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¿Por qué el investigador de lo educativo nada a contracorriente en las aguas turbulentas de los ríos y con frecuencia termina en un estero infestado de cocodrilos hambrientos?





1. Del mundo real al inframundo

En este trabajo voy a hablar de las vicisitudes de los investigadores de lo educativo o simplemente de quienes quieren hacer bien su trabajo; por el cual les pagan. Y si en el desarrollo de las explicaciones algún lector se ve camino a los pantanos, trate de asirse de cualquier saliente en el cauce, porque se dirige a una muerte segura; y asegúrese que no se trata de una pesadilla; porque en el sueño tiene posibilidad de salvarse, pero en el mundo real probablemente perezca en el intento.

El mundo real aquí es el que construye el investigador en sus estructuras mentales; y lo paradójico es que no es el mundo real; es su mundo. Y en este mundo de anhelos, de aspiraciones de ideales y de utopías, el investigador se prepara con su proyecto bajo el brazo, sus instrumentos bien calibrados y sus estrategias de acción bien repetidas y memorizadas; y ahí va, a la conquista del mundo perdido; el mundo de los que no saben; el mundo de los malos y de los autoritarios. Pero este mundo real del investigador no resistiría la prueba de un silogismo clásico; pues resultaría que una de sus premisas, por lo menos, es falsa.

2. Las reglas del juego

Si en el mundo a donde vas no se juega con las reglas que conoces, estás perdido. Pero si quieres competir, primero aprende la lógica del juego y de las reglas. Pues en el marco de las estructuras organizacionales las reglas del juego son fundamentales; y seguramente estas reglas ponen en conflicto a los actores institucionales; y bajo estas reglas los jugadores saben jugar; pero cuando estas reglas cambian, los jugadores distraídos o los que entran con el juego en marcha, se equivocan y no saben qué hacer; son víctimas de la incertidumbre y de la desesperación; algunos jugadores no quieren jugar con estas nuevas reglas, pues han tenido éxitos con las reglas sabidas; entonces se resisten, entran en conflicto y terminan imponiéndose las reglas de quienes ejercen el poder real; desplazando a quienes detentan el poder formal. Frecuentemente estos que invierten la ley de la más elemental lógica en las instituciones, se conocen como los cocodrilos de los pantanos.

Y cualquier lugar es bueno para hacer su pantano; convierten el agua cristalina en fango maloliente; y si en ese lugar antes el agua limpia corría, ahora la estancan para crear su ambiente donde viven tranquilamente. Y los habitantes de las otrora aguas cristalinas son eliminados o terminan por ser domesticados para el servicio de los cocodrilos; y en caso de escasez de comida son sacrificados y devorados en las fauces de estos saurios.

3. Los escenarios del trayecto investigativo: entre la administración del conflicto y el conflicto de la administración

Me voy a referir a los investigadores que creen cambiar el mundo con los resultados de sus investigaciones; pero que ignoran que una regla de oro en la investigación social consiste en no creer que se tiene la verdad y que lo que se logra sintetizar de los hallazgos es sólo como un ladrillo que puede servir para levantar un edificio; un edificio que requiere un proyecto, la decisión para levantarlo, el capital para financiarlo y las ideas para darle el uso más adecuado. Y en particular, me referiré de manera recurrente a los investigadores que pretenden, incluso, organizar y sistematizar en un solo corpus, toda la investigación que realizan los habitantes de un condominio que está representado por las instituciones de educación pública, como pueden ser algunas Secretarías o Ministerios de Educación e incluso algunas universidades públicas.

Pues bien, el simple hecho de ocuparse de la sistematización de los diferentes trabajos de investigación que se realizan en una institución como las mencionadas resulta ser una tarea sumamente complicada. Primero, porque es el espacio donde se realiza la menor cantidad de trabajo de investigación; pero dada su complejidad, son instancias donde no se puede realizar la investigación educativa; y segundo, porque en dependencias administrativas como éstas, lo que menos importa, en la práctica cotidiana del oficio, es quién se considera investigador.

Esto no quiere decir que no sea importante realizar investigaciones educativas en el ámbito de un Ministerio de Educación; de hecho es muy importante, sólo que poco importa lo que se investiga y mucho menos interesa si aporta o no resultados para resolver problemas educativos. Pues la atención está, lamentablemente, en otros asuntos; y la vocación educadora de estas dependencias ha sido sustituida por el conflicto.

