- Adiós niña linda!- dijo Juancho a Miriam mientras ella pasaba a su lado.
No era casualidad que la viera, precisamente cuando ella salía de la escuela, de hecho, tres veces por semana llegaba religiosamente a esperarla. Y habría ido todos los días, de no sentir que estaba abusando de los cinco minutos de permiso que continuamente pedía o simplemente se robaba, a fin de poder estar a tiempo para ver la salida de las alumnas del INFRAMEN.
Había conseguido este trabajo, en el mismo taller de mecánica donde trabajaba un tío suyo, precisamente para tratar de agradarla. Para que ella dejara de decirle que solamente era un fracasado, parafraseando a las 'estrellas' de las omnipresentes novelas, que no faltan en cada hogar latinoamericano.
Era por gusto. Miriam pretendía no verlo ni escucharlo. Lo ignoraba malamente e incluso muchas veces lo había avergonzado frente a sus amigas.
- ¡Que no entendés que sos feo!"- le gritaba en su cara-, "¡sos un fracasado que nunca vas a pasar del corredor, pendejo!".
Con la determinación característica del guanaco bien nacido, Juancho se había propuesto conquistarla. Pensaba que si insistía, conseguiría, con el tiempo, hacer nacer en ella la idea que a pesar de su pobreza, era un buen muchacho.
El novio de 'la Miriam' era un cipotón bastante problemático. Se había metido en una pandilla y buscaba líos en cada esquina por donde paseaba su desgarbada humanidad y esto era algo que hacía todo el día pues era simplemente un vago, en toda la extensión de la palabra.
Tenía sin embargo, ese "look" que atraía las miradas de las muchachas. Usaba los pantalones a media nalga, las camisas parecían un error de empaque del almacén, pues eran varias tallas más grandes que la suya. Arrastraba los zapatos al caminar y con su andar cadencioso, parecía mecerse a cada paso, con una seguridad en sí mismo que solamente ocultaba el terrible dilema que era su vida. Yendo de una mala decisión a otra peor.
Eso, sin embargo, no importaba, pues cuando saludaba 'de beso' a las muchachas, con su cabello adecuadamente 'engelatinado' y mirando hacia otro lado al saludar como a quien no le interesa mucho, proyectaba esa imagen que gustaba tanto a sus admiradoras. Toda esta apariencia la aderezaba con una sarta de palabras obscenas que las jovencitas a su alrededor aceptaban sin inmutarse, pues así era la moda.
Javier, el novio de Miriam, había ampliado su impresionante gama de líos, al andarse cuenteando a la chava de 'el Candado' que era un pseudo-líder de una de las abundantes pandillas de la Zacamil.
A Javier ya lo habían amenazado, porque al 'Candado' ya le había llegado información y no iba a permitir que "un vato desgraciado le levantara a su chava". Para ellos todo se reducía a una cuestión de honor por un lado y por el lado del nuevo pretendiente, de cumplir su capricho y mantener esa imagen de 'gigoló de barrio bajo' que tanto le había costado conseguir.
Juancho mientras tanto no se daba por vencido y continuó su plan de conquista, con esa terquedad propia de los enamorados quienes están convencidos de haber encontrado "el amor de su vida" tal como lo predica el manual del tonto que pasa horas frente al televisor, aprendiendo consejos 'de la vida real'. Todo esto muy a pesar de los reiterados desaires de su amada Miriam.
La cosa se había complicado para Juancho, porque a Jorge, el hermano de Miriam, le caía mal tanto él como su insistencia. Admitía que aunque no era tan mal partido como su hermana aseguraba, principalmente si se le comparaba con el malviviente de su actual novio, sí era más necio que una viejita senil y eso había acabado por caerle definitivamente muy mal.
La realidad era que estaba considerando seriamente la idea de "ponerle la putiza de su vida para que se le quitara lo pendejo".
Ese miércoles, Juancho no pudo escaparse un poco más temprano de la hora de salida, porque al dueño del taller se le ocurrió a última hora hacerle el afinado al carro, al que consentía más que a su mujer y del cual Juancho pensaba que para ser honestos ya pertenecía más a las bodegas de CORINCA que a las calles de San Salvador.
- Ni modo- pensó-, es el jefe y de todos modos yo cuidaría la nave más todavía si fuera mía.
Puso manos a la obra y terminó bastante rápido, aún así, llegaría tarde y, además, sudado.
- Tenía que ser precisamente hoy, que quería que Miriam me viera con los jeans y la nueva camisa imitación Tommy que me compré con el último sueldo.
- ¡Puta! Que mala suerte -dijo en voz alta-, pero debo ser positivo, no voy a dejar que un pequeño atraso me aparte de mi meta y de mi amor.
El nuevo atuendo que se había comprado era muy similar a la ropa que usaba Javier. Pensaba que sí añadía nuevos elementos a su imagen y se parecía un poco más al tipo que le gustaba a Miriam, podrían mejorar sus posibilidades de conquista.
Así, caminando y corriendo, llegó al portón del INFRAMEN y preguntó sí ya habían salido los alumnos, aún sabiendo ya la respuesta.
Tuvo entonces una brillante idea, corrió a tomar el autobús, se dirigió al vecindario de Miriam y comenzó a recorrer el camino de regreso, sabiendo que a ella le gustaba caminar con sus compañeras "para chambrear en el camino a casa", por tanto, tenía una buena oportunidad de encontrarla en el camino.
No había caminado ni una cuadra cuando la vio venir, se alegró y comenzó a sentir ese revoloteo en el estómago que sentía cada vez que se acercaba a ella.
Lo que sucedió cuando estaba solamente a unos pasos de ella se tornó en una situación bastante confusa.
Miriam venía tan distraída platicando con su compañera que no lo había notado pero en el preciso instante que levantó su mirada hacia él con un gesto de disgusto y repugnancia, sucedieron varias cosas a la vez.
Se oyó el chillar de llantas de un vehículo, al cual nadie prestó atención. Juancho se abalanzó sobre Miriam, en lo que ella interpretó como un intento de besarla sin permiso. Ante esto, la compañera de Miriam se asustó y gritó. Jorge, mientras tanto al ver desde lejos a Juancho y adivinar sus intenciones de acercarse a su hermana, se había apresurado al lugar y al ver el gesto de Juancho y la consecuente reacción de Miriam de empujarlo y abofetearlo, se le lanzó y le arreció una sonora patada.
Juancho cayó de bruces y se quedó inmóvil. Miriam se acercó impulsivamente y lo pateó un par de veces más, pero aún así, no reaccionó.
Sólo unos momentos después, se escuchó una sirena. Dos agentes de la policía se bajaron de un 'pick-up doble-cabina' y se acercaron al grupo mientras el otro oficial terminaba de esposar al 'Candado'. Uno de ellos preguntó:
-¿Nadie salió herido?
Jorge sorprendido preguntó a su vez:
- ¿Herido por qué?".
- ¿No me digan que no oyeron el disparo que hizo este maleante?".
Sólo entonces se volvieron a ver completamente estupefactos, pero empezando a entender la situación causada por la confusión del 'Candado' en su búsqueda de venganza con el novio de Miriam.
Ambos, Jorge y su hermana miraron hacia abajo y ella en un movimiento mecánico y casi sin voluntad giró a Juancho boca arriba y vio que la camisa 'imitación de Tommy' había perdido su color blanco original para tornarse rojo escarlata, mientras los ojos sin vida de Juancho parecían mirar hacia un cielo que había buscado en un romance sin futuro.
---
The Sphinx
thesphinx@navegante.com.sv