Hombres y mujeres tienen diferentes maneras de sentirse motivados con tal de entregar lo mejor de ellos mismos en la relación.
Los hombres se motivan y adquieren fuerza cuando se sienten necesarios.
Las mujeres se motivan y adquieren fuerza cuando se sienten amadas.
¿Qué representa sentirse necesario para un hombre? ¿Qué representa para una mujer sentirse amada? La repuesta a estas dos preguntas nos permitirá entender por qué las relaciones entre hombres y mujeres se desgastan y se llega a las recriminaciones, el apatía y el desencanto. Una vez se entiende el mecanismo que conduce a la motivación del otro y se aplican estos nuevos aprendizajes, la calidad de la relación mejora y el bienestar personal es más grande.
La motivación masculina
Al iniciar una relación, la mujer dirige al hombre una breve mirada que dice: "tú podrías ser él que me haga feliz". Esta mirada anima al hombre a acercarse. Le da fuerza para superar su miedo a iniciar una relación. La mujer, en un idioma sin palabras, comunica claramente y con fuerza este mensaje: "Te necesito, puedes proporcionarme satisfacción y llenar el vacío que existe en lo más profundo de mi ser, juntos podríamos ser muy felices".
Cuando en una relación afectiva el hombre no se siente necesario, poco a poco se vuelve pasivo, cada vez tiene menos que aportar a la relación. Cuando un hombre esta enamorado se siente motivado para dar lo mejor de si mismo al servicio de los otros. Para un hombre estar enamorado significa empezar a querer a la otra persona como se quiere a si mismo. Vive la realización de su vida en pareja como si se tratara de la suya propia. Puede superar con facilidad cualquier dificultad con tal se ser feliz. Cuando se abre siente tanta confianza en si mismo que es capaz de producir grandes cambios. Cuando tiene la sensación de que puede fracasar se cierra.
Muchos hombres desean dar amor, al principio, el problema es que muchas veces no son conscientes de dónde están sus limitaciones. Pocas veces vieron a su padre conseguir dar y satisfacer a su madre. Consecuentemente no saben que el hecho de dar puede constituir para ellos una fuente de satisfacción. Cuando sus relaciones fracasan, el hombre se siente abatido y se encierra en si mismo. Deja de querer.
Se preguntan: ¿Por qué me tengo que preocupar? No sabe que ha dejado de querer porque no se siente necesario. No sabe que si consigue ser necesario para la mujer podrá desprenderse de su apatía y sentirse de nuevo motivado.
Cuando el hombre no siente que está influyendo de manera positiva en la vida de otra persona, le resulta difícil seguir ocupándose de su vida o de sus relaciones. Con tal de sentirse de nuevo motivado, tiene que sentirse valorado, que se confía en él y que se le acepta.
Lo que le da más miedo al hombre es ser incompetente, no servir para satisfacer a su mujer. El éxito, la conquista y la eficacia son su razón. De la misma manera que las mujeres tienen miedo a recibir, el hombre tiene miedo a dar.
Si un hombre se extralimita dando, corre el riesgo de fracasar, se ser corregido y desaprobado. Estas consecuencias son muy dolorosas para el hombre ya que en lo más profundo de su inconsciente, el hombre tiene la falsa creencia de que está por debajo del nivel. Esta creencia se formó en su infancia, cuando, en su opinión, se esperaba d'el que hiciera mejor todas las cosas. Cuando sus éxitos pasaban desapercibidos o no lo valoran, se iba formando esta idea incorrecta de que no estaba a la altura, esta creencia ha generado en su interior el miedo al fracaso.
Los hombres son muy sensibles al sentimiento de que han fracasado cuando una mujer les habla de problemas. Es por este motivo que en ocasiones les resulta tan difícil escuchar. Él quería ser un héroe para ella. Cuando ella se muestra decepcionada o infeliz, él se siente fracasado.
El hombre afortunado que ha visto como su padre conseguía satisfacer a su madre, entra en las relaciones de la vida adulta con especial confianza de que podrá satisfacer a su pareja. No le da miedo el compromiso, sabe que es capaz de cumplirlo. Sabe también, que si no puede con todo, sigue mereciendo la comprensión de la mujer para hacer todo aquello que está en sus manos. Muchos hombres no han tenido modelos de rol necesarios durante la infancia. Para ellos, seguir enamorados, casarse i tener una familia es una empresa muy alejada de sus posibilidades.
