"Es una verdad indiscutible que el conjunto del pueblo de cada país desea sinceramente su prosperidad; pero es igualmente irrefutable que no posee el descernimiento y la estabilidad necesarios para un gobierno sistemático"
Alexander Hamilton
"El valor de una profesión no es un título, sino la madurez, la velocidad mental, los hábitos de la lectura, la disciplina y el buen juicio que se obtiene con ella".
Carlos Cauhtemoc Sánchez
RESUMEN
Cada día debemos sorprendernos inatentos en todas aquellas acciones en que actuamos, especialmente cuando nos comunicamos y evaluar que tan efectiva es nuestra comunicación, más cuando nos hemos decidido crecer.
No debe por tanto sorprendernos el que se señale, que comunicarnos bien es un arte que vale la pena aprender, permite acortar distancias, eliminar barreras y tener éxito en nuestras relaciones personales. Expresar lo que pensamos, sentimos y deseamos es fundamental para enriquecer y mejorar las relaciones con nuestros hijos, amigos, compañeros de trabajo. De esta manera podemos entregarles valores positivos, productivos y saludables.
El objetivo de este artículo es invitarlo a tener muy presente lo que al respecto de todas buena comunicación nos lega el Club de la efectividad.
ASPECTOS IMPORTANTES PARA SER TOMADOS EN CUENTA
Al identificarnos con el alcance, las repercusiones y el buen uso que le demos a nuestra comunicación, más en un aquí y ahora que requiere de efectividad, de evitar conflictos en todo aquellos que nos proponemos realizar , en alcanzar, considero importante divulgar más las aportaciones que nos lega el club de la efectividad en pro del logro de una buena comunicación que nos permita incrementar nuestro desarrollo personal.
Así se nos señala, que todos los que hemos dado o recibido órdenes equivocadas, conclusiones sin fundamento o información incompleta lo sabemos: uno de los principales problemas de comunicación es confundir el ´dicho´ con el ´hecho´.
Entre otros hábitos, acostumbramos a repetir lo que oímos sin molestarnos en verificarlo. Presumimos saber ciertas cosas, cuando sólo tenemos sobre ellas una opinión personal. Generalizamos juicios, sin contemplar los casos particulares y las excepciones. Difundimos un rumor sin averiguar su origen ni su veracidad. Me atrevo agregar, muchas veces sin haber evaluados sus consecuencias, repercusiones, que pueden en muchas ocasiones originarnos serios conflictos, simplemente por no estar atentos, sorprendernos en la forma como comunicamos nuestras ideas.
Lo cierto, como recuerda el Club de la Efectividad, estas ilusiones de verdad en las que fácilmente caemos, se deben, principalmente, a que:
- Cuando hablamos, estamos pensando más en el efecto que en la autenticidad de lo que decimos.
- No reflexionamos lo suficiente sobre lo que vamos a decir
- Rara vez decimos lo que verdaderamente pensamos.
- No sabemos realmente de qué estamos hablando.
No advertir estas ilusiones de verdad puede dar origen a conflictos que exigen mucho tiempo y esfuerzo para su resolución. Uno de los problemas más frecuentes es partir de supuestos erróneos o simples opiniones, construir argumentos apoyados en estas premisas y sacar conclusiones desacertadas derivadas de esos argumentos. Este proceso, si bien nos parece natural e inocente, puede traernos serios problemas en el futuro.
Hechos e Inferencias
Hace cuarenta años el Dr. Sanford Berman, miembro de la Sociedad de Semántica General, describió en su libro ¿Por qué saltamos a conclusiones? uno de los problemas más comunes que bloquean una comunicación efectiva: hablar sin saber de qué hablamos. El verdadero problema es no ver esta situación como un problema.
Seguimos afirmando cosas a pesar de no saber bien por qué o sobre qué nos basamos. Para describir este hábito, Berman diferenció en su obra enunciaciones de hechos de enunciaciones de inferencias, caracterizándolas de la siguiente manera:
-Enunciaciones de Hechos: sólo se pueden hacer después de una observación cuidadosa, exigen ser legitimadas por lo observado y están limitadas por cifras o datos verificados. Estas enunciaciones generan acuerdos entre las personas.
-Enunciaciones de Inferencias: se pueden hacer en cualquier momento, no exigen verificación previa ni están limitadas por nada. Estas enunciaciones generan desacuerdos entre las personas. Según el especialista, la sabiduría de un comunicador consiste en conocer la diferencia entre un hecho y una inferencia. Si soslayamos esta distinción y sólo nos comunicamos a partir de inferencias...tenderemos a presentar conclusiones erróneas, lo cual es muy peligroso para nuestra credibilidad y para el futuro de nuestras relaciones.
Una comunicación más reflexiva
Podemos aprender a reconocer la diferencia entre enunciados de hechos y enunciados de inferencia si incluimos en nuestras comunicaciones un espacio de reflexión. Este momento de reflexión funciona tanto cuando hablamos como cuando escuchamos a otra persona y se construye con dos sencillas preguntas:
¿Estoy enunciando un hecho o es sólo una inferencia mía? ¿Me están hablando de datos veraces o sólo se trata de una opinión?
Lo cierto, que una comunicación reflexiva es aquella que, para ser fructífera, se construye a partir de mensajes fundamentados. Un comunicador reflexivo sabe que no está obligado a decir algo todo el tiempo, ni a repetir todo lo que escucha o lee. Pero sí sabe que logrará más efectividad si falta a la verdad lo menos posible. Y, como ésta no siempre está a su alcance, a veces prefiere optar por un cauteloso silencio o un honesto no sé.
Nada se explica por sí mismo
Muchas veces, por contar algo que nos sorprende o llama nuestra atención, faltamos a la verdad sin quererlo. Repetimos palabras de otros que en realidad no sabemos cuan ciertas son. Esta es una manera de comunicarnos que, aunque inocente, puede conducirnos con el tiempo en situaciones de difamación, en las que el rumor y las habladurías deriven en ofensas o agravios personales... Podemos provocar un terrible daño si decimos algo que se basa en un supuesto no verificado.
Los periodistas tienen como hábito de conducta en su ética profesional verificar las fuentes. Esta rutina puede resultar demasiado técnica y engorrosa en nuestras comunicaciones diarias pero podemos tomar algunos principios para tener nuestras reservas. No ser demasiado categóricos en nuestras afirmaciones, reconocer cuando no tenemos todas las respuestas y, sobre todo, no dejar de dudar, preguntar y ampliar nuestros conocimientos para saber, cada vez mejor, de qué hablamos.
Si usted se identifica con la comunicación adecuada de acuerdo al mensaje que pretende dar y sabe identificar muy bien el nivel de las personas o persona con quien se comunica, lo debe hacer con un lenguaje adecuado a fin de vitar que se manifiesten conflictos por no estar atento. No lo descuide.