Correos ya no es Correos, que es una S.A. cualquiera, camino del euro (como todo ya en este país). El Ministro de Fomento está desenpolvando la normativa reguladora de las entregas postales, de 1964, entre cuyas obligaciones se impone a los empleados de tal servicio (hoy empresa) la de repartir en función de la dirección y no del nombre del destinatario. De modo que el cartero, cuando no encuentre la placa de la calle (porque el ayuntamiento, tras varios años de haber recibido las obras, no la haya puesto todavía) ya no podrá llamar dos veces preguntando dónde vive fulanito, y entonces?
En las urbanizaciones será necesario instalar un panel de buzones para que cada vecino retire de allí sus cartas, gasto que habrán se asumir los urbanizadores y, cuando éstos ya se hayan evaporado, no sabemos qué va a pasar, quizá entonces?
Los "pocos sabios que en el mundo han sido" habrán de instalar el buzón a la entrada del camino de su ermita, porque el cartero, ahora un elemento de empresa, y como tal rentable, no debe perder tiempo en llegar hasta esas viviendas huidas del mundanal ruïdo. Los vándalos, suevos y alanos que aún permanecen por estos lares se van a calzar a hasta las rodillas. Pero si el nuevo sistema no termina de encajar en nuestros ya arraigados hábitos, entonces?
Entonces, si los carteros, como ya hizo alguno, abocan directamente la saca en el río, y alguien les descubre los ases bajo la manga, tendrán adonde remitirse para darle la vuelta a la cartas.
Entonces, la Orden Ministerial, ya sobre en la mesa del Excmo. Sr. que ha de estampar su firma en ella, quizá se troque en avión hasta que los vientos electorales sean estela, no sea que se corte la cara y su jefe, que seguro ha leído a de la Serna, recuerde aquella greguería suya que dice A los que llevan un pedazo de papel de goma pegado en la cara debían echarlos al correo.
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Joaquín Botella García
Secretario del Ayuntamiento de Benferri, Alicante (España)
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