Lejos de haber hecho una encuesta y me pesa porque descubriríamos datos interesantes, voy a exponer según una particular visión la situación de jóvenes que acceden a estudios superiores. Los universitarios reciben una formación compleja, con contenido importante y de larga duración. El tiempo que dedican a cada materia idealmente se corresponde a las horas de asistencia, prácticas, estudio y lecturas complementarias. El alumno será muy participativo si hace visitas a la biblioteca.
A veces, el contenido curricular es de elevada calidad, en otras ocasiones el docente despliega toda una serie de medios en torno a temas que en el futuro raramente son productivos.
La generalización es un peligro y por descontado las diferencias entre universidades privadas y públicas son bastante patentes. Las cifras son para asustarse: casi dos años para encontrar un empleo leía el otro día en un centro de orientación universitario. Deduzco que el sistema falla.
Entre las explicaciones que he podido llegar a elaborar destacaría una falta de objetivo básico. La educación parece estar dirigida a la acumulación de conocimientos, lejos de aportar los medios para adquirirlos. Una vez que se ha acabado la relación Universidad- jóven, el acceso a profesores, bibliotecas se reduce, a no ser que el joven se case con la institución, y se quiera dedicar a la docencia. Otro fallo del sistema es la falta de orientación individual tanto previa como durante la carrera. El jóven muchas veces se deja llevar por el día a día y por las modas que proponen determinados profesores. A veces se acierta y en otras se gasta un tiempo precioso.
Observando listados de ranking, las carreras técnicas tienen mejor incorporación el mercado laboral. Me gustaría matizar que bastantes estudiantes debieron añadir a sus estudios cursos específicos hasta lograr independizarse de la familia económicamente. En las carreras de letras y ciencias sociales la situación es más preocupante. La familia española es bastante paciente a diferencia de otros países de la comunidad.
Inicialmente la propuesta es perder menos tiempo en asignaturas o áreas que el mercado no demanda, dejar dichos conocimientos para cultivarse en el ocio personal, si es el caso. Deberíamos ya en los primeros años de andadura acercar a las necesidades y no postponerlas hasta postgrados o cursos superiores. La programación hacia la independencia del alumnado debería surgir con el apoyo del profesorado. Poniendo un ejemplo sencillo, si un estudiante de psicología tiene muchas posibilidades de incorporarse a una empresa de Trabajo Temporal, debería poder una vez acabada la carrera no sólo conocer teorías si no poner en práctica técnicas de selección y poder estar cómodo con la labor administrativa que tendrá que realizar el día a día.
Otra posibilidad, por ejemplo para otro compañero sería la Administración, el profesorado debería comentarle cómo acceder a determinados puestos aprovechando su costumbre en el estudio, preparando el temario y todos aquellos requisitos necesarios como las publicaciones y colaboracio
nes con diferentes organizaciones. De esta manera, eliminaríamos miedos, se adquiriría práctica y probablemente se agilizaría el proceso de casación de oferta y demanda.
La propuesta lejos de ser costosa, exige de los centros de orientación universitaria un mayor peso específico: Publicaciones de revistas, convenios y jornadas de orientación.
En bastantes casos, los jóvenes adquirirían una perspectiva a largo plazo: Unos se decantarían por la empresa privada desde el principio y otros buscarían la salida a través de la Administración, pudiéndose preparar en pruebas orales, a tener mayor desenvoltura a la hora de publicar y saber donde están las becas para que la escasez de recursos no sea un impedimento.
Se dan caso de convocatorias desiertas o de convocatorias a las que acceden sólo los acólitos de algún profesor.
El panorama puede ser desolador para familias con hijos que no acaban de abandonar el nido, con muchos conocimientos, que se olvidan si no se ponen en práctica, y que carecen de las herramientas necesarias para moverse por el mercado laboral, e incluso les falta seguridad.
Si el jóven se programa para sacarse el carnet de conducir, aprender idiomas y se percata de la gran cantidad de ofertas en las que se solicita un perfil comercial, se ha ganado un tiempo.
Muchos de los alumnos modelo colaboran en los departamentos, en proyectos prácticos y cuando han finalizado su investigación además de dominar otro idioma, han tenido incluso experiencia docente en la misma u otra universidad y consiguen los medios para sostenerse, como la consabida beca o trabajos en hostelería o en prácticas.
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Vega Funes Martínez
mavefunes@yahoo.es