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Los cuervos de la inducción





La filosofía de las ciencia del siglo XX estuvo dominada por dos grandes escuelas, a saber, el positivismo lógico del Círculo de Viena y el falsacionismo de Karl Popper, positivista al fin y al cabo, de acuerdo a mi interpretación. En síntesis, el positivismo se caracteriza por un profundo aborrecimiento de la metafísica y por su búsqueda de hechos duros sobre los que basar el conocimiento. El primer empirismo lógico intentó delimitar el verdadero conocimiento científico sobre la base de su confirmación por la experiencia, a la vez que buscó enunciados correspondientes a experiencias inequívocas sobre los que pueda fundamentarse cualquier teoría con pretensiones de ciencia. Este intento ofrecería sin embargo dificultades crecientes, que abrieron una compleja discusión sobre el concepto de grado de confirmación de una teoría y obligaron a nuevas versiones del principio. Entre ellas, me ocuparé del planteamiento de Carl Gustav Hempel, como base a una interpretación propia del antiguo problema de la inducción y
su aparición dentro de la lógica de la confirmación de hipótesis.

Hempel y su criterio sintáctico de confirmación

Para Hempel, el supuesto inicial a considerar es que todo enunciado empírico puede ser sometido a prueba por observación y, por lo tanto, el problema a resolver no es sólo la confirmación o no de dicho enunciado, cualquiera sea su contenido o naturaleza, sino qué hallazgos constituyen realmente elementos de juicio favorables o no al mismo, capaces de confirmarlo o desconfirmarlo con cierta certeza. La pregunta es, entonces, ¿con qué criterios contamos para confirmar o desconfirmar enunciados?

Para intentar una respuesta, Hempel examina primero el estado actual del problema, llegando a establecer varios puntos. Primero, que los elementos de juicio atinentes serán aquellos capaces de confirmar o desconfirmar un enunciado. Segundo, que las hipótesis se forman a partir de cualquier cosa, una severa observación así como un plácido sueño. Tercero, que actualmente no contamos con ninguna regla de inferencia inductiva válida como para afirmar con certeza absoluta un conocimiento de tal naturaleza. En estricto rigor, la conjunción de estas tres situaciones lleva a Hempel a plantear que, hoy por hoy, no se cuenta con criterios para confirmar o desconfirmar enunciados, atendiendo a que el problema de la lógica de la confirmación es también el viejo problema de la inducción de Hume, transfigurado. En este contexto, a Hempel le extraña la dedicación que ha obtenido el asunto de la cuantificación de la confirmación, o cuanto confirma un elemento de juicio un enunciado determinado, habiendo insoluto este asunto
previo y básico: ¿cuándo un elemento de juicio confirma un enunciado? Así las cosas, Hempel comienza su planteamiento en el afán de que este enigma no tenga una salida sólo inductiva o psicológica.

De acuerdo a Nicod, se tiene que una hipótesis condicional universal, no hay cabida para condicionales existenciales o mixtos, es confirmada cuando en la observación que busca confirmarla, encontramos tanto el antecedente como el consecuente y, asimismo, es desconfirmada cuando no encontramos el consecuente.

Ante lo expuesto, Hempel acude a los cuervos y enuncia que para el caso del enunciado Todos los cuervos son negros, se considerará equivalente, con toda lógica, el enunciado Todos los no-negros son no-cuevos, atendiendo a que de encontrarse un no-negro que fuese cuervo, la primera afirmación sería claramente falsa.

De esta forma, Hempel nos muestra cuatro casos: En el primero, la presencia de un cuervo negro confirma la primera afirmación, en tanto se presentan antecedente y consecuente, mas no la segunda, que dada la ausencia de ambos no es confirmada ni desconfirmada. En el segundo, un cuervo no-negro desconfirma la primera afirmación, por ausencia del consecuente, y así también hace con la segunda. En el tercero, un no-cuervo negro resulta indiferente tanto para la primera como para la segunda afirmación, considerando que no hay antecedente posible en ambas. Finalmente, en el cuarto, un no-cuervo no-negro resulta neutro para la primera afirmación, en ausencia de antecedente y consecuente, mas no para la segunda, donde aparece como confirmatorio por presencia de ambos requisitos. La pregunta del caso sería, ¿cómo es posible que ante enunciados equivalentes, los mismos elementos de juicio se comporten de manera tan disímil, ora confirmando, ora desconfirmando, sin ninguna coordinación? Y asimismo, ¿significa esto que p
ara confirmar una hipótesis dependo de cómo la enuncio? Aún más, ¿se abre la posibilidad de presentar convenientemente los elementos de juicio como evidencia a una demostración? La respuesta de Hempel es no. En ciencia resulta inaceptable pensar que la semántica inherente a todo enunciado sea una variable a considerar, obedeciendo a la lógica como emanación propia del lenguaje natural. Igualmente insensato es pensar que el problema radique en los elementos de juicio, pues a todas luces estamos tratando con la misma realidad. Menos aún atisbar la posibilidad abierta de que la presentación de una misma evidencia pueda ser considerada una variable a juzgar. ¿Pero entonces qué? Entonces el criterio de Nicod es una condición suficiente, pero no necesaria, para la confirmación de una hipótesis. Y es así como Hempel establece que todo elemento de juicio que confirme una hipótesis debe también ser capaz de confirmar toda hipótesis equivalente. Luego, no importe cómo se formule la afirmación, la misma evidencia debe t
ener el mismo resultado y evitar así situaciones perversas. Tal es el criterio de equivalencia.

