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Senderos de heroísmo





A mi hijo Héctor,
recién titulado de abogado.


En las exposiciones finales de Filosofía del Derecho, dedicado a Joyas jurídicas, un alumno de Cajeme, orgulloso muestra el Suplemento del 75° aniversario de la fundación de su Municipio, en el que se brinda una nota que reivindica su patria chica y a la abogacía.

- ¿La leo en voz alta? interroga al maestro y compañeros.
- Adelante.

Reparte al grupo copia de la nota y con voz firme lee:

- "Francisco Javier Armenta Cota. El Héroe de Cajeme": Nacozari fue puesto en el mapa y en la historia por la grandeza de Jesús García Corona, el héroe ferrocarrilero. Ciudad Obregón tiene un héroe de la misma magnitud, sin embargo no se le ha dado el reconocimiento que merece. Fue un ciudadano cajemense que perdió la vida por salvar la de otras personas atrapadas en el incendio de la Plaza Tutuli en 1997. Nació en Ciudad Obregón, en 1954, donde cursó su educación básica y se tituló de Licenciado en Derecho por la Universidad de Sonora. Figura en la lista de cajemenses ilustres homenajeados ese 30 de noviembre, lo que enaltece el evento. Ni las autoridades, ni la ciudadanía ni los medios le hemos dado el lugar que merece como uno de los más grandes héroes de nuestra historia ciudadana.

Sin duda el más bello ejemplo de generosidad que hemos conocido es el de este joven abogado que sacó a once personas entre las llamas y el humo letal aquella mañana del 11 de agosto de 1997. Él estaba allí, como muchas personas.

Pudo haber salvado su vida, pero prefirió arriesgarla por aquellos que no lograban salir del incendio. Inhaló humo y sufrió graves quemaduras. Diez días después falleció, dejándonos su ejemplo para admiración de las generaciones actuales y futuras. Algún día una plaza, una calle o una escuela deberán llevar su nombre y los adultos hablarán a los niños de un héroe que surgió de las llamas."

- ¡Ohhh!, exclaman todos, confiesan que ignoraban el suceso y coinciden con el articulista en la imperiosa necesidad de reivindicar nuestros valores cívicos y humanitarios y ponerlos de ejemplo a los jóvenes, en esta época de tanta violencia e inseguridad en las familias, escuelas y en la comunidad.

Los alumnos de Hermosillo no se quieren quedar atrás y una capitalina pide la palabra:

- Quiero exponer un breve texto que puede ser un marco teórico a la nota recién escuchada, ¿me permite?.
- Claro, tienes la palabra.

Distribuye las copias y lee:

- Ciuratti, en su Arte Forense, consigna: "Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado durante treinta años de vida, que sea en conjunto un literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la inefable memoria de un niño, y tal vez con todo esto forméis un abogado completo."

El representante de Nogales también desea compartir su hallazgo y cita:

- Paulo Freire, en Pedagogía de la esperanza relata: "'Me emocioné mucho esta tarde, hace poco -le dije a Elza, mi esposa-. Ya no seré abogado. No es verdad que no vea en la abogacía un encanto especial, una necesidad fundamental, una tarea indispensable que, tanto como otra cualquiera, debe fundarse en la ética, en la competencia, en la seriedad, en el respeto a las gentes. Pero no es la abogacía lo que yo quiero'. Hablé entonces de lo ocurrido, de las cosas vividas, de las palabras, de los silencios significativos, de lo dicho, de lo oído. Del joven dentista delante de mí a quien había invitado a venir a conversar conmigo, abogado de su acreedor. El dentista había instalado su consultorio, si no totalmente al menos en parte y no había pagado sus deudas Me equivoqué -dijo él-, o fui demasiado optimista cuando asumí el compromiso que hoy no puedo cumplir. No tengo cómo pagar lo que debo.

Por otra parte -continuó el joven dentista, con voz lenta y sincera-, según la ley, no puedo quedarme sin mis instrumentos de trabajo. Puede usted solicitar el embargo de nuestros muebles; el comedor, la sala... -y con una risa tímida, nada desdeñosa, más con humor que con ironía, completó: "- Sólo no puede embargar a mi hijita de un año y medio..." Yo lo escuché callado, pensativo, para después decir: "Creo que usted, su esposa, su hijita, su comedor y su sala van a vivir unos días como si estuvieran entre paréntesis en relación con las afrentas de sus deudas. Hasta esta semana que viene no podré ver a su acreedor, a quien voy a devolverle el caso. Posiblemente tardará otra semana para conseguir a otro necesitado como yo, que sea su abogado. Eso les dará un poco de aire, aunque sea entre paréntesis. Quisiera decirle también que con usted concluyo mi paso por la carrera sin siquiera iniciarlo. Muchas gracias'".

- Pero, ¿y en la Política? -, cuestiona un agudo activista de Magdalena.
- ¡Ah! riposta su vecina de Santana -, encontré esto que ni mandado hacer: ?Cristian Tomasius: A las normas de la conducta humana, cuyo fin último es la felicidad, les corresponden los siguientes principios supremos: El de la Moral es lo honesto, y se formula: "Haste a tí, lo que quieras que los demás se hagan a sí". El del Derecho es lo justo, y se formula: "No hagas a otro, lo que no quisieras que te hagan a tí". Y el de la Política es el decoro, y se formula: "Haz a los demás, lo que quisieras que los demás te hagan a tí". ¿No son éstas, acaso, las hermosas e incontestables reglas de oro de una sana relación entre los individuos y entre las naciones?

El maestro felicita a todos por su aportación y pensando -con mal disimulado orgullo- en el examen profesional que su propio hijo acaba de sustentar para obtener su Título de abogado, clausura la sesión con una cita que Roberto Reynoso Dávila divulga en su libro La Misión del Juez Ante La Ley Injusta:

- "Carlos Franco Sodi, dirigiéndose a un joven recién graduado que se prestaba a ejercer la abogacía, le hizo esta clara y tajante advertencia, que es oro en polvo: "'Medita sobre tu inmensa responsabilidad. Has escogido la carrera del Derecho, tu profesión te impone un apostolado en bien de la sociedad y de la patria, el apostolado de la Justicia. Piensa que debes sacrificarte, que con el título no te han dado -tus padres, tus maestros y tu escuela- una lámpara de aladino que pondrá a tus pies inmensas riquezas, sino que te han armado caballero, a la usanza de los viejos caballeros andantes, como ese buen y olvidado Quijote que todos deberíamos llevar metido muy dentro del corazón.

Piensa en esto, reflexiona, y si acaso no tienes valor suficiente para emprender la ruda tarea, y deseas, en cambio, comodidad y riqueza, guarda el pergamino en que consta tu licenciatura en cualquier rincón de tu casa, y lánzate enseguida, por otros senderos; pero, por Dios, por tu patria y por tus padres, no seas otro más a prostituir la Justicia'".

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Héctor Rodríguez Espinoza
hectorr@villa1.uno.mx
Maestro Investigador UNO y Asesor Jurídico particular


Autor:    Héctor Rodríguez Espinoza | Area:    Filosofía
Título:    Senderos de heroísmo | Fecha de publicación:    22/12/2002 14:49:52
Etiquetas:    Ética

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