El monte Everest es un grandioso templo, pues allí han sacrificado sus vidas muchas personas que intentaron alcanzar la cumbre de sus 8,850 metros (29,035 pies) a lo largo de varias décadas, pero nada impresiona más que ver a personajes como Mark Inglis sobreponerse a sus deficiencias físicas y aventurarse a ser uno de los conquistadores del techo del mundo.
A pesar de haber sufrido una doble amputación de sus piernas en 1982, Mark Inglis (neozelandés) nunca dejó de soñar con llegar a la cima del Everest y el 15 de mayo de 2006 lo logró, convirtiéndose en el primer hombre amputado de ambas piernas en lograr tal hazaña.
Al leer la noticia no pude menos que emocionarme hasta las lágrimas (y no es una hipérbole). Mientras imaginaba su ascenso me situaba en su lugar preguntándome si yo realmente estaría allí, en la montaña, intentando hacer algo que quizá para la mayoría era sólo una locura; desafiando al gigante Goliat con a penas una piedrita pequeña en la honda y un solo intento para derribarlo. No pude evitar pensar en cuánto desperdiciamos de nuestro tiempo, habilidades, talentos, mientras pasamos por la vida como si no tuviéramos una misión que cumplir mientras vivimos.
Mientras Inglis subía sufrió una caída que le partió una de sus piernas de fibra de carbono por la mitad, pero se las arreglo para reunirse con sus compañeros y reemplazarla para seguir adelante. No se dio por vencido e iba preparado, dos actitudes de un verdadero hombre de éxito, de un ganador. Podría haberse rendido, claro, pero decidió que rendirse no era para él. Seguro que ésta es una lección para todos nosotros, pues en la vida encontramos obstáculos y a veces también caemos, sin embargo, cuando estamos dispuestos a levantarnos una y otra vez, encontramos que con cada caída nos volvemos más y más fuertes, pues estamos creciendo, y crecer es proceso natural por el cual mostramos que estamos saludables.
Quizá podamos excusarnos en la economía de nuestro país, en la mala esposa o el esposo desinteresado que tenemos, en el jefe tan déspota y su secretaria entrometida, en el gobierno, en los amigos, etc. Pero mientras no asumamos la responsabilidad de querer ascender nuestras propias cimas, no llegaremos a ser personas verdaderamente exitosas. Finalmente Mark Inglis llegó a la cima del Everest porque nunca la perdió de vista, era su meta y ésta lo impulso paso a paso. Su valor, su determinación y su esfuerzo en medio de las dificultades son una gran inspiración para quienes queremos seguir avanzando en la conquista de nuestro propio techo del mundo. Lo más interesante es que cuando conquistamos nuestras cumbres, nos damos cuenta de que a penas hemos comenzado a crecer. Adelante y por encima de nosotros se extienden nuevos desafíos, nuevas alturas que alcanzar, y nos aventuramos deseosos de recorrer ese nuevo camino porque sabemos que, al final, muchos lo intentarán, pero solo uno entre cien lo logrará, ¿serás tú ese hombre o esa mujer que llegue a la cima del mundo?
Me alegro de haber compartido unas cuantas líneas contigo. ¡Que tengan un día exitoso!!!
Gerson E. A. Arenívar
Presidente de Vivir la Excelencia Centro de Liderazgo
http://www.vivirlaexcelencia.blogspot.com