Para un hombre, el primer paso para aprender a dar consiste en darnos cuenta de que no pasa nada cuando comete errores i que no es preciso tener siempre una respuesta para todo.
La motivación femenina
Las mujeres se motivan y cogen fuerzas cuando se sienten amadas. Cuando en una relación la mujer no se siente halagada, poco a poco se va volviendo compulsivamente responsable y agotada de dar demasiado. Al contrario, cuando se siente atendida y respetada, se encuentra realizada y tiene más a dar.
Cuando la mujer se siente sola y abatida cree que del hombre recibirá una ayuda afectiva. Pocos hombres tienen conciencia de lo importante que es para una mujer sentirse apoyada por alguien que la ama.
Las mujeres son felices cuando creen que sus necesidades serán satisfechas. Cuando una mujer está preocupada, agobiada, confundida, agotada, lo que más necesita es simplemente compañía. Necesita sentir que no está sola. Necesita sentirse amada y atendida.
La solidaridad, la comprensión, la valoración y la compasión ayudan en gran medida a ser receptivas y a valorar mejor el apoyo que él les da. Darse cuenta de este hecho es difícil para el hombre ya que según su manera de ser, cuando ellos están disgustados lo mejor para ellos es quedarse solos y cerrarse. No saben lo importante que es para ellas la proximidad, la intimidad y la comunicación. Lo que ella necesita es alguien que la escuche.
Con el tiempo, las mujeres se sienten cansadas de dar tanto y siempre. Quieren relajarse y que por un tiempo, las mimen. Están cansadas de compartirlo todo, desean ser especiales y poseer cosas que puedan sentir suyas. No les satisface ser unas mártires que viven por los otros. Quieren tiempo para ser ellas mismas. Quieren alguien para que les proporcione apoyo emocional.
Cuando es joven, una mujer está más dispuesta a sacrificarse y adaptarse para satisfacerlas necesidades de su pareja. El hombre cuando es joven, está más absorto en si mismo y poco consciente de las necesidades de ella. A medida que madura, la mujer se da cuenta de que se ha abandonado para complacer al hombre. Cuando una mujer tiene la satisfacción de que ha dado demasiado tiende a culpar al hombre de su infelicidad. Está resentida delante de la injusticia que representa haber dado más de lo que ha recibido.
La mujer es especialmente vulnerable ala creencia negativa e incorrecta de que no merece ser amada. Escondido en el inconsciente, el sentimiento de que no es digna genera el temor a necesitar a los otros. Una parte de su ser imagina que no recibirá apoyo.
Para la mujer puede resultar difícil diferenciar entre carencia y necesidad. Necesitar es tener los brazos abiertos y pedir apoyo al hombre con confianza, con la conciencia de que el hará todo aquello que este en sus manos poder hacer. Esto le da a él la fuerza para dar. Carencia es buscar desesperadamente apoyo sin confiar en obtenerlo. No le resulta fácil a la mujer depender de los otros y después verse obligada a menospreciar. Necesitar a los otros la coloca en una posición de vulnerabilidad. Verse ignorada o decepcionada le hace mucho daño, ya que afirma su creencia incorrecta de que no es digna de recibir el amor.
Durante mucho tiempo las mujeres han compensado esta por mostrarse atentas y sensibles delante de las necesidades de los otros. Cuando una niña ve a su madre recibir el amor del padre, se siente automáticamente digna de recibirla. Le resulta fácil superar la compulsión que empuja a las mujeres a dar demasiado. Cuando una mujer se da cuenta de que verdaderamente merece ser amada, abre la puerta porque el hombre sea generoso con ella.
Hombres y mujeres
La mujer no ha de culpar al hombre por el hecho de haber dado demasiado. El hombre que no da lo que la mujer quiere no la tiene que culpar si esta se muestra negativa o poco receptiva en relación hacia él. En ningún momento la el culpar resuelve la situación. Se trata de comprender, confiar, solidarizarse, aceptar y apoyar, no es culpa del otro.
El hombre, en lugar de culpar a la mujer por su resentimiento, puede solidarizarse y ofrecerle apoyo aunque ella no se lo pida, escucharla aunque al empezar sus palabras parezcan culpabilizar y ayudarla a confiar y abrirse a él haciendo para ella pequeñas cosas que demuestren cuanto le importa ella.
La mujer, en lugar de culpar al hombre porque no da aquello que ella necesita, puede aceptar las imperfecciones, especialmente cuando se siente desmoralizada y animarla a dar más valor alo que él da sin dejar de pedir su apoyo.