le sugiero remita una carta al director contando que hay escritores cuyos artículos son pura retórica, para que todo el mundo sepa que hay escritores que nos defraudan.
---
Joaquín Botella García
Secretario del Ayuntamiento de Benferri, Alicante (España)
benferri@ctv.es