Aparece aquí la paradoja de la confirmación: un bonito traje rojo bien confirma que los cuervos son negros, en tanto no-cuervo y no-negro. Pero, ¿cómo puede ser esto posible? Hempel plantea que, para la lógica moderna una oración condicional universal no posee contenido existencial, luego todo tipo de objeto resulta una potencial evidencia confirmatoria o desconfirmatoria. Si se pidiera tal cláusula existencial, diluiríamos la paradoja, mas ambas afirmaciones no podrían considerarse equivalentes, así pediría una la existencia de cuervos y la otra de no-negros, lo que resultaría invalidante como criterio, pues ¿a quién debiéramos pedir que existiera? Otra solución sería determinar un campo de aplicación para la variable, de tal forma evitar el conveniente de la cláusula existencial, pero sería una arbitrariedad la definición de un campo y, asimismo, excluyente criterio para la confirmación por hipótesis negativa.

Así las cosas, Hempel nos muestra que la paradoja no es tal, sino la ficción de quién incorpora un conocimiento previo al proceso confirmatorio de hipótesis, como es ya saber que los trajes rojos nada pueden contarnos del color de los cuervos. La paradoja se forma en que cualquier elemento de juicio, sea o no cuervo, tiene la capacidad de ser válido, pues el condicional universal se refiere a todas las cosas, excluyendo categorizaciones, y sólo es vista por quienes, en plena ficción metodológica, incorporan conocimiento no atinente al proceso.

Para Hempel, Nicod considera la relación entre objetos. Para él, es preferible la relación entre oraciones, un asunto sintáctico, pues los elementos de juicio, aunque objetos, se expresan en oraciones como informe de observación, atendiendo los principios de consecuencia lógica, tan propios de la deducción. Estos informes de observación, como restricción básica, deben expresar, en el lenguaje de las ciencias, una afirmación de presencia o ausencia de una cualidad para un objeto. Pero también las hipótesis buscan prever, luego, si un informe de observación confirma una hipótesis, éste puede dividirse en dos componentes, donde el segundo no es vacío y se deduce del primero en conjunción con la hipótesis. Asimismo, tal informe desconfirma la hipótesis si la contradice. Ante esto, Hempel considera al criterio como suficiente pero estrecho, atendiendo a lo excesivo que resulta afirmar que las hipótesis permitan prever el futuro a partir del pasado, pues aquí vuelve a aparecer el fantasma inductivo.

Hempel busca condiciones de adecuación para un eficiente criterio general de confirmación, razonables y materialmente adecuadas. Plantea la posibilidad de tres. Primero, la condición de implicación, donde toda oración lógicamente implicada por un informe de observación es confirmada por éste. Segundo, la condición de consecuencia, donde todo informe de observación que confirma una hipótesis también confirma sus consecuencias, léase hipótesis equivalentes o más débiles, que nunca más fuertes. Tercero, la condición de consistencia, donde todo informe de observación lógicamente consistente es compatible con las hipótesis que confirma: a menos que sea contradictorio, no confirma hipótesis incompatibles o contradictorias. Estas serán la base de su postulado.

Atendiendo al supuesto de que el lenguaje de las ciencias es bien definido y es utilizado como medio sintáctico tanto para la confección de hipótesis como para los informes de observación, Hempel afirma que el desarrollo de hipótesis para un informe de observación, clase finita de individuos, enuncia lo que la hipótesis afirmaría si existieran exclusivamente los elementos considerados en dicho informe. Luego, el criterio especial de confirmación sería: un informe de observación confirma directamente una hipótesis si tal implica el desarrollo de la misma para la clase de los objetos mencionados en dicho informe. Para el criterio general diríamos que un informe de observación confirma una hipótesis si ésta es implicada por una clase de oraciones, cada una confirmada directamente por dicho informe. Para Hempel, éste es un criterio de satisfacción, pues consiste en confirmar la hipótesis sólo si el informe de observación la satisface con sus componentes. Finalmente, tenemos que un informe de observación desconfir
mará una hipótesis si logra confirmar la negación de la misma, y será neutro si no es capaz de confirmarla o desconfirmarla.

