Es un hecho que la participación diaria de la mujer en la sociedad obliga a plantearnos interrogantes del por qué los varones tachamos de inútiles a las mujeres, dando pie a un fenómeno sufrido por ellas durante muchos años: el "machismo".
Con el presente artículo, ofrezco tres razones por las que el varón mexicano considera inferior en muchas ocasiones a la mujer mexicana. Estas razones explicadas basándose en la participación histórica de las mujeres en la construcción de un México colonial. Es punto y aparte discutir las diferencias físicas, emocionales y psicológicas entre los dos sexos, este artículo acude a la psicología profunda del mexicano, desde sus orígenes.
La primera razón: la joven Malitzin
Cuando Cortés recibió las 20 doncellas el 15 de abril de 1519, regalo de los señores de Tabasco, "entre ellas había una joven noble, bella y de buen entendimiento nombrada Tenepal, natural de Painalla, pueblo de la provincia de Coatzacualco" (Francisco Javier Clavijero en su Historia antigua de México). Hija de padres nobles, al morir su padre, la viuda se casó con otro señor noble, por acuerdo de él y para que no estorbara en las nuevas relaciones conyugales, y en un futuro reclamara el reino, fue entregada desde pequeña a un grupo de mercaderes de Xicalanco, lugar situado en los límites del señorío de Tabasco, en calidad de esclava en venta. Junto con las demás esclavas fue bautizada, recibiendo el nombre de Marina. Los mexicanos acomodaron el nombre de Marina a su lengua llamándola Malitzin, que a su vez por corrupción lingüística de los españoles se transformo en Malinche.
Esta mujer fue de gran utilidad en la conquista de México, ya que funciono como traductora, por conocer de sus padres el dialecto nahuatl y el maya que se hablaba en Tabasco, "y con poco tiempo aprendió también la (lengua) castellana" (ídem Francisco Javier Clavijero). Mujer de Cortés, con la cual tuvo un hijo, Martín Cortés, producto del choque cultural que se gestaba. Se le notó gran afecto a los españoles, avisándoles de los ataques que preparaban en su contra y sugiriéndoles los medios oportunos para enfrentarlos.
Ha figurado como una traidora a su pueblo, por lo que se han acuñado términos como malinchismo (el admirar, respetar y desear pertenecer a otra cultura), es la primera razón por las cuales el mexicano considera como inferior a las mujeres, ya que pueden traicionarlo, pueden venderlo. En esta lucha de superioridad de la mujer al aliarse con el enemigo y la inferioridad del hombre por no poder repeler a éste, se inicia una gran contradicción de la psicología del mexicano: el hombre es hijo de la mujer traidora, a la vez víctima (por haber sido violada), es un hijo no deseado, producto del enemigo. De lo anterior se origina la crisis de identidad que tiene el mexicano (¿quién soy?).
Esto genera también la ambivalencia que tiene al mexicano con la mujer: la odia y la respeta. Dice el dicho común de los mexicanos: "¡todas son unas prostitutas!, menos mi madre y mis hermanas".
La segunda razón: el concepto femenino, traído por los españoles
Mientras en México la concepción de la mujer era diferente al hombre por sus tareas a realizar en la vida, pero igual en existencia, en Europa la mujer, por razones culturales, religiosos y de pensamiento, era tachada de incapaz, dependiente al hombre.
"En esta cultura , Dios es masculino y las tres personas que conforman el misterio de la trinidad, también lo son..." (La mujer antes, durante y después de la conquista, de concepción Landa de Pérez Cano), Incluso en el libro de Génesis la creación de la mujer depende de la costilla del hombre. Es obvio que al catequizar, los españoles también introyectaron la incapacidad de la mujer ante el nativo mexicano.
Platón menciona en su primer libro de política: "entre los sexos, el macho es por naturaleza superior y la hembra inferior, el primero debe por naturaleza mandar y la segunda obedecer", la filosofía en sus inicios también da la pauta para considerar a la mujer inferior.
La tercera razón: el papel de la mujer después de la conquista
Cuentan los cronistas de la conquista que las mujeres pelearon para proteger el México-Tenochtitlán, fueron empleadas como guerreros, ofrendando su vida en la causa, más cuando el imperio fue vencido, sólo sirvieron para saciar los instintos sexuales de los vencedores, convirtiéndolas en sus concubinas, aún cuando muchas de ellas tenían esposo mexicano.
Cuando las primeras mujeres españolas llegaron a México, se encontraron a las mexicanas viviendo en las fincas otorgadas a sus maridos, algunas con hijos de ellos, por lo que decidían dejarlas como sirvientas, nanas de los hijos "legítimos" del matrimonio y también como concubinas de sus esposos, ya que la mujer española venía a ocupar el cargo de la gran señora dueña de haciendas y poblados, o sea, a olvidarse de las obligaciones maritales. Algunas mexicanas fueron expulsadas del seno español y como también eran rechazadas por su raza, se dedicaron a la prostitución o a mendigar.
Difícil situación la que vivió la mexicana, odiada por su raza, despreciada por el español, cuando antes del choque cultural eran consideradas iguales con el varón, ahora eran consideradas inútiles por hombres y mujeres españoles, y odiadas por su raza. Estos elementos hicieron que adoptara una conducta de sumisión, callando todas sus necesidades y aceptando ser incapaz en muchas tareas.
Posterior a la conquista, la legislación de las Indias dispuso la fundación de escuelas para los niños mestizos, con la finalidad de instruirlos en la educación española y que posteriormente los jóvenes desposasen a sus compañeras. Estas instituciones fueron un fracaso, ya que el joven despreciaba a las mujeres, porque "las habían criado ociosas y en las costumbres de Castilla y ellos las preferían educadas en las antiguas costumbres" (La mujer antes, durante y después de la conquista, de concepción Landa de Pérez Cano). La mujer desde entonces fue considerada como un objeto de la casa, útil para las labores del hogar, pero inútil en otras tareas.
Pues bien, estas tres razones son las que pesan más en la psicología del mexicano, aunque cada día la mujer deja el hogar para convertirse en un elemento clave de la economía del país, muchos mexicanos opinan que la mujer es "para la casa", ya que existe el miedo ancestral de que ella deje su sumisión y demuestre que puede hacer muchas de las tareas que son consideradas masculinas, enfrentando al varón con algo que ha rehuido hace siglos: encontrar su identidad mexicana.
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Juan Antonio Guerrero Cañongo
Psicólogo