Un aspecto relevante en la gestión cultural está relacionado con las dificultades para el establecimiento de vínculos con otros colegas, se resalta el incumplimiento de los compromisos establecidos entre gestores.
Por ello, se hace necesario inducir o abordar decididamente la reflexión sobre el ethos del gestor cultural y de una ética empresarial en el campo de la cultura. La preocupación central por el problema ético en lo educativo y orientado al ejercicio profesional, se plantea desde el presupuesto principal: "la formación ética se funda en lo cotidiano, es decir, que se entreteje en la rutina diaria, en las relaciones a través de las cuales mantenemos interacción permanente con los otros".
"Por eso, es preciso complementar una ética de la buena intención individual con una ética de las instituciones y las organizaciones, ya que, en definitiva nuestras acciones se mueven en el ámbito de la acción colectiva. El actual éxito de las éticas aplicadas camina en este sentido: la ética de la empresa, de los medios de comunicación, de las profesiones".
La moral de la buena voluntad tendría que complementarse también con una ética de la responsabilidad, que además consiste en asumir las consecuencias individuales y colectivas, o mejor dicho cívicas, en pocas palabras apuntamos a una moral cívica. Para Adela Cortina, la mejor manera de entenderla es haciendo una distinción entre lo que ella denomina ética de máximos y ética de mínimos. Dentro de las morales o éticas de máximos se encuentran las éticas conciliatorias, que son las que se basan en los consejos y experiencias de las personas que merecen confianza tanto en su saber como en su hacer, esta ética es clave inclusive para el desarrollo científico y de cualquier tipo, dado lo importante de sus aportes.
En el contexto de las morales de mínimos se encuentra la moral cívica, "es decir, de aquellas que únicamente proponen mínimos axiológicos y normativos compartidos por la conciencia de una sociedad pluralista, desde los que cada cual debe tener la plena libertad para hacer sus ofertas de máximos; hasta los que cada miembro de esa sociedad puede tomar decisiones morales compartidas en cuestiones de ética aplicada".
No podemos quedarnos en una fructífera disquisición filosófica aparentemente distante de nuestro interés, sino debemos hacer brotar sus frutos para el deleite entusiasta del ejercicio académico y profesional; por tal motivo es necesario abordar a Adela Cortina cuando señala que: "La nuestra es una época managerial, y nuestra sociedad, una sociedad de organizaciones en la que la empresa constituye el paradigma de todas las restantes. De suerte que algunos lleguen a afirmar que si la solución delos hombres ya no puede esperarse únicamente de la sociedad, que quería la tradición rousseuriana, ni tampoco de Estado, como pretendía el "socialismo real" de los países del Este, ni por último, de la conversión del corazón de la que habla cierta tradición kantiana, es una transformación delos organismos la que puede "salvarnos", siendo entre ellos la empresa un referente. Por eso importa, con énfasis a los miembros de las empresas culturales y también a quienes -estudian y- trabajan en las restantes organizaciones, apr
ender de la ética empresarial el modo de actuación que nuestro tiempo exige a las organizaciones que quieren sobrevivir, crecer y comprometerse.
E importa a los miembros de la sociedad en general prestar atención a la conducta de esos personajes que encarnan como pocos los ideales de un tiempo: líderes del mundo empresarial. Porque el líder empresarial ha venido a considerarse socialmente como el paladín de los más admirados valores, como el ejemplo de las más envidiadas cualidades y los más codiciados resultados, sustituyendo al caballero andante de las gestas medievales, al burgués de la revolución industrial, al obrero revolucionario de la tradición socialista, a los héroes bélicos de nuestros relatos infantiles, al militante comprometido de nuestra juventud.
Intentamos por adentrarnos en las claves de una empresa que sea ética y rentable, de una empresa en la que la eficacia no venga reñida con la equidad. Por eso no puede ni debe optar lisa y llanamente por un liberalismo salvaje o un romanticismo inocente, sino que cualquier propuesta que realicemos se encuadrará en el marco de un Estado social y democrático de derecho, como también en el nivel moral de justicia, en que son justas las decisiones que tomaríamos poniéndonos en el lugar de cualquier otro, lo cual excluye tener por justo lo que sólo satisface las necesidades particulares olvidando el bien común. Podemos afirmar con Fernando Savater que la reflexión sobre las pautas valorativas que orientan nuestro actuar cotidiano no es "un recetario de respuestas moralizantes a los problemas cotidianos que puede uno encontrarse en el periódico y en la calle, del aborto a la objeción de conciencia, pasando por el preservativo. No creo que la ética sirva para zanjar ningún debate, aunque su oficio sea colaborar a in
iciarlos a todos".
Y por tanto el "objetivo no es fabricar ciudadanos bienpensantes (mucho menos malpensantes) sino estimular el desarrollo de librepensadores".
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Óscar Miguel Bermúdez León
Gestión Cultural
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