Así, la función de administrar la educación se ha trasladado a la exigencia de administrar el conflicto en un contexto caótico; un conflicto relacionado principalmente con la política; y no precisamente con la política educativa o la generación de políticas públicas, sino con la política de grupos de poder en las instituciones y de los poderes internos. Y curiosamente se investiga muy poco, de manera científica y sistemática sobre la política gremial y sobre los poderes de la administración; y sobre la administración de los poderes. Y estos temas bien podrían conformar una línea de investigación interesante en las instituciones educativas.

Pero, ¿cómo debemos entender el conflicto? Primero, como el resultado de un desequilibrio mental originado en los sujetos por la discrepancia de significados en valores y actuaciones con los demás sujetos con los que se interactúa. Esta discrepancia se expresa en desacuerdos, que con frecuencia tensan las relaciones intersubjetivas; pero el conflicto, primero, se instala en la estructura mental de los sujetos.

En segundo lugar, el conflicto es la manifestación social de los desacuerdos; es la faceta más conocida del conflicto; y es esta la que causa malestares sociales y genera opiniones controvertidas, según sea la apreciación que tiene los sujetos sobre la expresión del conflicto. Pero, la fase menos conocida es la de la transferencia de estas discrepancias del primer sujeto conflictuado, a los sujetos potencialmente conflictuables; así, este sujeto conflictuado se convierte en sujeto conflictuante, e incorpora a su malestar a sujetos débiles y dependientes que le seguirán por el camino del conflicto; y en el trayecto hacia la manifestación pública y masiva del conflicto, otros sujetos, que no son seguidores sino líderes, crean otros argumentos del conflicto y forman otro grupo conflictivo. Siendo esta una de las vertientes más comunes que generan grupos de conflicto y disminuyen la posibilidad de crear equipos de trabajo

En este sentido, la atención se centra en los grupos en conflicto, en los grupos de poder; pues no olvidemos que allí donde existen mucho grupos, el poder está dividido y el denominador común es el conflicto. Escasean los equipos, los que estudian los problemas y proponen soluciones; y quienes hacen o intentan hacer investigación educativa se convierten en marginales de la institución; en sujetos extraños en las organizaciones; por lo que frecuentemente son considerados ingenuos y en el mejor de los casos son tolerados y respetados como académicos pero no se les toma en cuenta para las grandes decisiones. Pues la historia de estas grandes decisiones sólo raramente se ha sustentado en resultados de investigaciones; pues estas decisiones siempre son apremiadas por las coyunturas políticas y por los grupos de poder institucionalizados por el conflicto.

En consecuencia, las autoridades educativas, en instituciones públicas como los ministerios de educación, y en no pocas universidades, están permanentemente administrando el conflicto y no les queda tiempo ni energía para pensar lo educativo; mucho menos para reflexionar sobre los problemas de la calidad de la educación.

Ahora bien, se puede realizar la investigación educativa bajo cuenta y riesgo de los osados investigadores; los cuales posiblemente encontrarán adeptos e incluso uno que otro colega que los anime a seguir pensando en la investigación; pero, lamentablemente, en el ámbito físico de la administración de la educación, las posibilidades de sentarse y detenerse a pensar coherentemente los temas y problemas de la investigación educativa; es una tarea que ralla en la esquizofrenia; es una tarea que simplemente no se puede realizar porque la sistematización metodológica y de las ideas no es posible llevarla a buen término en medio del caos.

Por otra parte, la investigación educativa en instituciones burocratizadas, no es una actitud ni una tarea científica; es asumida como una función administrativa, con frecuencia coordinada por funcionarios administradores y no por académicos investigadores. En consecuencia, no se puede esperar que se sistematicen procesos y resultados sino que se cumplan adscripciones y horarios, antes que se entreguen resultados y productos. Por lo que cabe decir que la formación de investigadores se ha burocratizado y reducido a instituciones que no realizan investigación; enseñan la teoría de las ciencias de la educación o de la pedagogía; de los métodos y de los procedimientos; y creo que lo enseñan bien; pero los profesores no realizan la investigación; solo recomiendan cómo hacerla pero no saben llevarla a cabo.

En este sentido, la investigación no es una disciplina que se aprenda o que se enseñe en los libros; es una actitud y una competencia que se aprehenden en la práctica; haciendo las investigaciones, frente a los problemas de la vida cotidiana, en las organizaciones estructurales, en las manifestaciones callejeras, en las aulas y en las comunidades; e incluso, en la mirada de los niños; en sus juegos y en sus relaciones con el contexto social.

