Mar del Plata, después de un verano en Brasil, de arena y risas, vengo a caer en la perla desteñida del Atlántico. Estoy solo, como siempre, para una distracción de cuatro días de calor, casino y señora apretujadas en mallas floreadas y pasadas de moda, pibes que corretean y alguno que se pierde. Encima al boludo lo aplauden.
¿Qué hago acá?
Vivo.
Vivo una sola noche mágica de luna llena, muchos recuerdos y un olvido inolvidable.
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Pablo Brión
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