Aprovechando la confusión, el pez investigador llegó a la superficie y pudo respirar el aire del océano;
y sentir el cálido cobijo del sol.
Avistando muy cerca tres delfines que nadaban hacia él; eran los delfines que venían en su ayuda; eran sus amigos,
sus mejores amigos que le ayudarían a rescatar a su compañero que quedó atrapado
en los confines de las pestilentes aguas de los pantanos.
(Extracto del relato "¿Cómo nadar en las aguas infestadas de tiburones?" del autor)
1. El enlace de la historia
Una lección importante en este relato es que el investigador de lo educativo no siempre se mueve como pez en el agua; es probable que sobreviva a un ataque de cocodrilos en aguas pantanosas pero es más difícil escapar de las aguas infestadas de tiburones; y cuando lo ha hecho su primera acción será hacer un inventario de sus miembros para verificar si salió completo; y seguramente salió lastimado; pero como aprendió a no sangrar, probablemente no sea notoria su herida, pero él sabe, porque siente, que está herido.
En el relato anterior dejamos al pez investigador escapando de la furia de los tiburones; de los tiburones grises que custodian los arrecifes de coral en las instituciones; esas masas multicolores sin forma que son las grandes agrupaciones; el pez investigador no logró llegar a las profundidades donde moran los tiburones blancos; pues ahí están los secretos de la organización; las claves de la evolución de los tiburones; por eso existen los tiburones grises y los tiburones tigre, que tienen la función de resguardar esos secretos; los cuales no logran develar las más sesudas auditorías de tiburones de otras aguas ni tampoco los delfines, pues éstos son nadadores de superficie, de aguas tibias y tropicales; además, son cetáceos que requieren oxigenarse constantemente para seguir vivos.
2. El encuentro con un cefaloctópodo
En su camino hacia la superficie, el pez investigador fue avistado por un pulpo; ese extraño ser que tiene la cualidad de estar en más de tres lugares a la vez; gracias a que posee ocho tentáculos que le permiten cobrar en varios lados por tareas que supuestamente hace pero que no hace. Es un ser de las frías y oscuras profundidades pero que rápidamente se adapta y puede subir a las tibias aguas de la superficie para alimentarse de crustáceos y moluscos más pequeños que él. Y es aquí, en este medio de temperatura templada y rica en alimento, que el octópodo establece su territorio.
El pulpo es un depredador natural; que ha aprendido bien que, en medio de la turbulencia, nada es lo que parece ser; y lo que es, da la impresión de no ser. Y así, ha establecido su territorio donde tentalea, pero nunca permanece; sin embargo, está convencido que es su territorio; por eso, cuando un osado investigador, ya sea pez o delfín, se acerca con la intención de clarificar las aguas del entorno, el pulpo procede a mover con fuerza las aguas, soltando su veneno negrusco de su orificio bucal. Mientras tanto, el pez investigador se repliega; y el pulpo aprovecha el lapso para cambiar de táctica y escondiendo seis de sus tentáculos, se muestra sólo con dos y le limpia el camino al pez para que pase, utilizando la táctica del halago y la lustrada de zapatos. Y así, el pez investigador, poco experto, se traga el anzuelo y sale de ese territorio. En la superficie le esperan los tres delfines que van en su busca para salvarlo de las aguas infestadas de tiburones y de pulpos insaciables.
3. El encuentro con los delfines
Después de engañar a los tiburones y "al pulpo", el pez investigador llega por fin a la superficie; ahí lo esperan los delfines para acompañarlo hacia un lugar seguro, donde habrá de tomar un descanso y conversar con sus amigos los delfines.
Una vez que el pez investigador les cuenta a los delfines su historia con los cocodrilos, con los tiburones y los octópodos, les pide consejo para poder liberar a su amigo que quedó atrapado en las aguas pestilentes de los pantanos; y los delfines le dicen cómo intentar el rescate de su amigo; además de ofrecerle llevarlo a las proximidades de los esteros.
Pero, el pez investigador, incansable cuestionador y curioso, quiere saber quiénes son los delfines que le han salvado de perecer en las aguas del océano. Y uno de ellos le cuenta que en otros tiempos eran como él; peces investigadores que buscaban la verdad en todos lados; que sufrieron también los coletazos de los cocodrilos y la mutilación por mordedura de tiburones y alguno de ellos perdió la vista por escudriñar muy de cerca en el agua turbulenta de los pulpos; y otros perecieron en las profundidades donde habitan los tiburones blancos. No obstante, uno de los delfines fue también un tiburón tigre que logró salir de la oscuridad para aprender a nadar entre los peces multicolores; fue atacado incluso por otros tiburones en medio de un conflicto entre pulpos y escualos heridos.
Y sin embrago, a pesar de las amargas experiencias vividas, los delfines se habían propuesto la tarea de enseñar a nadar mejor a los nuevos peces investigadores; para que aprendieran a navegar por aguas turbulentas sin naufragar; para que adquirieran las habilidades para esquivar con inteligencia los ataques de los tiburones y para no dejarse atrapar por la perversas y venenosas intenciones de los pulpos. Pues los delfines estaban ciertos de una cosa: la inteligencia y el talento no bastan para sortear los obstáculos de la vida; es necesario el trabajo, la disciplina y el esfuerzo; pero también ser responsables y respetuosos. Con estos cinco elementos se puede tener éxito en la vida; los dos primeros son atributos que se cultivan; los otros tres son valores que se aprenden y se perfeccionan si se practican; pero la responsabilidad y el respeto sólo se aprenden si se viven en la familia.