Por todo esto, pretender sistematizar las actividades y las investigaciones que se realizan en una dependencia que administra la de educación, me parece una tarea quijotesca; muy difícil y poco reconocida, pero que, sin embargo, vale la pena intentarla. ¿Pero a quién le importa que el trabajo de investigación educativa se sistematice, si lo que reina es la antisistematización de los sustentos educativos? O bien, ¿no es mejor acaso organizar equipos de trabajo para resolver problemas estratégicos de la educación? Porque el caos y el conflicto en las instituciones complejas y pesadas como es el caso de una secretaría de educación o un ministerio, tienen su propia lógica. ¿Y no sería mejor investigar los porqués de la actuación de los grupos políticos en las organizaciones para explicarle a la sociedad las causas de su actuación permanentemente conflictuada?

4. ¿Cómo estudiar las organizaciones?

Las organizaciones se han estudiado a partir del enfoque metodológico de la teoría de sistemas; por lo que las técnicas del desarrollo organizacional pueden ser las vías de explicación formal; pero no ayudan a dar cuenta de los conflictos sociales y de las contradicciones culturales e idelógicas que perviven en las organizaciones complejas como una universidad o una secretaría de educación. El método del análisis del contexto puede ser útil para saber cómo están las relaciones de fuerza política, social, cultural y económica de cada situación que se pretende estudiar; y de ahí, un seguimiento de los insumos, de los procesos y de los productos, como en todo sistema natural y social nos permitirá vigilar lo que sucede en el viaje de la materia prima desde la entrada del sistema hasta que sale procesada en el final de los ductos.

Este enfoque metodológico, de la teoría clásica de los sistemas, puede servirnos para estudiar una versión estática del sistema pero no nos ayuda mucho para saber cómo se comporta el sistema ante la incidencia de variables inesperadas o desconocidas; por lo que yo me inclinaría más por analizar los sistemas sociales, como es el caso de los sujetos institucionalizados e instituidos, a partir primero de la evidencia externa de su comportamiento y en un segundo momento haría un acercamiento selectivo a la manera como estos sujetos elaboran sus ideas y cómo estructuran su pensamiento ante un problema particular.

Con el mismo ejemplo, yo no trataría de integrar o pretender controlar lo que se hace de investigación en la institución educativa, pues es una tarea poco factible; más bien intentaría realizar el diagnóstico de lo que se hace y trataría de proponer líneas generales de política educativa para resolver los problemas enfocados.

Sin embargo, en la lógica de una propuesta para sistematizar la investigación educativa en las instituciones altamente burocratizadas, se estaría intentando algo que no es sistematizable en estricto sentido; y aunque la idea puede ser buena y la estrategia también, no se puede aplicar cabalmente porque las variables que entran en juego tocan los poderes establecidos, los modus vivendi de sujetos que no permitirán que invadan su espacio de supervivencia, por pequeño que este sea. Se generarían más grupos de conflicto y cada vez serían menos los equipos de trabajo, esos que resuelven problemas; se harían más hoyos donde se esconderían la simulación y la ineficacia y se sellaría el paso para que no transitara la normatividad; y mucho menos la ética.

5. En conclusión

En síntesis, pretender administrar el caos con reglas y procedimientos de una estructura organizada, como es el orden y la sistematización, sería querer organizar a la anarquía; sería pretender nadar contra corriente en un río crecido e infestado de tiburones. Aunque recuérdese bien que en los ríos no hay tiburones y sólo los osados quijotes se arriesgan a nadar, sin saber, en las aguas turbulentas. Pero, ¿dónde estaríamos hoy si no hubieran existido utopistas y quijotes que pensaron el mundo y sus relaciones desde una perspectiva sin reglas y sin prejuicios y sin inhibiciones? Pero les ruego que esperen el próximo ensayo, que se referirá precisamente, a explicar cómo nadar en las aguas infestadas de tiburones. Claro, que primero, sacaremos a los investigadores que estén atrapados en el fango de los pantanos infestados de cocodrilos; y esperemos que aunque apesten, estén completos; que hayan sobrevivido a la furia y al hambre de los cocodrilos; para lo cual sólo hay una forma de salir...!

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Dr. Antonio Alanís Huerta
dralanis@prodigy.net.mx
El autor es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Caen, Francia. Actualmente es Profesor Titular de grupo en el Centro de Actualización del Magisterio en Michoacán (CAMM), México.


Autor:    Antonio Alanís Huerta | Area:    Educadores
Título:    ¿Por qué el investigador de lo educativo nada a contracorriente en las aguas turbulentas de los ríos y con frecuencia termina en un estero infestado de cocodrilos hambrientos? | Fecha de publicación:    22/08/2002 11:44:55
Etiquetas:    Escuela y sociedad

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