No sé si algún día me arrepentiré de escribir sobre el tema de escritos, pintadas, grafitis que suelen adornar la gran mayoría de los lavabos públicos (al menos, los que yo he visitado, que no son pocos); pero no me negarán que no deja de ser un tema curioso. Primero, por la incidencia social de muchos de ellos que, como los chistes, han pasado a formar parte del patrimonio de la sociedad, hecho que corrobora la tendencia común que tenemos las personas a leer absolutamente todo mientras realizamos nuestras necesidades fisiológicas. Segundo, por la creatividad y el ingenio que encierran y, tercero, por la capacidad de suscitar sonrisas en momentos, a veces, tan comprometidos. En definitiva, un tema escabroso que no deja de ser una realidad y, por tanto, fascinante, ¿o no?
Sin embargo, hay algo que me tiene sumamente preocupado, y es que tengo la costumbre de ir a indagar a lavabos públicos y a servicios de establecimientos. Me basto con mi bolígrafo, una servilleta o un trocito de papel higiénico y mucha fuerza de voluntad, ya que he llegado a visitar auténticas ratoneras. En este sentido, he hallado escritos que muchos deberían llevar a la práctica, sobre todo aquéllos a los que les encanta dejar raíces incrustadas en váteres ajenos.
Como leí en un recóndito bar de Girona: "no es necesario exhibir vuestras faenas; por favor, después de cagar, tirad de la cadena". Siguiendo esta línea, se puede reforzar con un escrito tan sensato como el anterior, pero mucho más explícito: "Cagar da gusto, oler da pena, no seas guarro y tira de la cadena". Algo así deberíamos tener siempre muy presente. "¿Por qué será que todo el mundo a la hora de cagar se pone a filosofar?"; eso mismo es lo que me ocurrió el otro día mientras intentaba interpretar un grafiti en los servicios de la Facultad de Letras de la Universitat de Girona.
De aquí nació mi idea: escribir 'De escritos en lavabos'. Tal vez, sea para mí un tema fácil, mi leitmotiv, igual que lo son los vampiros y la figura del anticristo para los guionistas y directores de Hollywood cuando tienen una evidente escasez de ideas. Una escasez que parece ir para largo. He prescindido de aquellos escritos que se exceden en vulgaridad para evitar herir sensibilidades, pero me veo obligado a incluir los que, de alguna forma, me han impactado: unos por ser divertidos, otros por ser raros y otros, simplemente, porque me ha dado la gana.
Recuerdo uno que observé en la Estación de Trenes de Málaga, donde después de un largo viaje necesité ir al servicio: tenía la vejiga tan inflada como la gaita de Hevia. Cansado, exhausto, me senté y, entre sonoros gemidos, empecé a leer un escrito que destacaba por su singularidad. Constaba de frases breves superpuestas sobre la puerta: "Camino de España/ Camino de Flores/ Ca'mino me engañas/ Ca'mino me jodes". Continué más arriba: "Siento pasos/ Siento gente/ Siento quinse/ Siento veinte"; versos firmados por un tal "Servantes". Dichas trivialidades captaban poco a poco mi atención. Seguí leyendo: "Me he tirado a tu madre", y justo encima: "Papá, estás borracho, vete a casa". Entusiasmado, busqué la frase definitiva, escrita en el marco superior de la puerta: "siéntate gilipollas que estás cagando de pie". Nunca antes me había visto en una situación tan desagradable como cómica.
Otro escrito de este estilo, que leí en un pub de mi pueblo, Blanes, también tenía su picardía. Con letra pequeña, en el techo: "Si lees esto, te estás meando fuera otra vez".
Pero donde más información obtuve al respecto, fue en uno de los lavabos de la terminal A del Aeropuerto de Barcelona: las paredes, el techo, las puertas... configuraban un océano de frivolidades. Se podía leer desde el típico "Aquí cagó uno der Beti, manque pierda", a los insultos más espeluznantes.
La variedad era tal que se podría hacer una división en subclases: dentro de los políticos-serios, escritos fascistas con sus respectivas réplicas que conformaban apasionados debates. Teniendo en cuenta los constantes debates políticos que existen, los líderes de los partidos deberían escribir sus ideas y sus propuestas en los lavabos o, al menos, utilizarlos como alternativa de difusión. De esta manera, seguro que serían más seguidos y, tal vez, sería una eficaz vía para aumentar el número de votos en las urnas.
También observé algunos a los que me gusta llamar anecdóticos, ya que como anécdotas pasan de boca en boca: "Si cagas silbando, la mierda saldrá bailando"; "Todo el mundo puede mear en el suelo. Sé un héroe! Mea en el techo!"; "Qué triste es amar / sin ser amado / pero más triste es cagar / sin haber almorzado"; "Caga a gusto; caga contento, pero por favor cágate dentro"...
Pero lo que más me llamó la atención fue que más del 50% de los comentarios eran de índole sexual. Entre ellos predominaban los escritos sobre homosexualidad que reivindicaban la sodomía como principal fuente de placer y que, seguramente, pertenecían a personas reacias a salir del armario y utilizaban estos pequeños focos de cultura para publicar su tendencia. Aunque también habían textos que reflejaban la injusta situación a la que les somete la sociedad. Entre ellos destacaba el siguiente: "Da gracias a Dios, hermano, que lo que tienes en la mano, no lo tienes en el ano". Dentro de los sexuales, destacaban otros que abogaban por el uso del preservativo: "el mejor anticonceptivo: la nometilamininaperoximetilcongomina"...
A pesar de la gran cantidad de comentarios de este tipo, a veces demasiado bastos, encontré algunos que podríamos denominar filosóficos. ¿Por qué? Porque de una manera u otra hacen reflexionar. Me sorprendió uno que decía "El único chiste aquí es el que tienes en tu mano". Otro me hizo pensar en que dentro del lavabo no puede haber ni distinciones sociales ni ningún aire de superioridad porque "En este humilde rincón, hasta el más hombre se baja el pantalón".
Encontré también los que denomino machistas, pero prescindí de casi todos por ser excesivamente sexistas y poco originales. Aún así, podemos destacar un par que considero más moderados: "Una niña, por muy bonita que sea, se moja los pelitos cuando mea". Pero el más popular, y que en alguna ocasión algún amigo me ha recordado en una noche de borrachera, es: "ninguna mujer es fea, si la miras por donde mea".
Desde aquel día en el Aeropuerto entendí que, en general, los lavabos de uso público son espacios en los que el ciudadano se puede expresar libremente. Unos escriben para desahogarse y otros leemos para divertirnos. Si hay escritores de lavabos seguirán habiendo lectores de lavabos; es una tradición que debemos conservar. Ya en el ámbito privado, me estoy acostumbrando a leer libros en el lavabo porque no existe en el mercado ni una etiqueta de champú que no sepa de memoria: "Ingredients: Aqua, Ammonium Laureth Sulfate, Coco-Glucoside, Dimethicone...", a que os suena, ¿verdad?
---
Fernando González Lupiáñez
fermati@telefonica.net