Para Hempel, este criterio de confirmación es conveniente, por materialmente adecuado y por admitir cuantificadores o condicionales de toda naturaleza, donde son verificables y refutables los enunciados que no contienen cuantificadores; verificables y no refutables los enunciados que poseen condicional existencial; no verificables y refutables los enunciados que poseen condicional universal y, finalmente, ni verificables y ni refutables aquellos que presenten ambos condicionales

Con esto, Hempel plantea el logro de su propósito original, esto es sentar las bases para un criterio que se haga cargo del cuándo en la lógica de la confirmación de hipótesis.

Una interpretación

Históricamente he desarrollado un vivo interés por aquel período de la historia del hombre ya perdido en su gran parte: la prehistoria. Asimismo, pretendo haber descubierto en este seminario que tal preocupación es también una preocupación por el fundamento. El mismo apremio he creído escuchar en los textos de Russell, Salmon, Barker, Kiburg, Black, Achinstein, Mackie, Watkins, Goodman y en los de quienes nos ocupan: Hempel y Stemmer. Obviando el hecho evidente de que claramente el suscrito, en esta ocasión, no conducirá el problema hacia nuevas vertientes, pretendo expresar varias cuestiones que me llaman la atención.

Mi posición respecto de Hempel es claramente favorable. Concuerdo con él respecto de la necesidad de un criterio sintáctico de confirmación atendiendo a las siguientes razones. Sostengo que el conocimiento empírico, en tanto mediatizado por los sentidos, posee la debilidad de la distancia, pues aunque el avance tecnológico haga tender ésta a cero, tal anulación es del todo imposible. Así, mi conocimiento en la observación presente lo considero siempre una aproximación. Luego, mi conocimiento en el pasado lo observo como una colección de aproximaciones, y por tanto sino claramente inductiva, al menos sólo deductiva en presencia de los supuestos del caso. Finalmente, el futuro inaccesible.

Y es en este contexto donde me conecto favorablemente con la prudencia que observo en Hempel. Primero, apartarse de la verificación y la refutación, para considerarlas categorías concluyentes de la confirmación que incorporan, audazmente, el futuro en su juicio. Atendiendo a la interpretación del párrafo anterior, y considerando que toda refutación, verificación, conocimiento y acción consecuente se ejecutan en el tiempo, ¿de qué naturaleza debiera ser la evidencia como para verificar o refutar una proposición, si tal será también válida para un después? Luego, ¿no estaremos sólo confirmando/desconfirmando cuando creemos estar verificando/refutando? Me parece que esta es una pregunta implícita en el planteamiento de Hempel, constitutiva de la preocupación que demuestran sus detractores y fuente de mi aprobación al punto, pues considero que el acto de verificar/refutar sólo es posible en condiciones muy estrechas, y en honor a la verdad, siempre mediada, resulta preferible sentirse confirmando/desconfirmando p
ara evitar ficciones y posteriores sorpresas. Y en esto, segundo, la posibilidad latente en su modelo de encontrar otros informes de observación que desconfirmen lo que uno previo ya ha confirmado.

Tercero, la prudencia de concluir sólo sobre los elementos que componen el informe de observación. Esto porque resulta complejo, escaso y aún tentador concluir universalmente en presencia de un informe claramente restringido. Cuarto, la advertencia acerca de lo semántico como potencial causa de confusión, que no de error. Y aquí me detengo para afirmar que el criterio sintáctico me parece preferible cuando aún no tenemos aquel lenguaje consensual y científico que supone la aproximación semántica.

Observo en Hempel un planteamiento que propone un conocimiento empírico tan válido como valioso, capaz de considerar los informes de observación no como una evidencia física de la verdad, sino como una afirmación acerca de algo con un correlato empírico constatable. Asimismo, el hecho de tratar de controlar la inducción con reglas de confirmación claras y materialmente adecuadas habla favorablemente de quién pretende validar la mencionada colección de aproximaciones. Finalmente, el hecho de que una confirmación no cierre el tema acerca de lo confirmado, pero igualmente no implique inmovilidad alguna, indica que el futuro se abre como una posibilidad cierta y flexible para el conocimiento. Y aunque para sus detractores parezca mezquino con la confirmación, por sus varias y difíciles condiciones, que tal es sin dudas el caso, su criterio de confirmación por satisfacción aparece como una interesante alternativa para aproximarse a la confirmación de hipótesis, toda vez que su carácter estrecho entrega a sus espac
ios confirmados una dureza distintiva y, adicionalmente, poseedora de todas las salvaguardas del caso.

