Si preguntásemos a una persona sobre cuál sería la "relación perfecta" que desearía tener con sus compañeros de trabajo, probablemente nos contestaría que sería aquella en la que reinasen la paz, la fraternidad y la camaradería y en la que no existieran las fricciones, la mala voluntad o la discriminación.
Cuando hablamos de las relaciones que se establecen dentro de una organización solemos pensar que la armonía es algo positivo y a lo que aspirar en contraposición al conflicto, sinónimo de violencia, destrucción e irracionalidad. De hecho, si se produce un conflicto dentro de nuestra empresa consideramos que es el resultado del mal funcionamiento de la organización causado por una mala comunicación, la falta de franqueza y confianza del personal y la incapacidad de los directivos para responder a las necesidades y aspiraciones de los empleados. Por lo tanto, hay que dirigir la atención a las causas del conflicto y corregir a toda costa este mal funcionamiento para mejorar el rendimiento del grupo y de la empresa.
Considerar que todo conflicto debe ser evitado porque siempre es dañino ofrecería una visión muy simplista y parcial de las conductas asociadas al conflicto. No es difícil comprobar que un grupo armonioso, pacífico, tranquilo y cooperativo tiende a ser estático, apático y a no responder a las necesidades de cambio e innovación necesarias hoy en día. De hecho, se ha demostrado que los líderes de un grupo que mantienen un grado mínimo constante de conflicto hacen que el grupo sea viable, autocrítico y creativo.
Por lo tanto, una posición más coherente y realista sería aquella en la que el conflicto es aceptado como un fenómeno natural que se da en todos los grupos y organizaciones... Es muy fácil que una persona perciba que otra está afectando de manera negativa alguno de sus intereses. Esta percepción hará que se ponga en movimiento y despliegue una serie de recursos que resuelvan de forma favorable el conflicto.
En definitiva, un conflicto no siempre es bueno (funcional) o malo (disfuncional) por sí mismo sino que depende de la repercusión que éste tenga en el rendimiento del grupo, y por lo tanto en la consecución de los objetivos de la empresa.