Con esta lección, el pez investigador emprendió el retorno flanqueado por los tres delfines; uno representaba el talento, otro la inteligencia y el tercero el esfuerzo; pero los tres sabían la importancia del valor del trabajo y la disciplina.
4. El rescate en el pantano
El pez investigador llegó al estero con sigilo; había aprendido a esperar y a pensar sus decisiones; su acercamiento exterior e inesperado le permitió revisar cuidadosamente la configuración del entorno; y pensó cómo liberar a su compañero.
En el entorno pululaban los moradores rastreros; los que viven en los rincones más apartados de la organización; allí donde la limpieza no logra entrar. A estos moradores sólo les importa su "pellejo"; pero algunos de ellos se han convertido en informantes de los cocodrilos guardianes; por lo que el acercamiento debería hacerse con mucho cuidado. Y sólo había una forma de liberar a su compañero; al menos esa era la recomendación de los delfines.
En vista de que los cocodrilos guardianes estaban habituados a vivir en el fango era necesario sacarlos de ahí; por eso, el pez investigador logró encontrar las manivelas de las compuertas que mantenían el agua pestilente en el pantano; y curiosamente sólo se abrían por fuera; lo cual resulta lógico pues los moradores del interior no tenían ningún interés en salir; al menos que les promovieran al puesto de jefe de los cocodrilos guardianes. En este caso sólo salían de los pantanos pero permanecían en el interior.
El pez investigador consideraba que su amigo podría haber desaparecido; pero en honor a su amistad y a los delfines que le ayudaron, debería intentarlo. Y así, al vaciarse el estanque, el pez amigo quedaría liberado de las pestilentes aguas y podría aprovechar para salir por la compuerta abierta; ese era el plan de rescate. Entre tanto, los cocodrilos desconcertados tratarían de salvarse saliendo del agua pronto o serían arrastrados por la corriente rumbo al estero.
Y así lo hizo el pez investigador; abrió las compuertas y vio pasar a su lado a varios cocodrilos arrastrados por la fuerte corriente de aguas pestilentes; y al final, asido a un saliente del canal, estaba en pez amigo, cubierto de fango, pero vivo; y al mismo tiempo los cocodrilos que estaban fuera del estanque dormidos, por instinto se habían arrojado al agua; unos fueron arrastrados hacia el exterior y otros quedaron noqueados por el terrible golpe al caer en el canal vacío. En cierta forma el pez investigador había liberado a los cocodrilos guardianes de sus propias cadenas.
5. El epílogo
Al iniciar esta historia empecé planteándola como una realidad; con tintes de pesadilla; pero mi intención fue y sigue siendo generar en el lector una lectura contextual y no sólo textual; una lectura de lo no escrito y de lo no dicho. Pero incluso, una lectura textual es útil en primera instancia; y luego pasar a una búsqueda de las metáforas implícitas en el texto; porque otra de mis intenciones es sostener que en el texto están implícitas diversas metáforas; pero en todo caso, la intención didáctica es la exploración de esta manera de escribir un artículo pedagógico; con el auxilio del cuento y la literatura, incorporando la experiencia como elemento integrador de aprendizajes y enseñanzas para eliminar del proceso educativo ese ingrediente de tedio, despertando la imaginación para fomentar la creatividad en los niños y en los jóvenes.
Porque sin imaginación y creatividad no se puede impulsar el trabajo científico, pues el talento y la inteligencia no bastan, se requiere una fuerte dosis de energía creativa, del esfuerzo y del trabajo disciplinado y constante; pero sobre todo, se requiere voluntad y osadía para transitar en el inmenso océano del conocimiento científico; pero manteniendo los pies sobre la tierra para no perder la sensibilidad por la sonrisa de un niño o por la intensidad y la armonía de un poema o ante la crueldad de la guerra y la discriminación del género humano.
Y quiero terminar este ensayo con el epígrafe que precedió al capitulo de los tiburones, porque considero que encierra el reto más importante de cualquier pez investigador: convertirse en delfín del conocimiento y de la sabiduría pedagógica para saber guiar a los náufragos a buen puerto.
En las instituciones educativas, existen personajes que se mueven como peces en el agua; pero hay otros peces, los peces investigadores, que con frecuencia se ahogan en un vaso de agua; sin embargo, esos pequeños peces, cuando se convierten en delfines, son capaces de pescar cocodrilos y tiburones; pero no utilizan la fuerza, sino las redes finas de la inteligencia y el talento. (A. Alanís Huerta; 25 de julio de 2002).
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Dr. Antonio Alanís Huerta
dralanis@prodigy.net.mx
El autor es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Caen, Francia. Actualmente es Profesor Titular de grupo en el Centro de Actualización del Magisterio en Michoacán (CAMM), México.