Durante veinte siglos, las desigualdades entre el hombre y la mujer han sido más que evidentes y, de hecho, se mantienen en la actualidad en diversos aspectos sociales. Prueba de esto es que el porcentaje de mujeres que disfrutan de unos ingresos superiores a los que por término medio perciben los hombres es aún muy pequeño. Menor es, sin embargo, el número de cónyuges que aceptan que los ingresos de su esposa sean superiores a los suyos.
Sin embargo, convendría reflexionar y entender que todos los ingredientes de la vida tienen su parte negativa: nada es perfecto al cien por cien, pero tampoco nada es al cien por cien desastroso. Todo depende de cómo enfoque una situación, y a menudo el problema surge cuando alguien se fija sólo en una de las partes.
Por eso, quien se encuentre entre los que no aceptan que su mujer obtenga un sueldo superior al suyo, debería plantearse lo siguiente:
Preguntarse por qué le molesta que ella gane más. ¿Qué sentimientos le despierta esa situación? Quizá piensa que no cumple con su debido rol masculino, o cree, por ejemplo, que por ello su esposa es más despierta socialmente. Si las respuestas obtenidas le llevan a infravalorarse, lo mejor es hacer una lista de las cualidades propias. Por ejemplo, es posible que no se sea un lince para los negocios, pero posiblemente sí un buen padre o excelente marido y, además, puede que hable tres lenguas o sea un entendido en horticultura. Hay que pensar en positivo. Si alguien se infravalora, es debido a que solamente está considerando en aquellas cosas que, por las razones que sea (edad, habilidad, gustos), no puede hacer. Si no es posible ser un lince para los negocios, siempre se puede potenciar las restantes cualidades.
Intentar ver la parte irracional de todas las ideas que se recogen en el apartado anterior. Reconocer, por ejemplo, lo absurdo de creer que es menos hombre porque ella gana más.
Reconvertir esas ideas en una lista de las ventajas que se obtienen gracias a que la mujer trae un sueldo tan elevado a casa. Pensar, por ejemplo, que esta circunstancia les permite pagarse el nuevo coche, o planear unas vacaciones, o apuntar a sus hijos a un club de natación. Hay que verlo siempre desde una perspectiva positiva, cuyo punto álgido sería afirmar: "Ojalá ella ganase tanto que nos pudiésemos retirar".
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Raimon Gaja
Magazine de La Vanguardia