Pero sin dudas, donde mejor pretendo ver a Hempel es en la anulación de los contextos de obviedad dentro de la lógica de la confirmación, específicamente en Nicod. Su argumento acerca de la ficción metodológica me parece notable pues, efectivamente, un traje rojo confirma que todos los cuervos son negros, aunque lo haga con extrema debilidad. Se podrá discutir acerca de la conveniencia de poseer un cuervo negro para mejor decidir, asunto que concedo sin problema, mas si he llegado al mundo recién, no veo el problema de que tal hipótesis me la confirme, por equivalencia, un traje rojo. Son exactamente los contextos de obviedad, que Hempel invalida por infectar afirmaciones que no les competen, los que provocan las resistencias a los cambios y los problemas de flexibilidad dentro del proceso de aprendizaje del individuo. Con el programa de Hempel, aunque tal vez no haya tanto espacio para la confirmación, sí lo hay para la investigación y aún para la reivindicación, en tanto la eliminación de los contextos de o
bviedad anclados en Nicod abren nuevas posibilidades de acción para quien confirma.

Hempel plantea que la paradoja no existe. Stemmer que sí y que se soluciona restringiendo a Nicod a casos de confirmación bajo instancia positiva. Más allá de que concuerdo con Stemmer en cuanto al papel que pudo haber jugado la generalización en la supervivencia del hombre, pues veo al hombre más antiguo repitiendo lo efectivo para todos los casos, y asimismo concuerdo en que la conservación evolutiva ha sostenido lo inductivo entre nosotros, no me declaro favorable a sus aprehensiones con Nicod como criterio suficiente, justamente porque creo firmemente que un traje rojo, cuando no sé qué es un cuervo ni un traje, me sirve para considerar que, de una u otra forma, los cuervos para mí siguen siendo negros. Este es, de acuerdo a mi interpretación, un gran aporte de Hempel más allá de refundar el debate acerca de los criterios de confirmación o las variables formas de la inducción: despertar a la lógica desde un contexto de obviedad, arriesgar su fundamento, para abrirse a nuevas y tal vez mejores posibilidade
s.

Finalmente, quisiera afirmar algo acerca de lo tratado. Hempel ha intentado colocar en su lugar a Nicod, y aún Goodman lo mismo ha hecho con Hempel, dejando abierto el debate acerca de la confirmación de hipótesis, que no es otro que el enigma de la inducción, transfigurado. Lógicamente hablando, reconozco que ningún método nos permite afirmar para un todo o parte, lo que se ha averiguado acerca de otro todo o parte, por lo que en lo inductivo se estaría yendo más allá de la experiencia y, tal vez, de la lógica. La primaria advertencia de Hume, los sucesivos intentos del pensamiento por vivir deductivamente, por llevar a los campos de la deducción cada territorio inductivo, y asimismo, la pretensión de algunos de haber disuelto un problema imaginario, no dejan de llamar la atención. Sostengo que la inducción es la piedra en el zapato del conocimiento científico, pues la pretensión de éste último es constituirse de certezas, que no de apuestas. Y si el conocimiento científico se llega a concebir, a sí mismo, c
omo fundado en una nada donde todo es factible de ser cambiado, pues las pruebas no confirman/desconfirman concluyentemente, donde no se puede siempre pasar de una premisa a otra deductivamente, léase con total seguridad, y aún en temas de gran interés para su desarrollo, entonces ¿cómo habremos de afirmar con poder efectivo que hemos avanzado? Me parece que el conocimiento inductivo se comporta como una señal. No podemos prescindir de él y no podemos fiarnos de él con completa seguridad, así hay que buscarle acomodo, un lugar dentro de lo epistemológico, entendiendo entonces los intentos de Hempel, Goodman, Mill y otros en este contexto. Y sería una señal pues en verdad no podríamos acceder a tales seguridades siempre, considerando que lo hacemos en la deducción sólo a costa de variados supuestos que sostienen la conclusión, y por tanto el hombre pudiera reconocer que el ideal de progreso transita por campos donde ciertos horizontes le serán siempre prohibidos.


kaarl@interlap.com.ar

Autor:    Carlos Silva | Area:    Filosofía
Título:    Los cuervos de la inducción | Fecha de publicación:    09/07/2003 14:04:19
Etiquetas:    Lógica de la confirmación

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